Un sueño para unos, infravalorado para otros.

Tras la sesión expositiva de esta semana, en la que pudimos contar con la presencia de Nusa Ouis, reflexioné acerca de la importancia que tiene para nosotros la educación e ir a la escuela y la importancia que tiene para los niños, los adultos... en definitiva, los estudiantes de Siria. 

Primero he de decir que me quedé impresionada con el corto que nos puso al comienzo de la sesión. Un corto que invita a la reflexión y que yo misma interpreto como un llamamiento a reconocer la importancia que tiene recuperar la lectura tradicional. Considero que, en el vídeo, se expone una visión de cómo los libros impresos están en el olvido a través del mundo en blanco y negro. No sé si voy encaminada o no pero es lo que a mí me ha parecido. 

En cuanto a la presentación fotográfica ofrecida durante la sesión, puedo decir que, el comienzo, cambió radicalmente mi visión y mi concepto acerca de Siria. Siempre había pensado en este país como un lugar lleno de dificultades de cara al acceso a la educación y he descubierto que, en muchos aspectos, incluso supera lo que conozco sobre innnovación y tecnología (ejemplo claro la impresora en braille, la capacidad de construcción de robots y proyectos como el mapa tecnológico en las paradas de bus...).

Una parte que me hizo reflexionar de forma exahustiva han sido las fotografías sobre las diferencias entre el antes de la guerra y el después en lo que corresponde a educación. Fotografías como la situación de las aulas después de una bomba, el aumento de alumnos por aula como consecuencia de la destrucción de infraestructuras, los sueños de los niños a la hora de jugar mediante el empleo de de juguetes con finalidades reales como la expuesta del skype...

Estas fotografías junto con la pregunta "¿qué es para nosotros un profesor?" impactaron en mí llegando a la conclusión de que mientras en unos países se infravalora la educación (a través de comentarios como "qué rollo ir a clase, menudo aburrimiento, no se aprende nada...") u otras variantes, en otros países como es el caso de Siria la educación se valora como un privilegio y, tras la guerra, como un sueño. Un sueño que alcanzan de cualquier manera a través de la retroalimentación mutua, del optimismo y las ganas de saber y aprender hasta el punto de incluso dar clase en medio de un descampado con los materiales y medios que se pueden.

Finalmente, tras llevar a cabo un proceso reflexivo, llegué a mi propia idea de qué es para mí un profesor. Para mí es más que una fuente de conocimiento. Creo que el verdadero profesor, el profesor de vocación es aquel que consigue, en mayor o menor medida, conectar con sus alumnos. Atraparlos y sumergirlos en lo que está transmitiendo. No valoro a esos profesores que tan sólo entran en una clase de forma rutinaria: transmiten su guía y se van y así sucesivamente. Se aprende mucho más cuando el profesor es más que eso. Además, considero que el proceso de aprendizaje ha de ser mútuo. El profesor no está exento de aprender, al contrario, ha de ser la primera muestra de que el aprendizaje a lo largo de la vida es posible.