Autobiografía

Por María

 

María Barreiro Rodríguez

 

AUTOBIOGRAFÍA

 

 

Mi primer contacto con la escuela fue en el año 1996. Anteriormente,  concretamente un año antes de entrar al colegio, fui a la guardería. Esto fue algo positivo para una más fácil adaptación a la escuela a los tres años. Mi escuela era un centro público donde se impartía educación infantil y primaria y situada en una villa de unos 10.000 habitantes situada en la provincia de Ourense, conocida como Xinzo de Limia.  Allí, en el CEIP Rosalía de Castro pasé la etapa de infantil y primaria.

El primer año de Educación Infantil me lo pasé durmiendo. Nací con el sueño cambiado, dormía de día y no de noche, y la profesora Sira nos mandaba descansar a todos hasta que yo me quedase dormida y luego, el resto trabajaba y yo dormía. El poco tiempo que le dedicaba a las clases, lo recuerdo como algo traumático porque la profesora me quería enseñar a pintar y cuando me cogía las ceras para ayudarme me las dejaba llenas de crema. Por lo tanto, cuando yo retomaba mi faceta de pintora, la cera cremosa se deslizaba por mi mano y no lograba sujetarla bien. Además era zurda, y ante los intentos de la maestra de hacerme diestra, no fue capaz. Mejor así, sino hubiese cargado con las culpas de trastocar mi lateralidad.

El segundo y tercer año mi tutora el Mercedes. Esa profesora que aún veo hoy por la calle, cada año más arrugadita y que saludo con esa misma sonrisa de agradecimiento y cariño que cuando entraba con 4 años en su clase. Porque Mercedes era Mercedes, era muy buena y nos enseñaba mucho. Con 5 años yo ya sabía leer gracias a ella. Su clase estaba formada por cuatro mesas de colores, una verde, una amarilla, una roja y una azul. Mi mesa era la verde, en la cual me sentaba con una de las que hoy sigue siendo una de mis mejores amigas y otras dos niñas. Una de ellas, recuerdo que chupaba el pegamento y le ponían celofán en la boca porque no callaba y nos incordiaba.

Entré en esa etapa llamada Educación Primaria sabiendo leer y escribir. Un hecho que sorprendió a la profesora de primero de Primaria, ya que, la gran mayoría de mis compañeros leían y escribían. Rosa Mari que así se llamaba, fue otra de esas maestras que me marcó. Era muy buena, pero al mismo tiempo, exigente. Trabajábamos mucho con ella y aunque seguíamos el libro de texto, hacíamos otras actividades más amenas con las que aprendíamos. Recuerdo que hacíamos actividades diferentes cuando había festividades y cambios de estación. Nuestra clase estaba siempre decorada con adornos creados por nosotros y de acorde con fiestas o estaciones.

Rosa Mari sería mi profesora de primero a cuarto de Educación Primaria. Esa profesora con la que llorábamos cada inicio de vacaciones de verano porque la echaríamos de menos y la que nos agasajaba con chuches como regalo de Reyes Magos. Recuerdo también que cuidábamos en clase gusanos de seda y cada fin de semana, un compañero tenía que llevárselos para casa. Nos encantaba ver como producían seda y estábamos locos porque ese fin de semana fuese el que nos tocase llevarlos para casa.

Queríamos que Rosa Mari nos diese clase en quinto y sexto de Primaria, pero no fue posible. Cuando llegué al patio el primer día de colegio de quinto y mis compañeros gritaban alarmados: “Nos da Ana clases”. El pánico estaba sembrado. Aquella mujer gritona y que parecía un sargento, ¿iba a ser nuestra profesora durante dos años? Tocó el timbre, todos en la fila, entramos en clase asustados, nos sentamos calladitos por el temor a que aquella señora nos dijese algo. Diez minutos con ella y me sobraron para percatarme de que las apariencias engañan. Detrás de  aquella apariencia exigente, había una persona tierna, y una gran profesora. Digo gran porque a pesar de transmitirnos conocimientos y adaptarnos para lo que sería la Educación Secundaria, nos hizo aprender a ser personas, algo imprescindible para mí como futura docente. Aunque empleaba un método tradicional y nos preguntaba la lección a diario, aprendimos mucho. Ni se te ocurriese aparecer por clase de matemáticas sin saber la tabla de multiplicar, o por la de lengua castellana sin saber las conjugaciones verbales.

