Enseñar para la Sociedad del Conocimiento.

En la presente entrada me gustaría recuperar una lectura que había realizado en otra materia sobre la tarea de educar en la Sociedad del Conocimiento. En este sentido, el autor Andy  Hargreaves en su libro “Enseñar en la sociedad del conocimiento” hace un análisis muy acertado de la realidad social actual, cuáles son los retos que esta plantea al profesorado y qué capacidades debe desarrollar para superarlos.

En esta entrada he querido hacer una reflexión sobre el contenido del texto, puesto que aunque ya he leído bibliografía y he realizado algún trabajo sobre educación y sociedad del conocimiento, el texto de Andy Hargreaves es el más interesante que he leído hasta el momento, ya que trata con mucha profundidad las capacidades que debe desarrollar el profesorado para hacerle frente al reto de educar en el momento actual.

En la primera parte de esta entrada he realizado un análisis sobre el contenido del texto, que posteriormente complementaré  con una breve reflexión personal.

Análisis del contenido

Andy Hargreaves comienza el capítulo reflexionando sobre la paradoja que supone ser docente en el momento actual, donde las exigencias y las expectativas que se ponen en el profesorado son demasiado altas en proporción con los esfuerzos de inversión de la Administración Educativa  y con la colaboración de la comunidad en la educación.

En este sentido, Hergreaves señala las demandas que hace la sociedad a los docentes son contradictorias, ya que se les pide que creen la sociedad del conocimiento y desarrollen las capacidades de innovación, flexibilidad y compromiso con el cambio como pilares básicos para la prosperidad económica, a la par que les exigen que mitiguen muchos de los problemas que conllevan la sociedad del conocimiento (consumismo, aumento de las desigualdades entre ricos y pobres y la pérdida de la identidad como comunidad).

Es por ello que el autor afirma que en la tarea de educar para la sociedad del conocimiento los docentes se encuentran en una encrucijada en la que sienten:

  • Catalizadores de la sociedad del conocimiento, en el sentido de que deben ser profesionales comprometidos, creativos, capaces de asumir riesgos y trabajar de manera colaborativa con otros profesionales con el fin de dar respuestas a las demandas educativas de la sociedad del conocimiento.
  • Contrapuntos de la sociedad del conocimiento, asumiendo una función crítica, contrarrestando los problemas que conlleva la sociedad del conocimiento y velando por educar para la justicia social
  • Víctimas de la sociedad del conocimiento en el sentido de que los docentes deben dar una respuesta sumisa al cambio, sin contar con una formación inicial que les prepare para tal fin y teniendo que atenerse a las normas que determina la legislación educativa  que no les proporciona la autonomía necesaria. A la vez que se sienten  quemados y desmoralizados ante la falta de reconocimiento social de su profesión.

Formas de entender la educación a la lo largo de la historia (antes de la sociedad del conocimiento)

En el presente epígrafe del capítulo, el autor realiza un recorrido a lo largo de la historia de la educación como pretexto para introducirnos en las características de la actual sociedad del conocimiento.

En este recorrido el autor señala tres épocas clave a lo largo de la historia:

  1. Las tres décadas siguientes a la Segunda Guerra Mundial; se extiende a la población el acceso a la educación pública, aumentan las inversiones en educación, la profesión docente goza de un alto estatus y cuenta con una mayor flexibilidad y libertad en el modo de realizar su trabajo (aunque en la práctica han sido pocas las innovaciones que se han desarrollado en la educación y los docentes continuaron enseñando cómo se venía haciendo en épocas anteriores). Esta etapa se caracteriza por el optimismo pedagógico, ya que se pone confianza absoluta en el poder de las instituciones educativas como fuentes de redención social.

 

  1. La crisis del petróleo de 1973, esta época está marcada por el derrumbamiento de la economía keynesiana y por el fin del optimismo pedagógico propio de la época anterior. Esta etapa se caracteriza por el endeudamiento de los estados y el desmoronamiento del estado bienestar, por lo que desciende la inversión en educación pública y existen pocas esperanzas en el poder de la educación como agente de cambio social.

