¿POR QUÉ LA COLABORACIÓN?

“El individualismo constituye una rémora importante a la hora de conseguir que el centro funciones como una organización que, como tal, ha e dar respuestas coherentes y globales a muchas de las facetas de su funcionamiento” (Hargreaves, 1996; Fullan y Hargreaves, 1997; Pérez Gómez, 1998)

 

El centro educativo debe ser entendido como una pequeña comunidad, una organización formada por distintos profesionales que deben alejarse del trabajo aislado e individualizado. Es por ello que la enseñanza debe entenderse como un lugar donde participan todos alejándose así de la asunción de que “la autonomía y discrecionalidad de los docentes es algo sagrado”.  Sólo de este modo la actuación educativa será coordinada y coherente, solo así los docente podrán ayudarse y colaborar llevando a cabo prácticas comunes y/o similares.

 

En los centros debe cultivarse la colaboración profesional y ha de crearse, paulatinamente, una cultura de colaboración. Pero el desarrollo de la misma no es una tarea sencilla. Tal y como dicen Nias et al. (1989), “para que funcione bien hace falta un grado elevado de seguridad y de apertura de los profesores. Las culturas cooperativas son unas organizaciones muy complejas, con un equilibrio muy delicado, razón por la cual resulta tan difícil establecerlas y aún más mantenerlas”.

Si bien, debemos considerar que no todo el trabajo conjunto entre docentes puede denominarse colaboración profesional ya que no es lo mismo trabajar en equipo que trabajar de forma colaborativa. Los docentes pueden trabajar juntos sobre temas relacionados con el currículum o la enseñanza impartida en el centro pero esto no se podría llamar colaboración profesional; la colaboración nunca puede ser algo puntual ni forzado. La colaboración hace referencia a relaciones caracterizadas por dos rasgos: 1) giran en torno a la actividad profesional docente en la organización escolar (los docentes tratarán e clarificar los valores que orientan el centro escolar, diseñar medios para alcanzar los objetivos planteados, analizar y debatir actuaciones curriculares…) y 2) se desarrollan mediante procesos y dinámicas de trabajo que no son puntuales ni se limitan a la coordinación formal (trabajan en procesos marcaos por la reflexión y el diálogo, cuestionan prácticas y rutinas en las que se ven inmersos, exploran conjuntamente vías de mejora, cuestionan ideas y prácticas, etc.)

 

“Los maestros no pueden, de manera individual, repensar sobre su práctica y la cultura de su lugar de trabajo; sin embargo, casi todo en la escuela se orienta a que se desarrollen profesionalmente solos […] Pocas escuelas están estructuradas para permitir que los maestros piensen en términos de problemas compartidos o de objetivos organizativos más amplios. Para cambiar estos hábitos es necesario crear una cultura colaborativa e aprendizaje y de resolución de problemas; la colaboración e intercambio entre colegas debe valorarse como un recurso profesional” (MEC)

 

Servicio de Formación del Profesorado. ASESORÍA PEDAGÓGICA. Módulo I: El centro como contexto de innovación. Ministerio de Educación y Ciencia