Reflexión sobre el concepto de vocación y la docencia

Para empezar con esta pequeña reflexión me gustaría profundizar a cerca de los diferentes significados que le atribuye la RAE al término de Vocación:

  1. Inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión
  2. Advocación
  3. Inclinación a cualquier estado, profesión o carrera
  4. Convocación, llamamiento.

En este sentido en relación con la docencia considero que la definición que más se acerca a este análisis es la tercera (Inclinación a cualquier estado, profesión o carrera).

Pero, ¿es suficiente la vocación para ejercer la docencia?. Indagando en este tema y tras haber leído el artículo,“Vocación docente versus profesión docente en las organizaciones educativas”  de Faustino Larrosa Matínez  profesor en la Universidad de Alicante en el Departamento de Psicología Evolutiva y Didáctica y por tanto de la facultad de Ciencias de la Educación; me pareció interesante profundizar un poco más en este tema. En este artículo, el autor divide dos bloques principales:  la vocación en la actividad docente, y la actividad docente como profesión.

Centrándonos en el primer apartado o bloque temático; el autor empieza su artículo con la siguiente cita: “ Sólo se es un verdadero profesional cuando se tiene vocación” (Gichure, 1995: 210), pero coincidimos en que además dela vocación para ejercer una profesión es necesario desarrollar unas cualidades y características profesionales determinadas.  A pesar de ello, en el campo dela educación, no cabe ninguna duda de que para ser un buen docente siempre está presente el concepto de la vocación; por otro lado también tenemos que tener en cuenta que también están presentes los profesores que destacan que la docencia se traja de una profesión remunerada como otra cualquiera existente en el marco laboral, echo que diferenció Cobo Suero (2001:128).

Centrándonos en el concepto de Vocación, Faustino Larrosa Martínez en su artículo recogió un recorrido a lo largo de la historia teniendo en cuenta algunas definiciones de este concepto.

En las primeras definiciones del S. XVIII, se relacionaba intrínsecamente la profesión docente con la vocación religiosa y el ámbito espiritual. Pero esta idea se desarrolló también a lo largo del siglo XIX, como mostraré posteriormente en una definición de Francisco Giner de los Rios, uno de los fundadores de la Institución de Libre Enseñanza:

(Giner de los Rios 1887:19)

“El maestro como el sacerdocio –con el que tantos puntos de contacto tiene, sobre

todo en los pueblos modernos, donde a veces comparte con él, a veces casi por

completo ha absorbido el ministerio de la enseñanza pública– exige en primer

término hombres bien equilibrados, de temperamento ideal, de amor a todas las

cosas grandes, de inteligencia desarrollada, de gustos sencillos y nobles, de       

costumbres puras, sanos de espíritu y de cuerpo, y dignos en pensamiento, palabra,

obra y hasta maneras, de servir a la sagrada causa cuya prosecución se les confía.”

Como podemos observar en esta definición se relacionan las características y las actitudes del sacerdote como ejemplares para un docente ya que como sabemos la profesión docente empezó en el ámbito religioso.

Poco a poco el término de la vocación fue evolucionando y adquiriendo nuevos significados dependiendo del momento histórico en el que nos situemos, en relación a ello destacaré algunas definiciones que se recogen en el artículo de este profesor. Por ejemplo, en la Ley de 1964 de reforma de la enseñanza primaria el Maestro  en el artículo 56 :

“ha de ser persona de vocación clara, de ejemplar la conducta oral y social y ha de poseer la preparación profesional competente y el título que le acredite igualmente para el ejercicio de su profesión”.

Según fueron avanzando los años y según fueron apareciendo las numerosas leyes educativas en nuestro país, según Faustino Larrosa, en todas ellas seguía apareciendo la necesidad de vocación en relación con la docencia incluso en la LOE se insiste en que “los docentes han de ser educadores con vocación personal y vocacional”.

Finalmente, teniendo en cuenta las definiciones anteriores y las reflexiones de este autor, considero que  a pesar de que la vocación es necesaria para  el profesorado, no es suficiente ya que además de ello, es necesaria una formación y renovación permanente tanto a nivel social como profesional, porque como ya sabemos vivimos en una sociedad cambiante y llena de nuevas metodologías y experiencias de enseñanza-aprendizaje que requieren aspectos y aptitudes que van mucho más de la vocación y de la formación.

