Alfabetización digital

Actualmente estamos en un periodo de transición en el que está emergiendo un nuevo espacio social para la comunicación y la construcción e intercambio de conocimiento. Este proceso, propiciado por las avances de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), ha supuesto importantes cambios en el lenguaje y las estructuras sociales que suponen nuevos retos de adaptación, especialmente para aquellos sectores de la ciudadanía que se ven afectados por la brecha digital (ya sea por motivos territoriales, económicos, culturales, por capacitación digital o cualquier otro).

Introducción

En esta entrada centrare mis esfuerzos en abordar de forma específica uno de los factores que incide en la llamada brecha digital (analfabetismo digital o capacitación digital) y las maneras de abordarlo. Igualmente, no debemos olvidar que, incluso entre la gente familiarizada con las TIC, pueden existir importantes carencias respecto de su alfabetismo digital especialmente por tratarse de competencias adquiridas en muchos casos sin haber seguido procesos de formación planificados [1]. Por ello, no podemos asumir ni mucho menos que el analfabetismo digital es algo exclusivo de ciertos colectivos sociales como personas con bajo nivel de renta, personas de avanzada edad o en general todos aquellos no pertenecientes a la generación N [3] o nativos digitales [2] según el autor que tomemos como referencia (ver más detalles de esta temática en mi entrada de “Ciudadanías digitales”).

Por todo lo anterior considero que la alfabetización digital debe considerarse un aspecto más de la formación a lo largo de toda la vida que implica mantenerse actualizado respecto de las habilidades, actitudes, técnicas, metodologías y tecnologías que permiten encontrar, organizar, entender, analizar, elaborar y compartir contenidos con un valor añadido en el contexto de la sociedad del conocimiento. Por todo ello la alfabetización va mucho más allá de aprender a emplear hardware o software relacionado con las TIC, significa adquirir las competencias para manejarse con soltura en la sociedad del conocimiento siendo una extensión natural del abanico de competencias a desarrollar en toda la ciudadanía.

La alfabetización digital según diferentes autores

En esta sección se expone la visión que ofrecen diferentes autores sobre la alfabetización digital (“digital literacy” en inglés).

En una de las primeras obras extensas dedicadas a la alfabetización digital, Paul Gilster (1997) la definió como “la habilidad para entender y usar información procedente de múltiples formatos de un amplio rango de recursos cuando es presentada a través de ordenadores” entendiendo esta como una extensión de la alfabetización. Otros autores como Bryan Street (1984) argumentaron, de forma complementaria, que la alfabetización se comprende mejor como una serie de prácticas sociales y conceptualizaciones de la lectura y la escritura en nuevos contextos. Esta perspectiva complementa la anterior, centrada en la codificación y de codificación de información, al apuntar la necesidad de considerar los diferentes contextos sociales en los que tiene lugar entendiendo esta nueva modalidad de alfabetización como intrínsecamente social.

En esta misma línea, e integrando ambas perspectivas, David Buckingham [4] afirma que los nuevos entornos digitales ya no se pueden entender como una combinación de información y tecnología puesto que en ellos se vive, se imagina, se experimenta y se socializa de nuevas maneras. Es decir, se trata de un nuevo entorno que necesita nuevas adaptaciones por parte de las personas que se aproximan a él. De hecho este autor hace hincapié en que, todos los dispositivos que nos rodean como ordenadores o teléfonos móviles ya no se perciben como elementos tecnológicos o conjuntos de hardware y software sino como elementos constitutivos de la cultura popular y la experiencia diaria de las personas. En este sentido David Buckingham entiende la alfabetización digital como el camino a la comprensión de la cultura que rodea a la sociedad del conocimiento.

A la hora de delimitar el concepto de alfabetización digital, David Buckingham expresa que no sólo debe abarcar las visiones funcionales e instrumentales básicas de recapitulación de información (aprender a emplear elementos tecnológicos tanto de hardware como software de un modo funcional, aprender a usar buscadores…)  sino que también competencias para evaluar y usar de forma crítica información para construir nuevos conocimientos. Esto supone, según el propio autor, no educar en entornos digitales ni agregar materias sobre sus competencias sino ensanchar estructuralmente el concepto tradicional de alfabetización y tratar la alfabetización digital como algo transversal enmarcado en la educación a lo largo de la vida.

