Mi experiencia con los docentes.

Por María Mayán

A lo largo de mi vida escolar, he conocido a un gran número de docentes de muy diversas características. Se percibía que a algunos de ellos realmente les gustaba su trabajo y a estas alturas puedo decir que son con los que más hemos aprendido porque ellos se esforzaban en educarnos y ofrecernos los conocimientos necesarios.

En la etapa de educación primaria he tenido dos profesores que en cierto modo me han marcado. Los dos eran bastante duros pero muy distinos. Uno de ellos no permitía que cometiésemos ni un solo fallo, incluso llegaba a insultarnos si lo hacíamos. El otro era duro pero intentaba que aprendiésemos comprendiendo los motivos de nuestros fallos para que no volviésemos a caer en ellos; se implicaba con cada uno de nosotros.

Durante la adolescencia, en la etapa de educación secundaria, he tenido la oportunidad de estar en clase de un profesor que intentaba ayudarnos a todos en la mayor medida posible. Nos mandaba subrayar con color fluorescente los errores que cometíamos para que aprendiésemos de ellos; decía que si los borrábamos se nos olvidaría y volveríamos a fallar en lo mismo. Además nos permitía crear los trabajos que nosotros mismos elegíamos, compartiéndolos posteriormente con los compañeros; de este modo conseguía motivarnos, queriendo aprender más de algo que realmente nos interesaba y también ayudaba a que nos resultase más fácil y familiar ponernos al frente del resto de alumnos intentando que entendiesen lo que explicábamos.

Finalmente, durante la etapa universitaria he tenido diversos docentes de los que he aprendido mucho, pero también ha habido alguno que mostraba una actitud de acudir a su puesto de trabajo y parecía no interesarle nuestra formación, que nosotros aprendiésemos realmente.