La formación inicial y permanente de la profesión docente.

En varias sesiones de clase, hemos tratado la importancia de ser un buen docente, de estar formado, de la formación que oferta el Ministerio, de los cursos que pueden tener voluntariamente los docentes… Todo esto, me suscitó interés en el tema, ya que creo que la formación es una base que marca la estabilidad en cualquier profesión a la que nos refiramos. Así, en las líneas que aporto en una nueva entrada a mi blog, profundizaré en el tema de la formación inicial y permanente del docente.

Es bien sabido que en numerosas leyes educativas se buscó la mejora de la calidad de la enseñanza (la última la LOMCE, 2013), pero esta lleva implícita la actualización permanente del profesorado.

Esa actualización o formación del docente se solicita de muchas formas, ya sea desde la petición del propio docente de mejorar, como del sistema educativo que busca a profesionales que saquen al alumnado hacia delante, hacia la excelencia.

Todo docente posee una formación inicial, que no es suficiente para considerar al profesional bien formado, entrando en el campo de juego la necesidad de la formación permanente. La realidad cambiante, el rápido crecimiento de los conocimientos, los cambios de metodología, las nuevas tecnologías  y, como ya citamos,  la calidad de enseñanza que se busca, hacen de la profesión docente una necesidad de mejora continua.

García Llamas (2012), entiende la formación inicial y la que se lleva a cabo a lo largo de la vida profesional (permanente) como un todo globalizado, y nos proporciona unos puntos a considerar para la formación:

  • La formación debe de ser flexible.

  • Estar vinculada a la práctica ejercida.

  • Tener en cuenta la diversidad de intereses.

  • Ser diversificada para atender a los distintos colectivos.

  • Adaptarse a los posibles cambios.

  • Equilibrar sus contenidos con sus componentes didácticos.

  • Contar con muchas ofertas.

  • Tener múltiples estrategias.

Por su parte, Imbernón (1989) divide un poco más ambas formaciones, pero afirmando que a la larga se unen y que se pueden considerar como etapas de la vida docente. Nos recuerda que, la formación inicial, cuenta con poco tiempo y con poca base en la práctica, aspecto aplicable, en mi opinión, al día de hoy. Diríamos, pues, que la formación inicial se ve acompañada más de simulaciones que de práctica propiamente dejando para la formación continua la oportunidad de ahondar en la práctica pedagógica del profesor en cuestión.

Teniendo esto en cuenta, la formación permanente gana más importancia, asumiendo la responsabilidad de corregir esas posibles carencias de la formación inicial, aún siendo lo ideal combinar ambas partes, considerándolas inseparables y complementarias.

Así, debemos atender a cuatro componentes en la formación del profesional:

  • Por un lado, el llamado componente científico, por el que el docente se convierte en un agente activo y con conocimientos de las distintas áreas.

  • El componente psicopedagógico, que permite al profesor asumir conocimientos de investigación, tecnológicos, prácticos y los puramente teóricos para así poder ser partícipe en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

  • El componente cultural que dará lugar a que el docente conozca la cultura general y, en particular, la del contexto que lo sitúa.

  • Estudiar y reflexionar sobre las prácticas docentes de los centros escolares para que el profesor pueda profundizar en la realidad educativa.

Por lo tanto, teniendo ya presente la importancia que tiene la formación permanente, es momento de mencionar que existen distintas modalidades para dicha formación. Así, podemos hablar de: cursos, seminarios, grupos de trabajo, proyectos de formación en centros y proyectos. Y, para poder participar en la citada formación cabe decir, que existe la posibilidad de que esta sea presencial (exige la presencia del profesorado participante), en red (con herramientas electrónicas), o mixtas (combinación de las anteriores).

Tras haber consultado distintos informes y documentos hablando de lo que debe tenerse en cuenta para la formación, así como investigaciones que analizan, entre otras cosas, las motivaciones que hacen que los profesores decidan formarse he de decir que, siempre acaba siendo el docente el que tiene la última palabra para decir “sí” o “no” a la formación. Cierto es que si se favorece con ciertas motivaciones que los profesores se formen, éstos van a responder haciéndolo, pero no sería por ganas, sino por la recompensa del incentivo. Quizás, aquí deba hacer una relación con otra de mis entradas en la que hablo de la vocación docente, pues aquí puede entrar en escena la misma. Si un profesor siente pasión por su profesión hará lo imposible por formarse y saber cada día un poco más, estar en el hilo de la cuestión todo lo que pueda. Pero, si por el contrario, no es amante del conocimiento en base a su profesión hará la formación que sea considerada como obligatoria para seguir en su puesto un año más.