Otra aproximación a la alfabetización digital pone el énfasis en su carácter heterogéneo por lo que más que de alfabetización digital hablan de alfabetizaciones digitales [5][6]. Esta visión se apoya en la diversidad de opiniones respecto a la alfabetización digital. Por un lado, autores como Paul Gilster ponen el énfasis en todo aquello relacionado con la gestión de los conceptos, la evaluación de la información, el análisis crítico y la síntesis proporcionando una lista de técnicas y habilidades asociadas. Por otro lado, autores como Eshet-Alkalai llaman la atención sobre la inconsistencia de las visiones que consideran que la alfabetización digital  está vinculada a habilidades técnicas y los que se enfocan en aspectos cognitivos y socio-emocionales vinculados al trabajo en entornos digitales.

Del mismo modo, estos autores [5 y 6] establecen una distinción entre las definiciones conceptuales y operacionales de alfabetización digital. Las definiciones conceptuales (Richard Lankham, 1995) afirman que la alfabetización ha extendido su alcance semántico de la habilidad de escribir y leer a la habilidad de entender información en donde quiera que se presente. De este modo, los que están alfabetizados digitalmente son vistos como personas con una gran agilidad para interpretar y presentar información en diferentes contextos y medios, ajustándose a las particularidades de cada uno. Desde este punto de vista, la alfabetización digital, nos sirve de puente entre el medio en que nos expresamos y la información que presentamos a la audiencia.

En contraste, las definiciones operacionales de alfabetización digital delimitan este concepto en términos de tareas, demostración de habilidades, niveles de desempeño… De hecho estas perspectivas de la alfabetización digital derivan en la definición de estándares que se asocian a certificados comerciales como el Certiport’s Intrnet and Computing Core Certification (fig.1) que abarca temáticas como fundamentos de computación, uso de aplicaciones o convivencia online. Este certificado cumple los requisitos fijados en el acta “no child left behind” (fig.2) aprobada en 2001 por el Gobierno de los Estados Unidos para incluir las competencias digitales dentro de las habilidades que cualquier estudiante debía adquirir al terminar octavo curso.

 

                                   Certiports Internet and Computig Core Certification                                     


Figura 1: Logo del Certiports Internet and Computig Core Certification. Existen certificados comerciales vinculados a una conceptualización particular de la alfabetización digital.

Logo del acta No Child Left Behind


Figura 2: Logo vinculado al acta “no child left behind” aprobada en EEUU (2001) que en la práctica supuso la expansión del concepto de alfabetización a la sociedad del conocimiento

Las diferentes posturas conceptuales en torno a la alfabetización digital muestran que ésta se puede considerar un amplio dominio que incluye otras alfabetizaciones y conjuntos de habilidades, sin que necesariamente las abarque totalmente, ni suponga una subordinación de las alfabetizaciones anteriores

Reflexión y conclusiones

Después de haber asistido a clase y leído de forma complementaria a los anteriores autores, me ha quedado claro que la alfabetización digital es un concepto respecto del cual no existe un amplio concepto precisamente porque tiene múltiples dimensiones. Ello no es intrínsecamente negativo sino que, muy al contrario, muestra el enriquecimiento de integrar múltiples visiones que, aunque pueden presentar puntos conflictivos, se complementan en gran medida.

Adicionalmente, hablar de alfabetización digital no es equivalente a no hablar de competencias digitales pues un concepto no se puede entender sin el otro. De hecho, al igual que con la alfabetización “tradicional” (si es que tiene sentido separarlas), el objetivo de la alfabetización digital no es otro que el de asegurar la asimilación y uso de las competencias que necesitan los ciudadanos de la sociedad del conocimiento. En lo que si pueden divergir diferentes autores es en el conjunto de competencias a considerar o en su importancia relativa. En todo caso parece claro que debe abarcar competencias tanto “técnicas” (de búsqueda, validación, análisis, síntesis y elaboración de contenidos) como “sociales” (de trabajo colaborativo, interacción con los restantes agentes sociales y adaptación a nuevas formas de interacción).

Por ello considero que, en el fondo, hablar de alfabetización digital resulta artificial puesto que ello supone percibir la alfabetización como algo estático que excluye la sociedad del conocimiento cuando en realidad debería verse como algo más amplio y voluble que va modificándose a medida que la sociedad va cambiando. En este marco conceptual la alfabetización es, hoy en día, diferente pero al mismo tiempo igual a como era a principios del siglo XX.

Dicho todo lo anterior considero que, a la vista de la importancia transversal de la alfabetización digital, es necesario ahondar en su integración en el sistema educativo de un modo más transversal como la necesaria adaptación a un nuevo espacio (la sociedad del conocimiento). Aunque se está avanzando en este sentido mi percepción personal es que el progreso es lento por, entre otros, los siguientes motivos:

  • Restricciones presupuestarias, en parte por el clima de crisis económica y por la sensación de que ya “gastamos” en educación por encima de la media de la OCDE [7].

