web 2.0: Socialización ¿a que precio?

Hoy día, el término web 2.0 es sinónimo de socialización ya que, a través de ella, podemos relacionarnos sin necesidad de presencia física.

De esta forma el tiempo y el espacio pierden importancia casi relegándose a un segundo plano.  Ya no es un impedimento la hora a la que pretendas relacionarte, sino que hemos dado un paso más allá, pudiendo estar, cómodamente, en el sillón de nuestra casa comunicándonos (ya sea  por videoconferencia en Skype, chateando en Facebook, o simplemente subiendo fotos a Instagram) con cualquier persona, de cualquier parte del mundo a cualquier hora.

Dicho así el fenómeno de las redes sociales suena muy tentador, pero, ¿qué pasa cuando a cambio de dicha comunicatividad, tu privacidad y derechos quedan en manos de la empresa o persona dueña del servidor?¿Estamos dispuestos a pagar este precio?

Lamentablemente si, aunque  muchas veces suceda por la falta de preocupación del usuario, al no leer las condiciones de uso de estos servicios ni la política de privacidad.

Las selfies son un fenómeno en auge en la sociedad y, desde luego, no nos hacemos una foto para dejarlas almacenadas en nuestros dispositivos. Pretendemos compartirlas para hacernos ver. Cierta sensación de autoestima nos invade cuando vemos una buena cantidad de clicks en “me gusta” en una imagen nuestra. Esto es tan poderoso que hace que a cambio estemos expuestos a las decisiones unilaterales de una empresa sobre esa imagen.

Pero la vulneración de nuestra intimidad va más allá. Cada vez que usamos el archiconocido motor de búsqueda google o cualquiera de sus herramientas, estos datos quedan almacenados  para vendernos publicidad. Saben que curiosidades tenemos, qué buscamos, e incluso donde estamos. ¿Os imagináis que poder se tiene sobre una persona cuando ésta no tiene secretos para ti? Es el sistema de espionaje más eficaz de la historia, y esta eficacia radica en que, en la inmensa mayoría de los casos, nos sometemos voluntariamente a él.

Asimismo el marketing ha evolucionado paralelamente a la web. ¿Nunca os habéis sorprendido de buscar un vuelo en un motor de búsqueda online y que en los días sucesivos os bombardeen con promociones sobre vuestro destino? La publicidad  ya no es un producto para masas, está cada vez más individualizada gracias al web 2.0. Se comercia con nuestros datos personales, con nuestros hábitos, curiosidades e intereses. Venden nuestra vida para que a su vez, terceros puedan vendernos productos para ella. Pero ¿podemos renunciar a usar la web 2.0?

Es una respuesta más complicada de lo que parece. Hoy en día internet, y más concretamente las redes sociales, forman parte de la vida cotidiana de la mayoría de personas del mundo “desarrollado”. Se ha convertido en un uso tan extendido que la gente te mira raro si le dices que no tienes Facebook. ¿Entonces tenemos que elegir entre ser “bichos raros” y tener privacidad?

La respuesta es “no necesariamente” podemos  preservar un poco más nuestra privacidad fragmentando nuestra información. Si vinculas las diferentes redes sociales a cuentas de correo diferentes y no vinculas estas entre sí, pierdes mínimamente capacidad de interacción entre estas redes, pero te tienen en cuenta como varias personas separadas. Al suceder esto procesan fragmentos de información separados que son menos “usables contra ti” que una información completa.

En suma, difícilmente podemos escapar de la influencia de las redes  sociales  y de la vulneración de nuestra privacidad que estas implican. Pero un uso responsable y ciertas precauciones pueden minimizar su impacto.