Una vez finalizada la etapa de Educación Primaria, empecé la ESO. Las malas lenguas del pueblo te atemorizaban difamando calumnias sobre lo que era el instituto. El primer día de instituto en el Lagoa de Antela (también situado en Xinzo de Limia), sentía una mezcla de sentimientos, entre pánico y emoción. Atravesé aquella verja amarilla y llegué al salón de actos. El director con cara de bonachón, me inspiró confianza. Aun así, aparecí en casa llorando porque no me tocara con ninguno de mis amigos y en esa edad, eso no era un problema, ¡era un mundo! Días después, por errores en la lista, me cambiaron de clase y ya me sentí mejor. En plena etapa adolescente noté el cambio de la Primaria a la Secundaria. Los profesores ya no se preocupaban tanto por ti, ni tenías tanto contacto con ellos ya que, cada materia curricular estaba impartida por un profesor distinto y necesitabas un mes para aprender los nombres de todos. Por no hablar de los madrugones para ir a clase, que los dos minutos más se convertían en carreras para coger el bus. No hizo falta un mes para adaptarme al cambio.

Durante toda la ESO y Bachillerato (que lo cursé en el mismo instituto) tuve profesores bastante tradicionales, pero también alguno innovador. Una docente de gallego nos enseñaba literatura a través de la creación de video poemas con los que teníamos la oportunidad de inmiscuirnos en siglos pasados e incluso, convertirnos en Rosalía de Castro.

Centrándome en el ámbito del uso de las tecnologías en mi experiencia como discente, en los dos últimos cursos de la primaria nos llevaban a la sala de ordenadores cuando acabábamos las unidades para hacer repaso a través de juegos educativos online. Nos llevaban una vez al mes, más o menos y en clases de inglés acudíamos más veces. Carecíamos de proyectores, ordenadores y demás tecnología en el aula. Únicamente, disponíamos de una radio y una televisión en la mayoría de las aulas.

En secundaria, tampoco teníamos pizarras digitales, ni proyectores ni ordenadores. Sí que había un aula de informática y algún ordenador en la biblioteca. Íbamos poco a la sala de informática, y si acudíamos, era para realizar búsquedas de información en pequeños grupos para la posterior realización de trabajos.

En bachillerato, empezaron a instalarse en algunas aulas pizarras digitales, ordenadores y proyectores. Aun así, los profesores que disponían de estos medios en sus aulas, los usaban para hacer más tradicional su método de enseñanza. Con el empleo de pizarras digitales y dedicándose a leer Power Points conseguían disipar nuestra atención y trasladar nuestra mente a otros lugares totalmente ajenos a la materia impartida. Por lo tanto, considero que no hacían el mejor uso que podían hacer de las tecnologías y que en lugar de servir como herramienta para innovar en educación, su método de enseñanza se volvía mucho más tradicional. Como futura docente, intentaré darle un enfoque totalmente a la educación teniendo la posibilidad de disponer de estas herramientas en mi aula.

Acabado Bachillerato, y llevando curso por año, llegué a selectividad y comencé el Grao de Maestra/o en Educación Primaria. Realmente se me pasaron cien mil ideas de carreras que quería estudiar. En primero de Bachillerato recuerdo que quería ser meteoróloga. Aunque fui por Bachillerato científico, las ciencias no eran lo mío, así que, si algo tenía claro a la hora de hacer la elección es que no iba a escoger carrera de la rama de ciencias. Quería hacer periodismo o comunicación audiovisual porque me gusta escribir, me fascina el periodismo de noticias y me agrada el montaje de vídeos. Como no me dio la nota para entrar, por el tema de las ponderaciones, que debí haber ido por la rama de sociales en Bachillerato, decidí escoger lo que siempre quise ser desde pequeña: profesora.

Mis padres no solo me animaron en esta decisión, sino que se alegraron por mi elección. Ellos confiaban y confían en que voy a ser una buena profesora y que es mi vocación. Dicen que ya desde pequeña, sin casi saber leer ni escribir, jugaba a darle clase a todos mis muñecos.