A veces, se dice que no se debe obligarlos a hacer la formación si no quieren, pero creo que de no ser así nunca se formarían, al menos, en lo básico.

Entonces yo aquí me replanteo la cuestión y digo, si sale un nuevo medicamento, el médico debe formarse y conocerlo para poder administrarlo a sus pacientes. Por otro lado se habla de que la educación “es el motor que mueve la sociedad”, por  lo tanto, los que “impulsan” ese motor  (como puede ser un docente) debe conocer el “medicamento estratégico” para continuar en el camino de la enseñanza y ahí la  formación permanente, ocupada de los cambios que vivimos diariamente.

Por lo tanto, a modo de conclusión:

  • Debe existir una amplia oferta de cursos por Internet por si existe incompatibilidad horaria para asistir presencialmente.

  • Hay que motivar a los docentes a que se formen continuamente.

  • En contra de lo que leí en uno de los artículos de la webgrafía, se deben poner los cursos de formación fuera del horario de trabajo docente.

Ahora sí, hay que ser conscientes que los cursos acreditados no son los que hacen el buen docente. Recordemos que la vocación sin formación no sirve, pero la formación sin el deseo de aplicarla se queda en nada.

Para finalizar me gustaría señalar dos instituciones para la formación permanente citadas en clase, así como ofrecer sus localizaciones en la red para posibles consultas y/o ampliación de información respecto a ellas:

Además, ofrezco el enlace del apartado en el que se encuentra toda la información de actividades de formación permanente del profesorado que son organizadas o reconocidas por el Ministerio.   http://www.mecd.gob.es/educacion-mecd/areas-educacion/profesorado/formacion/formacion-permanente.html

Trabajar en este tema me ha permitido conocer estos lugares, sobre los que nunca indagara. En sus enlaces se explica todo lo referente a ellos, como pueden ser sus funciones, por ejemplo.

Por otro lado, pude conocer la opinión y los trabajos de distintos autores acerca de la formación docente y, a partir de examinarlos, extraer unas líneas generales, entre ellas mis propias conclusiones.

Webgrafía:

García Llamas, J.L. (2012). La formación permanente del profesorado: motivaciones, realizaciones y necesidades. Educación XX1, 1 (1998), 129-158. doi: http://dx.doi.org/10.5944/educxx1.1.1.400

Imbernón, F. (1989). La formación inicial y la formación permanente del profesorado. Dos etapas de un mismo proceso. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 6, 487-499. Recuperado de http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&ved=0CCYQFjAA&url=http%3A%2F%2Fdialnet.unirioja.es%2Fdescarga%2Farticulo%2F117680.pdf&ei=yVU9VNyRCa2M7AbL3IHoAw&usg=AFQjCNFMj5vdKLmKfe3Lr3VJXSjNV22ozw

Recuperado de: http://www.feteugt.es/data/images/2013/Gabinete%20T%C3%A9cnico/GABinforme_sexenios2013.pdf

Comentarios

  • Nahyr

    Enhorabuena por la entrada, me parece super completa y aclarativa sobre la formación inicial y permanente del profesorado.

    Haciendo referencia a las ideas que recoges de García LLamas, estoy totalmente de acuerdo  con la idea de que la formación inicial y permanente deben ser entendidas como un todo globalizado, puesto que desde mi punto de vista la formación inicial es la base de la formación permanente y la segunda es el complemento de la primera.

    En lo que respecta a las conclusiones que extraes, estoy de acuerdo contigo en todas ellas. Considero además que a la hora de realizar tareas de formación permanente es de vital importancia que el profesorado se encuentre motivado y que sea consciente de las carencias que posee para poder formarse en ellas y así mejorar su condición de profesional.

    En lo referente a la obligatoriedad de la formación permanente, considero que es una cuestión que merece un gran debate. Desde mi punto de vista y en concordancia con la opinión que expresas, creo que si este tipo de formación no fuese obligatoria los profesionales no la cumplirían. Teniendo en cuenta esto, creo que antes que plantearnos la obligatoriedad o no obligatoriedad de la formación permanente, los propios profesionales de la educación debemos reflexionar y ser conscientes de lo que este tipo de formación implica y así  mismo debemos ser comprometidos con nuestra profesión.

    Saludos ;)

  • Leticia Gallardo

    Muchas gracias por tus comentarios Nahyr! Estoy de acuerdo con la idea que aportas de que el profesorado debe ser consciente de sus carencias para poder solventarlas y asi poder mejorar en su profesión. Esa sería una buena base para que la formación se convirtiera en algo unido a la profesión desenvuelta. Saludos!