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Reflexión sobre los profesores/as con los que conté a lo largo de mi vida educativa

Coincidiendo con el inicio del curso 2014/2015, empecé a cursar la materia de Formación y Desarrollo Profesional del Profesorado, una optativa que me causó interés a la hora de formalizar mi matrícula.

Pues bien, tras la primera sesión y una vez conocida la necesidad de crear nuestro propio portafolio en el Stellae, aquí me hallo, dando forma a mis primeras líneas. Ya conté en su momento con la oportunidad de trabajar en la red social Stellae, experiencia, para mi gusto, positiva y enriquecedora. Esa primera toma de contacto fue buena, y espero que en esta ocasión lo sea nuevamente.

En la primera sesión de la citada materia se nos plantearon cuestiones al vuelo y mantuvimos una clase en la que todos pudimos hablar. Y sería ya en una nueva sesión (interactiva) cuando terminamos de establecer los criterios a tener en cuenta para el desarrollo de la materia.

Así mismo, se nos planteó una reflexión acerca de los profesores que tuvimos en nuestra vida, cuáles nos marcaron más, qué pensamos de ellos… Y a eso dedicaré las líneas que siguen.

Han pasado muchos años, muchas materias y muchos profesores y profesoras a lo largo de mi vida educativa. Ser profesor es un papel complicado, que no todos asumen con verdadero gusto y que otros muchos hacen lo mejor que pueden.

A los cuatro años empecé a cursar Educación Infantil, donde una profesora llamada Chus me trataría muy bien. Recuerdo que todos los niños la queríamos mucho, nos trataba con cariño, nos enseñaba juegos, canciones, viendo las clases como algo muy divertido y ameno.

Si echo una mirada atrás no dudo al recordar con cariño y afecto a un gran profesor que me dio clase desde 3º hasta 6º de Educación Primaria. Para mí era “el profesor” y no “un profesor”. Era bueno, atento, se preocupaba por sus alumnos, nos mostraba cariño, nos hacía reír, nos reñía si hacía falta y, combinaba perfectamente el respecto que debíamos tenerle para evitar el mal comportamiento con el cariño que nos teníamos. Considero que era el profesor ideal, con vocación verdadera, con ansia en su trabajo. Para él, el colegio era su segunda casa, siempre arreglando cosas para evitar gastos de personal externo al centro, enseñándonos a valorar nuestra aula y a mantenerla ordenada. De él, de Luís, sólo guardo buenos recuerdos. Un profesor que, creo, fue el que me brindó la autoestima de que podría llegar a donde yo me propusiera. Es un profesor que marcó mi vida, pero con una marca muy positiva que, cuando eres un niño no te das cuenta pero, con los años, buscas las razones de porqué ese profesor era considerado “bueno” por un infante, y entiendes que era realmente un ejemplo de profesor.

Del nivel de la ESO recuerdo a una profesora de Matemáticas, Dora, muy humana y que explicaba como ninguna otra. Siempre nos daba un guión del tema, nos explicaba todo las veces que se necesitara, nos trataba como personas y trataba de hacernos ver qué hacíamos mal y como debíamos comportarnos. Nos daba Matemáticas, y educación, propiamente.

Del Bachillerato, noté más distancia entre profesor-alumno, pero guardo buenos recuerdos de una profesora de Historia, de la que sin embargo, no recuerdo el nombre. Nos explicaba historia relatándola como una historia, valga la redundancia. Me encantaba oírla hablar y gracias a eso, me sabía todo lo que explicaba al salir de clase. Ayudaba a que se produjese una retención de la información que nos brindaba.

Tras el Bachiller, realicé un Ciclo Superior, y de ahí también recuerdo varios profesores que después de clase eran uno más y nos informaban de salidas laborales o nos pasaban información que pudiera servirnos.

Ya en la Facultad, donde me hallo actualmente, creo que encontré de todo. Profesores de los que no me gustó su manera de enseñar, profesores que lo daban todo porque entendiésemos la materia y otros, que fueron uno más.

Analizando y pensando, tuve muchos profesores que pasaron por mi vida sin marcarme en nada, que pasaron simplemente. Me enseñaron y me examinaron sin más. Podría creerse que eso es malo comparado al profesor ideal, pero yo no lo considero así. A veces es mejor pasar desapercibido que marcar a un alumno con experiencias negativas. Y, al fin y al cabo, aunque se crea que fueron desapercibidos, siempre se aprende algo de cada persona con la que se toma contacto. A veces, del que dices no apreciar mucho, tienes que reconocer que sí aprendiste algo con su persona, aunque no tuviese relación con la propia materia.

Realmente me considero afortunada por el hecho de que no tuve malos profesores hasta el punto de creer que me perjudicaron…, pero sí casos que recuerdo con rencor: determinadas palabras, actuaciones o formas de despreocupación por los alumnos o la materia que se cursa y que le tocó impartir.

Llegados a este punto, creo que es donde espero y mantengo expectativas de la materia cursada. Creo que voy a comprender aspectos de los que hoy todavía no tengo conocimiento, a relacionar ciertas cosas con la realidad que llevo vivida y a poder, en el día de mañana, ayudar a aquel profesor que lo necesite a ser un buen profesional.

Esta reflexión hizo que pudiese darme cuenta de la enorme importancia que puede llegar a tener la correcta formación y desarrollo de un profesor que va a tomar contacto con cabezas que están construyendo el conocimiento y tomando rumbo hacia alguna parte de entre todas las que puede llevarnos la vida. Sé que está petición de reflexionar no quedará aquí, y probablemente forme una de las bases de lo que sigue. Cojo la materia con entusiasmo y buenas expectativas, que espero poder cumplir a lo largo de los meses que conforman el cuatrimestre.