Empecé la carrera y la verdad, me decepcionó un poco. Como futura formadora de las próximas generaciones considero que esta carrera debía ser mucho más exigente, tratando temáticas que en cuarto de carrera aún no las di y considero esenciales. Las prácticas me ayudaron a superar esta crisis y reafirmar que sí, que esto es lo que me gusta.

Realicé mi Prácticum I y II en un centro público, situado en Santiago de Compostela, el CEIP de Vite I.  Del primer período de prácticas tengo un muy buen recuerdo. Me tocó en primero de Primaria con una profesora de 24 años, con la oposición recién aprobada y con una metodología bastante innovadora. Aprendí mucho con ella, desde el primer día me dijo y me demostró que yo estaba a su nivel y que lo que yo dijese o hiciese tenía tanta valía como ella. Como soy una persona insegura, su confianza me permitió soltarme y además, aunque el primer Prácticum es de observación, me dejó impartir las materias y clases que yo quisiese. Usaba el libro de texto, pero realizaba actividades amenas y diferentes y ajenas al libro. Además, me permitió realizar una serie de actividades diseñadas por mí durante una mañana entera sobre el Día de la Música donde se hacía un recorrido por la música en el cine y la música, en general.  Usaba la pizarra digital para ampliación de actividades, actividades más lúdicas para repasar lo aprendido.

En el Prácticum II, estuve en cuarto de Primaria y no tuve tanta libertad. La profesora me dejaba impartir pocas clases y como los niños le dijeron que preferían matemáticas conmigo que con ella, y que le gustaban más mis métodos de enseñanza, me dejó dar aún menos clases. Pasaba los días explicándoles a los niños con dificultades de aprendizaje que se sentaban apartados. Considero que aprendí mucho con ellos y de ellos. El último día de prácticas, la tutora a pesar de decirme que iba a ser una buena docente, me dijo que yo estaba por debajo de ella y que no me mostré así. Personalmente, si aceptas a una persona de prácticas, no puedes mostrarle al alumnado que está por debajo de ti, porque entonces los alumnos no le tendrán respeto.

Era una profesora que sí, seguía el libro de texto, pero hacía muchas actividades innovadoras. En conocimiento del medio, en la unidad de historia, cada grupo de alumnos tenía que buscar información en libros de la biblioteca y ordenadores para la posterior elaboración de un Power Point. Después, lo expondrían en clase para el resto de compañeros. También rodaron un cortometraje, para el cual elaboraron ellos el argumento, los guiones, etc. Además de grabarlo, también lo plasmaron sobre papel con viñetas. Cuando acabaron de hacer todo, la profesora les hizo razonar todas las materias que trabajaran con la realización de este proyecto. Otra actividad era el rodaje de un telediario, pero eso lo hacían todos los cursos de Educación Primaria. Por lo tanto, usaban mucho las tecnologías y de una manera innovadora. Pude obtener ideas para mis proyecciones futuras de docente.

De todo se aprende, y los períodos de prácticas me ayudaron no solo a formarme como docente, sino a ver qué modelo de profesora no quería ser. También a definir mis prioridades como maestra y la principal es formar a personas a ser personas. Para mí, es imprescindible que sean personas y sí a eso le sumas, aprendizaje de conocimientos, ¡maravilloso! Yo quiero educar a personas, a los que serán los pilares de la sociedad del mañana y por ello, quiero educarlos en valores distanciándolos de esta sociedad postmoderna e individualista donde se fomenta la competitividad en educación. Personalmente, ¡me niego!

Considero que mi formación universitaria se aleja de lo que yo pretendía que fuese esta carrera. Por ejemplo, un docente es un transmisor de conocimientos, yo no pretendo que nos pregunten los ríos de Europa, pero quizás una materia en la que me dijesen cómo explicarías los ríos y que el repaso de los ríos fuese implícito. Un maestro debe ser una fuente de conocimiento, de cultura general, que personalmente, por mi cuenta, me dedico a formarme. Creo que debería ser una carrera mucho más estricta y que está mal enfocada. Se debería hacer más hincapié en materias como psicología ya que vamos a tratar con personas, didácticas desde otro punto de vista e imprescindible, mucha más atención a la diversidad. Con una única materia de trastornos de aprendizaje de seis créditos, para mí, no es suficiente. La impartición de las didácticas es demasiado teórica y no se centra en dudas, que por suerte, en prácticas puedes llegar a resolver como: ¿Cómo enseño a leer?, ¿y a escribir?, ¿y a sumar?