A continuación, trataré de resumir un poco el siguiente bloque que se trabaja en el artículo, la actividad docente como profesión. En este lugar, podemos destacar que la docencia no fue reconocida por la sociedad como profesión hasta pricipios del S.XIX ya que la vocación de las personas que querían educar, era lo que representaba la profesión docente sin tener mucho en cuenta la formación de las personas que estaban realizando esta labor. Pero con el paso del tiempo se descubrió que la vocación no resolvía los problemas de la educación sino que los docentes necesitaban una formación determinada a la vez que recursos materiales y  metodológicos. A pesar de ello, hoy en día,como todos sabemos, nadie duda que la docencia sea una profesión pero mi pregunta es, ¿esta socialmente reconocida?. Desde mi punto de vista pienso que una gran parte de la sociedad piensa que sí que es necesaria una vocación para ser docente, pero piensan que con ello es suficiente, por lo tanto se olvidan de que se necesitan muchas más capacidades o características, como la innovación, la formación permanente, la adaptación a las necesidades de los alumnos y de la comunidad educativa del momento y entre muchas otras cuestiones responder a las expectativas que tiene la sociedad de la escuela que no es nada fácil.

En definitiva, la profesión docente se equipara a las demás profesiones pero se debe tener en cuenta la vocación y las dificultades de adaptación a la comunidad educativa que esto conlleva, a pesar de esto la sociedad no tiene en cuenta que un docente debe educar en la sociedad del conocimiento y que por lo tanto no se trata de una tarea fácil. Por ello hay que pensar en la formación permanente en relación con la vocación y las demás competencias que son necesarias para la profesión docente.

 

Finalmente las conclusiones que establece este profesor son en base a la cita de Esteve (2009: 26) “la actividad docente es una profesión con vocación una profesión de valores”. Por lo tanto, aparte de la profesionalidad se tiene que tener en cuenta el compromiso con la sociedad del conocimiento y el compromiso personal con la profesión ya que educar no es simplemente realizar una profesión de manera correcta, porque de manera inconsciente los docentes están transmitiendo otros conocimientos y actitudes no intencionales que se deben de tener en cuenta.

Para terminar me gustaría señalar unas condiciones ideales que establece Faustino Larrosa Martínez para desarrollar de manera satisfactoria la acción docente, son las siguientes:

a) Vocación (inclinación natural para dedicarse a la actividad profesional de enseñar con

entusiasmo, compromiso y confianza en el poder de la educación, dedicación especial y de servicio hacia los demás).

b) Competencia (formación profesional científica y técnica adecuada que le haga competente en todo momento en el ejercicio de la profesión).

c) Actitud (de apertura, servicio a la comunidad y trabajo en equipos flexibles).

d) Dedicación (suficiente a la profesión procurando tener cualificados sus saberes).

e) Conocimiento de los deberes y derechos éticos (que puede asumir como compromiso moral y exigir a los demás).

Por último, me gustaría saber vuestras opiniones acerca de este tema, y sobre todo me gustaría saber vuestra opinión en relación a la imagen social de los docentes.

Referencias:

Diccionario de la Real Academia española: http://lema.rae.es/drae/?val=vocaci%C3%B3n

Larrosa Martínez, Faustino (2010). Vocación docente versus profesión docente en las organizaciones educativas. REIFOP, 13 (4). (Enlace web: http://www.aufop.com)

Comentarios

  • Isabel Fernandez

    Que buena reflexión Mirian! Socialmente, está claro que los profesores/as gozan cada vez de menos prestigio. Están considerados como inferiores a otras profesiones y esto se refleja en sus sueldos. Se suele relacionar con personas que lo estudian porque no tienen interés por otro tema en particular, porque les da la nota o, simplemente, porque es la carrera que hay en su ciudad. Después tenemos la otra cara de la moneda y que como yo, muchas personas piensan que es una labor ciertamente compleja: deben ser personas activas, entusiasmadas, con cierta vocación, con metodologías renovadas, pacientes, que sepan salir de aprietos, creativas, motivadoras y todo a su vez sin que nadie tenga en cuenta el esfuerzo que hacen ellos por llegar a cumplir todas estas funciones.

    Es el momento de que en nuestra sociedad empecemos a valorar esta profesión ya que es la que nos permitirá ser lo que somos  a los demás.

    Enhorabuena, un saludo!

  • Eloy Muñiz Romero

    El debate sobre la imagen social del docente me parece un tema muy interesante. Creo que uno de los grandes problemas de la sociedad actual es que ya no confía en los profesores, "esos funcionarios que lo único que les importa es cobrar su salario a final de mes, pero no educar a mi hijo". En Finlandia non existen los inspectores educativos, se confía plenamente en la vocación y capacidad del docente como profesional de la educación. La realidad en España es bien diferente. No creo que la culpa de los resultados académicos negativos en este país sean únicamente culpa del profesorado, el sistema falla y hay que cambiarlo. Confiar en la profesionalidad de nuestros docentes ha des ser un pilar clave en el cambio educativo que ha de llegar. Gran post, un saludo :)

  • Mirian Cortiñas Pérez

    Gracias por las aportaciones chicos Laughing