La identidad docente

Para abordar la identidad docente es necesario analizar diversos aspectos que guardan relación con la misma. Los aspectos a tratar son los siguientes:

  • El cambio social y el trabajo de los profesores:

El cambio social es el factor central para entender los problemas de identidad que afectan a los profesores/as y sus desafíos. Este cambio ha transformado de manera considerable el trabajo de los docentes, así como también se ha visto modificada la imagen de estos y la valoración que la sociedad tiene con respecto a su labor.

Esteve (2006) sugiere que “los profundos procesos de cambios social registrados en los últimos treinta años y la enorme transformación de nuestros sistemas educativos han planteado problemas nuevos que no ha sido posible asimilar”. Factores como el desconcierto y la falta de formación para afrontar nuevos retos contribuyen a que muchos profesores hagan mal su trabajo, de manera que reciban críticas por parte de la sociedad, considerando a los docentes como los responsables de todos los fallos del sistema de enseñanza.

Existen una serie de indicadores enumerados por Esteve (2006) para mostrar la transformación del papel de profesor:

-          Los cambios vinculados al contexto macro (aumento de exigencias al docente, más responsabilidades que el profesor debe asumir…).

-          Los cambios relacionados con la evolución de los valores de las concepciones sociales (por ejemplo, la multiculturalidad).

-          Los cambios en el contexto aula que llevan a otras situaciones como por ejemplo, revisar contenidos curriculares (cuáles son importantes y cuáles no) y modificar las metodologías y las condiciones de trabajo en las escuelas.

-          Los cambios en el contexto político y administrativo en donde las reformas educativas han tenido resultados ambiguos que llevan a cuestionar las opciones de política adoptadas.

 

  • La construcción de la identidad profesional

Esta construcción se inicia en la formación inicial del docente y se prolonga durante el ejercicio de su carrera profesional. Es necesario señalar que esta identidad no surge automáticamente como resultado de un título profesional, sino que es preciso construirla, lo cual requiere un proceso individual y colectivo de naturaleza compleja y dinámica, llevando a la configuración de representaciones subjetivas acerca de la profesión docente.

La identidad docente, tal y como se recogen en los Cuadernos de Formación del Profesorado (2010) “se refiere a cómo los docentes viven subjetivamente su trabajo y a cuáles son los factores de satisfacción e insatisfacción. También guarda relación con la diversidad de sus identidades profesionales y con la percepción del oficio por parte de los docentes y por parte de la sociedad”. Por lo tanto, la identidad docente es tanto la experiencia personal como el papel que le es reconocido en una sociedad.

Las identidades del profesorado pueden ser entendidas desde una doble perspectiva:

-          Como un modo de responder a la diferenciación o identificación con otros grupos profesionales.

-          Como un conjunto heterogéneo de representaciones profesionales.

Así pues, la identidad docente se trata tanto de una construcción individual y colectiva referida a la historia del docente y a sus características de carácter social, como al contexto en donde trabaja el docente. De esta manera, la identidad del docente forma parte de su identidad social concibiéndose como la “definición de sí mismo” que el propio docente hace. Por lo tanto, la identidad docente es una construcción dinámica y continua, a la vez que social e individual, que es resultado de diferentes procesos de socialización vinculados a un contexto particular.

  • La profesión docente y la construcción de la identidad

Existen una serie de cualidades necesarias que debe tener un docente. Algunas se refieren al conocimiento y los valores que estos profesionales deben poseer para la docencia, a los que se agrega el manejo de métodos de enseñanza relacionados con los contenidos, las competencias comunicacionales que les permitan interactuar con alumnos, padres, colegas; el dominio de técnicas relacionadas con las tecnologías de la información y comunicación, las competencias para la investigación y la reflexión acerca de sus prácticas…

Dar respuesta a la cuestión ¿en qué consiste la profesión docente y cuál es su quehacer científico? es complejo ya que la escuela constituye una realidad compuesta por diferentes actores, procesos formativos difíciles, planes y programas prescriptivos, grados, ciclos y reglamentos… De manera que estos a su vez generan diferentes explicaciones, significados, interpretaciones y concepciones acerca de la realidad escolar.

A diferencia de lo que ocurre en otros ámbitos profesionales, es difícil delimitar aquellos aspectos característicos de la profesionalización docente debido a que los requisitos de profesionalidad son múltiples y varían significativamente, de modo que existen autores que se preguntan en qué medida la docencia es realmente una profesión o no.  Según Avalos (1996), en la década de los 90 se produce una revitalización del concepto “profesional” del docente poniendo énfasis en la función de construcción de la profesión por parte del propio docente. De ahí la importancia que adquieren los conceptos de “desarrollo profesional” y “autonomía profesional”. Así, el proceso de formación se define como un continuo y se pone el acento en las necesidades que se suceden en distintas etapas de la vida profesional (con la clásica distinción entre profesores noveles y experimentados) o según diferentes tipos de experiencias.