A mí no me sirven materias de innovación curricular en los que hago un copiar y pegar en el examen de un libro escrito por un señor, en el cual aparte de incoherencias me encontré hasta faltas de ortografía. O contestar en un  examen a cuestiones como de qué color son las tapas de su libro. Así no me formo en innovación curricular. Tampoco me sirven profesores que pierden trabajos y aún encima, recurren al insulto por carecer de argumentos.  Ni docentes de universidad que me hacen rehacer sus apuntes porque no consigo estudiar entre tanta falta de ortografía. ¿Esas son las personas que forman a futuros formadores?

Soy crítica, sí, es algo que considero esencial y que intentaré fomentar entre mi alumnado, el espíritu crítico. Yo quiero alumnos que sean críticos porque eso denotará que tienen la capacidad de razonar y defender sus argumentos.

También me encontré con buenos docentes en la carrera y materias interesantes. Destaco al profesor de sociología que hizo que esa materia fuese una de mis favoritas de la carrera. Además, me encantaban los debates que realizábamos en clase e incluso que nos llevase a dar clase al parque. Los profesores de Ciencias Sociales hicieron que me gustase aún más su materia. Me fomentaron, a pesar de que ya entrase en mis planes como futura docente, de llevar la realidad social al aula.

Con respecto a la tecnología educativa, sé algo, ya que, vivimos en un momento social en el que la tecnología se usa mucho. Después de la última clase de Era Digital vi que hay muchos programas que no manejo y que me resultan muy interesantes para utilizar en las aulas. Así que, espero poder aprender a manejarlos para poder hacer un poco más innovadora la enseñanza. Me gustaría poder trabajar con ordenadores, proyectores y demás de una manera innovadora, que estas herramientas no hagan que caiga en métodos tradicionales.

La tecnología está para usarla y al vivir en una sociedad cada vez más tecnológica me parece muy importante trabajar con ella en las aulas pero, personalmente, creo que no hacen falta estas herramientas para ser un docente innovador. Para eso, es necesario ganas y saber hacer un uso correcto de estas herramientas.

Por lo tanto, si en futuro dispusiese de estas tecnologías en mi aula no dudaría en hacer el mejor uso posible de ellas. Personalmente, me veo con ganas de iniciar esta profesión  y tengo bastante clara la metodología que quiero emplear. Como ya repetí bastante duramente mi autobiografía, quiero formar a personas como personas, en valores y hacerles interesarse por aprender y disfrutar se ese aprendizaje. Por supuesto que tomaría ejemplos de mis períodos de prácticas, pero siempre, dándole mi toque personal.

Una vez acabada la carrera, que sí todo va bien, será este curso, estoy algo perdida con que hacer. Por mí, haría psicología, pero este gobierno al alumnado que saca los estudios con becas sólo le permite hacer una carrera. Entonces, creo que me decantaré por un máster y luego, quiero ir un año a una especie voluntariado al extranjero para aprender idiomas y conocer otra cultura. En un futuro, acabaré opositando, pero hoy por hoy, con 21 años, me aterroriza la idea de trabajo en un sitio fijo. Me veo profesionalmente trabajando como maestra, pero soy una persona con muchas inquietudes. Me gustaría dar en Educación Secundaria, e impartir las materias de matemáticas o historia. Las personas que me conocen dicen que debería dedicarme a la educación para la ciudadanía. Haría muchas innovaciones a la hora de enseñar con respecto a cómo me enseñaron, pero también copiaré metodologías empleados por maestros que fueron importantes en mi educación.

Intentaré usar la tecnología educativa que tenga a mi disposición y sobre todo, suprimir los libros de texto. Tal y como está la situación educativa no puedo consentir que los padres tengan que pagar una media de 400 euros por hijo en libros de texto. Yo, como docente, debería tener las destrezas y capacidades necesarias y herramientas como internet con los que prescindir de libros.

A modo conclusión, que la educación sea el arma más poderosa para el cambio de la sociedad.