En este momento se culpa a los docentes de los bajos resultados académicos de sus sistemas educativos en los informes internacionales, las administraciones ejercen un mayor control sobre el currículum escolar, se fomenta la competitividad entre centros educativos y la escuela privada cobra un auge importante como un elemento diferenciador en la formación del alumnado.

  1. A principios de los 90 debido a la reforma de la época anterior, los docentes comenzaban a sentirse desprofesionalizados al contar con una mayor estandarización de la enseñanza y el aprendizaje que hace que exista un mayor control sobre su tarea; así mismo los docentes tienen que asumir nuevas tareas debido a la burocratización de los centros y enfrentarse a sistemas de inspección educativa más severos.

Todo ello hace que la educación pública se vuelva una institución excesivamente rígida, principio que choca frontalmente con las necesidades de la sociedad del momento que exige que se formen a personas flexibles, creativas y críticas.

Es por ello que en el S- XXI con la emergente sociedad del conocimiento, es necesario impulsar políticas educativas que propugnen un cambio en los sistemas educativos, aumentando la autonomía del profesorado y dotándolos de nuevas competencias (creatividad, inventiva, capacidad de asumir riesgos…) con el fin de preparar alumnos capaces de afrontar las nuevas demandas que plantea la sociedad del conocimiento.

El cambio social y económico del S- XXI

En este epígrafe, el autor expone cuáles son las exigencias que trae consigo la sociedad del conocimiento. En este sentido, Hargreaves afirma que la sociedad del conocimiento cuenta con tres dimensiones:

  1. 1.       Esfera educativa, técnica y científica.

El cambio económico y social exige pasar de una economía industrial en donde la mano de obra estaba ocupada en la producción y fabricación de cosas, a una economía postindustrial basada en los servicios, las ideas y la comunicación. Lo cual implica una expansión de la educación superior y la formación de expertos en el ámbito de las ciencias, la tecnología y la educación; así como un cambio en la organización de las empresas.

  1. 2.       Modos complejos de proceso y circulación del conocimiento

En la sociedad del conocimiento el recurso económico básico de la sociedad es el conocimiento. En este sentido, el desarrollo económico se fundamenta en el aumento de la productividad de las empresas a través de la innovación y la generación de tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

El conocimiento se entiende como algo flexible en constante evolución, ya no basta solo con contar con información, sino que es necesario dar un salto y utilizar dicha información junto con la creatividad con el fin de innovar y diferenciarse del resto.

  1. 3.       Cambios en la organización de las empresas

En la sociedad del conocimiento el modo de producción en las empresas está íntimamente ligado con el modo de consumo de las personas por lo que las empresas necesitan nuevos perfiles profesionales capaces de utilizar el conocimiento para anticiparse a los cambios,  crear productos nuevos y conseguir que la sociedad sienta la necesidad de consumirlos.

En este contexto los pilares básicos del sistema productivo serán los expertos (poseen el conocimiento) y los expertos en márketing.

Adicionalmente, la sociedad del conocimiento también exige:

Contar con una infraestructura tecnológica que permita fluir el conocimiento. Es necesario que tanto las grandes potencias como los países menos desarrollados inviertan en infraestructuras tecnológicas, que serán la base del desarrollo económico de una nación, con el fin de que no se continúen perpetuando las desigualdades económicas y sociales entre países pobres y ricos.

Finalmente, el autor termina concluyendo que, el secreto para el éxito no está en el acceso a la información sino a que la sociedad en general y el sector productivo, en particular, sepan procesarla y utilizarla para adaptarla a sus necesidades. De este modo, las empresas basadas en el aprendizaje y el intercambio de comunicación serán más flexibles y poseerán mayor capacidad para adaptarse a los cambios y asegurar su supervivencia. 