De esta manera, para algunos autores, la profesionalización está asociada a un desempeño autónomo, con responsabilidad sobre la tarea que se desempeña, aunque estos rasgos se construyen a partir de la confluencia de tres elementos: la existencia de un entorno laboral adecuado, una formación inicial y continua de calidad, y una gestión y evaluación que mejore la práctica laboral de los docentes.

 

  • La condición de docente

La cuestión quiénes son los docentes y cómo se valoran a sí mismos constituye un tema importante de investigación y de preocupación. Dicha cuestión guarda relación con la conceptualización de identidad profesional del docente como, según Gysling (1992), “un mecanismo mediante el cual los profesores se reconocen a sí mismos y son reconocidos por otros como miembros de una determinada categoría social, la categoría de los profesores”.

La docencia se ha transformado en una categoría social que no atrae a los mejores candidatos, puesto que quienes ingresan en Universidades o Institutos de Formación no significa ni que tengan mejor historial educativo ni que accedan a estudios más valorizados socialmente. Además, existe un serio problema que consiste en que, en muchos casos, quienes ingresan a la docencia lo hacen por razones que van desde no tener otra opción para acceder a estudios de nivel superior a desempeñar un cargo transitoriamente con la intención de cambiar de ocupación en cuanto esto sea posible. Un hecho a destacar es que la identidad profesional es más difícil de forjar en instituciones universitarias donde la formación es compartida por facultades disciplinarias y facultades de educación.

  • Entre la vocación y el conocimiento experto

La construcción social del concepto de docente se da a través de las sucesivas transformaciones sociales que se dan. En sus inicios, la profesión docente se constituyó como un sacerdocio, una función que exige para su ejercicio una fuerte vocación. Posteriormente, en los años 60 y bajo la influencia de la perspectiva racionalista, el profesional docente se visualiza como un técnico eficaz y capaz de alcanzar objetivos de instrucción a partir de una serie de medios y recursos. Años más tarde, en los 90, surge el concepto de profesional de la educación haciendo referencia a un intelectual reflexivo que puede colaborar en la transformación de los procesos escolares. Estas diferentes visiones en la definición de la identidad profesional se sitúan entre dos dimensiones: la vocacional y la experta. Estas conceptualizaciones parecen estar en lo cierto, ya que tal y como Vaillant y Rossel (2006) dicen, “los maestros afirman que ven la tarea docente como vocacional pero también que la consideran como una actividad profesional”.

Siguiendo estas líneas, se pueden diferenciar varios sentidos que los profesores tienen sobre sí mismos. Por un lado está el sentido “misionero” del educador el cual siente una vocación de servicio que tiene recompensas cuando se logra resultados con los alumnos. En este caso, los profesores manifiestan su gratificación al ver como los alumnos aprenden lo que se les enseña o si logran terminar sus estudios. Los docentes entienden que la “buena” docencia es producto de la vocación comparando la profesión con un sacerdocio y/o apostolado.   Por otro lado, una segunda perspectiva tiene que ver con la función profesional de la docencia en donde los docentes se definen más como “facilitadores”. Estos conceptos aparecen entre los docentes cuando éstos definen la docencia como una profesión con un fuerte componente de conocimiento y tecnología. De esta manera, las opiniones referidas a la identidad profesional se sitúan entre los polos mencionados anteriormente, aunque admiten múltiples variantes.

Por último, considero necesario destacar las aportaciones de Day (2005) quien afirma que los buenos docentes son técnicamente competentes y capaces de reflexionar sobre los fines, los procesos, los contenidos y los resultados de su trabajo, lo cual varía según el ciclo por el que pasan los docentes en su desarrollo profesional. Según ese autor el principal elemento motivador de los docentes es «dejar huella» en sus alumnos y esto depende de su tacto pedagógico, de su conocimiento profundo de la situación y de su inteligencia emocional.

  • La satisfacción laboral

En cuanto a este aspecto, existen estudios de casos que evidencian que los profesores en donde encuentran la mayor satisfacción es en la actividad de enseñanza en sí misma y en el vínculo afectivo con los alumnos, siendo el cumplimiento de la tarea y los logros pedagógicos de los estudiantes la principal fuente de satisfacción. De esta manera, el logro de los objetivos previstos supone una de las experiencias más positivas de la profesión.

El siguiente aspecto de satisfacción laboral identificado por el colectivos de los profesionales docentes es el reconocimiento social, lo cual adquiere mucha significación por el poco prestigio que suele tener la docencia hoy en día en muchos países, de manera que existe una necesidad de que su trabajo sea reconocido por otros. La consideración por parte de los padres y autoridades es escasa por eso cuando ocurre ésta es valorada por los docentes.