 

  • La inercia “cultural” del sistema educativo y sus profesionales al sentirse más cómodos manteniendo la “forma de enseñar” de “siempre”.

 

  • El escepticismo de algunos profesionales ante el uso de las TIC alimentado en parte por la inercia “cultural”, las malas experiencias iniciales o la percepción de las TIC como una amenaza a sus puestos de trabajo.

 

  • La falta de “madurez” en las soluciones TIC educativas puesto que, aunque ya hay propuestas interesantes, siguen percibiéndose como versiones adaptadas de soluciones procedentes de otros ámbitos. Es necesario que los educadores y profesionales de las TIC sigan trabajando juntos para crear una nueva generación de soluciones TIC que creen un entorno específicamente pensado para favorecer el proceso educativo.

 

  • El uso popular de las TIC que han invadido todos los ámbitos de la sociedad lo cual paradójicamente supone ventajas (los alumnos ya suelen estar familiarizados con ellas y no las perciben como algo extraño) pero también peligros (como malos hábitos, lagunas conceptuales, concepciones erróneas, asociación de las TIC a ocio y no a ámbitos educativos…).

Aunque algunos de estos factores están vinculados a colectivos concretos como los políticos o los profesionales de la educación, en su conjunto deben ser abordados por toda la sociedad y su superación requerirá una adaptación progresiva en la que el todos deben implicarse activamente (familias, agentes sociales, educadores, políticos, investigadores, profesionales de las TIC…).

Finalmente, una última reflexión que me deja el tema de la alfabetización digital está relacionada con las nuevas formas de exclusión social y marginación en las que deriva. En el momento histórico en el que nos encontramos, la imposibilidad de acceder en pie de igualdad a la sociedad del conocimiento puede suponer un factor de discriminación mucho mayor de lo que lo supuso en el pasado no estar alfabetizado. Esto nos debe llamar a replantearnos los términos en los que tradicionalmente medíamos la exclusión social enmarcándola en el nuevo marco de la sociedad del conocimiento.

Fuentes bibliográficas

[1] Bennett, S., Maton, K., & Kervin, L. (2008). The ‘digital natives’ debate: A critical review of the evidence. British journal of educational technology, 39(5), 775-786.

http://www.pgce.soton.ac.uk/ict/NewPGCE/PDFs/Digital%20Natives%20Debate%20Critical%20review%20of%20evidence.pdf

[2] Prensky, M. (2001). Digital natives, digital immigrants part 1. On the horizon,9(5), 1-6.

http://www.marcprensky.com/writing/Prensky%20-%20Digital%20Natives,%20Digital%20Immigrants%20-%20Part1.pdf

[3] Coupland, D. (1991). Generation X. New York: St.

http://es.scribd.com/doc/4838102/Douglas-Coupland-Generation-X

[4] Buckingham, D. (2010). Defining digital literacy. In Medienbildung in neuen Kulturräumen (pp. 59-71). VS Verlag für Sozialwissenschaften.

http://www.idunn.no/ts/dk/2006/04/defining_digital_literacy_-_what_do_young_people_need_to_know_about_digital?languageId=2

[5] Martin, A., & Madigan, D. (2006). Digital literacies for learning. Library Association Publishing.

http://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=doVQq67wWSwC&oi=fnd&pg=PR7&dq=+Digital+literacies:+Concepts,+policies+and+practices+&ots=h2Z6fp7J0u&sig=lldJBUP9xW1l03NuRe9o6WELbgw#v=onepage&q=Digital%20literacies%3A%20Concepts%2C%20policies%20and%20practices&f=false

[6] Lankshear, C., & Knobel, M. (Eds.). (2008). Digital literacies: Concepts, policies and practices (Vol. 30). Peter Lang.

http://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=doVQq67wWSwC&oi=fnd&pg=PR7&dq=+Digital+literacies:+Concepts,+policies+and+practices+&ots=h2Z6fp7J0u&sig=lldJBUP9xW1l03NuRe9o6WELbgw#v=onepage&q=Digital%20literacies%3A%20Concepts%2C%20policies%20and%20practices&f=false

[7]  OCDE (2013). Panorama de la educación 2013 (España).

http://www.oecd.org/edu/Spain_EAG2013%20Country%20Note%20%28ESP%29.pdf