Cómo desarrollar la sociedad del conocimiento

 En este apartado el autor explica las claves del éxito de la sociedad del conocimiento y cómo debe responder la política educativa a las necesidades de dicha sociedad.

Hargreaves afirma, que la clave del éxito de la sociedad del conocimiento radica en la capacidad que posean las personas para formase de manera permanente aprendiendo por sí mismas y de los demás.  En este sentido, la prosperidad de una nación se basa en la capacidad que esta tenga para adaptarse a los continuos cambios económico – sociales.

En la actualidad vivimos en un mundo interconectado donde los eventos que se produzcan en un país afectan directamente, y en un período breve de tiempo, a la economía de cualquier otro país del globo.

Es por ello que los gobiernos deben prestar una mayor atención en sus  políticas a dotar a su país de una educación pública de calidad que prepare a las futuras generaciones para afrontar los nuevos restos de la sociedad del conocimiento, así como también sería imprescindible incluir a los países más desfavorecidos en estas políticas con el fin de que puedan participar en la economía global y contribuir así a salvar las desigualdades sociales.

Para ello, el autor hace referencia al sistema educativo de Singapur como nación que hace grandes esfuerzos en política educativa a través de un mayor gasto público en educación “donde el currículum nacional está siendo reducido” en pos de promover “la flexibilidad y la creatividad” para convertir los centros educativos en auténticas “organizaciones de aprendizaje” capaces de formar a individuos “proactivos con iniciativa en la resolución de problemas para trabajar en equipo”.

Partiendo del ejemplo del sistema educativo de Singapur, el autor hace una crítica a los países que responden a la sociedad del conocimiento con más educación sin cambiar la forma en que se imparte. En este sentido, critica las políticas educativas que apuestan por:

  • Aumentar el calendario y la jornada escolar
  • Se centran en el proceso de enseñanza y aprendizaje más que en el comportamiento del alumnado
  • Prestan mayor atención a las áreas instrumentales
  • Las que integran las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en laboratorios de informática de manera descontextualizada, en lugar de incluirlas dentro del proceso de enseñanza y aprendizaje.

Adicionalmente, alude que estos sistemas educativos pretenden dar respuesta a  las necesidades de la sociedad post moderna, sin embargo continúan anclados en los presupuestos básicos de la sociedad moderna con tiempos y espacios rígidos, agrupamientos poco flexibles del alumnado, centros educativos burocratizados y docentes acomodados en sus rutinas y experiencias acumuladas a lo largo de su trayectoria profesional.

Finalmente, Hargreaves comparte las ideas de algunos futuristas y defensores de la sociedad del conocimiento en cuanto a que los sistemas educativos actuales ofrecen una educación de poca calidad para la economía del conocimiento. Sin embargo crítica las escasas aportaciones por parte de estos teóricos para cambiar la realidad de la educación pública.

Enseñar para la sociedad del conocimiento

En este epígrafe el autor, basándose en la crítica que hace a la falta de ideas por parte de defensores de la sociedad del conocimiento para impulsar la reforma educativa, nos expone su propuesta personal sobre lo que para él implica educar para lo sociedad del conocimiento centrándose de las competencias que deben desarrollar los docentes.

En este sentido, Hargreaves entiende que los docentes deben actuar como catalizadores de la sociedad del conocimiento y construir un tipo especial de profesionalismo basado en los siguientes principios:

  • Promover el aprendizaje cognitivo profundo, dejando atrás las metodologías basadas en el aprendizaje memorístico y procurando que el alumnado interiorice los conocimientos.
  • Aprender a enseñar de modos que no les fueron enseñados: es necesario que el profesorado olvide las antiguas prácticas de desarrollar la tarea docente a través de las fórmulas de ensayo – error e implicarse en mayor medida y de manera seria en reflexionar sobre la práctica docente, recoger sus experiencias en diarios, emprender acciones de investigación, participar en redes de aprendizaje virtual…
  • Comprometerse con el aprendizaje profesional continuo, de modo que los docentes se esfuercen cada vez más por mejorar actualizar los contenidos, las herramientas, la metodología de enseñanza… La actividad docente ofrece constantemente oportunidades para el aprendizaje y la mejora de la formación.
  • Trabajar y aprender de manera colegiada, es muy importante en la actual sociedad del conocimiento que los docentes abandonen sus antiguas costumbres de trabajar de manera aislada para constituirse en comunidades de aprendizaje profesional, donde estos puedan compartir experiencias, resolver problemas conjuntamente e investigar sobre los modos de mejorar el proceso de aprendizaje de sus alumnos.
  • Tratar a las familias como socios en el aprendizaje, la educación es una responsabilidad compartida entre la escuela y las familias. Es por ello que los docentes deberían dejar de ver a las familias como entidades que los critican y ponen en duda su trabajo, para convertirse en sus aliados y crear redes conjuntas de aprendizaje familias – docentes y alumnos fuera de la escuela.
  • Desarrollar y partir de la inteligencia colectiva, esta está íntimamente ligada con la inteligencia emocional, Hargreaves hace referencia a la importancia que tiene desarrollar la inteligencia para poder mejorar en el trabajo y en las relaciones interpersonales, añade además que la inteligencia emocional añade valor a la inteligencia cognitiva, por lo que es vital que el docente aprenda desarrollar su propia inteligencia emocional y la de sus alumnos para que estos se sientan motivados.

Además, añade, él éxito de una sociedad está en su capacidad para desarrollar la inteligencia colectiva, lo cual conlleva valorar y poner en común todas las habilidades que posea una persona, y no sólo las cognitivas. Es necesario cambiar el concepto de una inteligencia singular, fija e individual, para pasar a hablar de inteligencias múltiples, creativas y compartidas. En este sentido, el autor sostiene que las escuelas de la sociedad del conocimiento deben ser organizaciones capaces de desarrollar esta inteligencia colectiva.

  • Construir una capacidad para el cambio y el riesgo es necesario que los docentes de la sociedad del conocimiento sean personas activas y creativas capaces de asumir riesgos, investigar modos de hacer ante las nuevas demandas que se le presentan; así como contar con iniciativa y una actitud resolutiva hacia los nuevos problemas que se planteen.

Para ello, también es necesario que los docentes aprendan a desarrollar la confianza profesional, lo cual implica salir de su zona de confort, evitar los círculos profesionales cerrados y abrirse a trabajar colaborativamente con profesionales que cuentan con perspectivas sobre la educación diferentes.

Finalmente, el autor concluye exponiendo las capacidades que necesitan desarrollar los docentes para enseñar en la sociedad del conocimiento, siendo estas la capacidad de creatividad, flexibilidad, la inventiva, la asunción de riesgos, la resolución colaborativa de los problemas, la mejora continua en la práctica docente, la inteligencia colectiva y la confianza profesional.

Reflexiones y aportaciones personales

En relación con otras entradas donde he tratado el tema de la sociedad del conocimiento, este texto tiene un interés especial por que más que hacer hincapié en las metodologías de aprendizaje que deben utilizar los docentes para enseñar en la sociedad del conocimiento, este autor se centra más el ámbito actitudinal del profesorado.

Concretamente, lo que más comparto con el autor, es que no victimiza al profesorado ante las numerosas presiones a las que se ven sometidos por parte de la sociedad, sino que les da pautas para mejorar sus habilidades a través de la formación continua y en colaboración con sus colegas de profesión; así como también entiende que es necesario que desarrollen la creatividad y asuman riesgos ante los retos educativos que les plantea la sociedad del conocimiento.

Fuentes bibliográficas

Andy Hargreaves (2003) Enseñar en la Sociedad del Conocimiento. Octaedro.