En este apartado es necesario hacer referencia a la vocación docente pues se entiende como uno de los pilares que defiende el éxito en la profesión, de ahí que los profesores relacionen sus logros con el rendimiento y aprendizaje de sus alumnos. Por último, es necesario señalar que la satisfacción laboral varía en función de las circunstancias del contexto, la situación económica, los factores culturales, etc.

  • La insatisfacción con la tarea

Los profesores relacionan la insatisfacción en su tarea con un amplio listado de quejas. Una de éstas es la descomposición de un modelo clásico de enseñanza y de ejercicio de la profesión, esto es, una amplia mayoría de maestros describe un modelo de profesionalidad en plena descomposición sin que aparezca otro lo suficientemente pertinente y consistente para tomar el relevo. Otra queja por parte del profesorado es la que se refiere a la disconformidad con sus condiciones laborales y en particular con las condiciones materiales, sea el salario o la infraestructura de las escuelas.  

El sentimiento de pérdida de prestigio social y deterioro de su imagen frente a la sociedad es otro de los factores que contribuyen a la insatisfacción con la labor desempeñada. Este problema de estatus genera en consecuencia inconformismo y baja autoestima.

Por último, las dificultades encontradas en el trabajo suponen otra disconformidad entre el profesorado. Muchos docentes señalan no estar satisfechos con sus condiciones de trabajo y en particular con la falta de una carrera docente. De esta manera muchos profesores abandonan su profesión en el mismo nivel en que la comenzaron, con pocas oportunidades de ascenso a cargos de responsabilidad, o incluso de transferencia a otros niveles de educación, sin un desarrollo profesional consecuente.

  • Falta de valoración social: ¿imagen o realidad?

La construcción de la identidad profesional así como sus discrepancias con la realidad refiere también a la imagen social que tiene para la sociedad. Las expectativas y realidades, estereotipos y condiciones de trabajo, contribuyen a configurar el auto-concepto, autoestima y la propia imagen social.

Resulta complicado medir el reconocimiento de una profesión por parte de la sociedad, y más aún su prestigio social. En general, se dice que una profesión es valorizada socialmente cuando quienes la desempeñan ofrecen un servicio que la sociedad aprecia y considera importante. Además, la opinión pública estima que este reconocimiento se debería recompensar con un salario acorde a su trabajo.

Un aspecto necesario a tratar en el análisis de la situación del docente, es el respeto de que gozan los educadores en la sociedad en general, y en particular, por parte de los alumnos, ya que de ello dependerá que encuentren más o menos dificultades en el desarrollo de sus tareas.

La valoración sobre la profesión docente ha cambiado en los últimos tiempos. A principios de siglo XX, pertenecer al sistema educativo era visto como un privilegio, lo que permitía la incorporación a un ámbito respetable y prestigioso, con posibilidades de autorrealización y pertenencia significativa. Sin embargo, hoy en día, el trabajo docente ha sido calificado como un trabajo de riesgo con factores tales como: sobrecarga de tareas, bajo reconocimiento social, atención a otras personas, rol ambiguo, incertidumbre respecto a la función, falta de participación, individualismo, etc.

  • La crisis de la identidad docente

La crisis de la identidad surge a partir de la tensión entre el profesor ideal y el profesor real, es decir, entre lo que se espera que sea y realice y lo que efectivamente es y puede hacer el profesor.

Para responder a las exigencias de la actualidad, se necesitan profesores con habilidades, competencias y compromisos cada vez más complejos. Son las nuevas demandas y conocimientos sociales los que inciden en la petición de redefinir el trabajo docente, así como su formación y desarrollo profesional, pues hoy en día los roles asumidos por los docentes de manera tradicional, es decir, enseñando de manera conservadora los contenidos del currículum, son inadecuados. De esta manera, debería darse un cambio profundo del propio modelo escolar, para lo que es imprescindible modificar el modo tradicional de pensar y de hacer las reformas e innovaciones que involucran a los docentes, pues son estos el factor central de cambio. Es necesario en consecuencia, lograr reformas significativas, efectivas y ante todo sustentables en las prácticas profesionales y culturas de trabajo los docentes.

 

 

 

Bibliografía:

Colén Riau, M.T., Jarauta Borrasca, B. (2010). Tendencias de la formación permanente del profesorado. Barcelona: Horsori.

 

Comentarios

  • Lourdes Montero

    La construcción de la identidad docente precede a la formación inicial. Está en las historias previas, en la familia, en las relaciones con otros profesores que han jalonado nuestra existencia... El largo aprendizaje de la socialización como alumnos...

    Citas los "Cuadernos de Formación del Profesorado" como tu fuente y en la referencia a Colén y Jarauta (2010), precisas. Insisto en el tema de citas indierctas y su tratamiento.

    Ánimo

    Lourdes