Los secretos de la formación: motivación y emoción

Todo trabajo tiene algo divertido y si encontramos ese algo, en un instante... se convierte en un juego. Y si logramos divertirnos, lo haremos mejor. Este es el truco para ser felices. Es tan solo encontrar ese poco de “azúcar”, esa “píldora” que te ayude a ser mejor.  Si hay ese algo, entonces estaréis satisfechos con vuestro trabajo. Si hay ese poco de azúcar, todo resulta más fácil (Mary Poppins) ¿Os imagináis un contexto en el que sea posible aprender divirtiéndonos? ¿Y un contexto de enseñanza y aprendizaje en el que los alumnos y alumnas sean conscientes de qué los mueve y dirigirlo hacia el aprendizaje?

“Eso” que nos mueve es la motivación. Este es un paso previo al aprendizaje y el motor del mismo; pero no solo del aprendizaje, sino de todas nuestras actuaciones. En un contexto como el que está atravesando la enseñanza y tratadas temáticas a lo largo de estos tres meses tales como: vocación, bienestar emocional, desarrollo vital, percepción social… Veo que la motivación es una de las piezas claves que se encuentran en todo el proceso de formación y desarrollo profesional del profesorado y que cobra una especial importancia en los tiempos que estamos viviendo. Ya que en tiempos de crisis se tiende a tomar decisiones con el corazón más que con la razón (Eduard Punset). Decisiones que, a lo mejor, nos puedan llevar a ver las dificultades como retos y como oportunidades de desarrollo profesional, tal como anunciaba Paulo Freire.

 La motivación es reconocida hoy en día como una pieza clave para los procesos de enseñanza y aprendizaje de todas las personas. Etimológicamente, el término de “motivación” viene del latín “motivus” que significa “ponerse en marcha”. De manera teórica, es aceptada su definición como una “atracción hacia un objetivo que supone una acción por parte de la persona y le permite aceptar el esfuerzo que requiere para conseguir ese objetivo”. Es la encargada de iniciar, dirigir, mantener y detener una secuencia de conductas dirigidas a una meta.

Los procesos implicados en la motivación pueden tener tanto carácter interno (planes, metas, expectativas,…), como externo (reconocimiento, elogio, recompensa, premios, castigos,…).  Por ello, a día de hoy, se puede distinguir fundamentalmente entre dos tipos de motivación: la motivación extrínseca (tener) y la motivación intrínseca (saber). Aunque también se incluye la motivación transcendente (dar), pero con un menor reconocimiento. Todas ellas actúan de manera complementaria.

Todo tipo de motivación tiene una estructura cíclica compuesta por tres fases que se repiten continuamente una vez acabado el proceso. En un primer momento aparece una necesidad que origina un impulso; éste a su  vez genera un incentivo a partir del momento en el que se tiene un objetivo claro; una vez logrado el objetivo y satisfecha la necesidad, da lugar a que aparezcan otras diferentes, provocando así que vuelva a empezar de nuevo todo este proceso.

Si bien el proceso de aprendizaje, de formación, es un derecho y un deber. Por otro lado, también es una elección del profesorado. Y, no debemos olvidar que las emociones están al comienzo y al final de todos los proyectos y de todos los mecanismos de decisión (Eduard Punset). La motivación, como motor de nuestras actuaciones, tiene una estrecha relación con la emoción y la razón, claves para los procesos internos de enseñanza y aprendizaje.

Cada vez que un estímulo exterior reta a la mente, se dispara un proceso instantáneo y desenfrenado de búsqueda en los archivos de la memoria; se trata de situarlo en su debido contexto y hurgar en su verdadero sentido. La respuesta no se hace esperar y sólo existen dos opciones: el estímulo llegado del universo exterior deja a la mente indiferente o, por lo contrario, desata una emoción impregnada de amor y curiosidad. Son los dos componentes básicos de la creatividad, de la capacidad de los humanos para hacer algo nuevo partiendo de su entramado biológico.” (Eduard Punset)

Las características ideales que se tendrían que dar para que las personas, en general, y el profesorado, en particular, se formasen de manera continuada y permanente a lo largo de su ejercicio serían las siguientes:

  • Aproximación: búsqueda de una situación o estímulo, en vez de evitación. 
  • Ser una tendencia general de acción, en vez de ser puntual o momentánea.
  • Presencia e intensidad de la motivación. Que viene de mano de aspectos como: Latencia (tiempo de respuesta tras haber recibido el estímulo), la persistencia (tiempo que pasa entre el comienzo y el final de una respuesta), la elección o preferencia (selección de una conducta u otra), la amplitud (intensidad de la respuesta), y la probabilidad de respuesta (cantidad de veces que se da una conducta respecto del total de posibilidades de que se dé esa conducta).

La motivación intrínseca implica, por lo tanto, que nazca de la propia persona, de manera espontánea; a partir de las necesidades psicológicas orgánicas, la curiosidad personal y los esfuerzos innatos por crecer. Cuando una persona se siente competitiva y autodeterminada, experimenta una motivación intrínseca. Cuando esta misma persona se compromete en tareas y se siente competitiva y autodeterminada, también está experimentando una motivación intrínseca. Por ello, cuando se habla de motivación del profesorado, se debería atender sobre todo a aquella que nace de manera intrínseca, ya que es la más significativa y la que nace de la propia vocación.

Esta es una especie de fuerza motivacional natural que da fuerza a un comportamiento, aún cuando no se den recompensas y presiones del exterior; por lo que favorece la autonomía personal y su duración en el tiempo, así como una mayor conciencia del Locus de control interno. Las fuentes de dicha motivación pueden ser:

  1. Necesidades fisiológicas: motivos personales, efectividad y curiosidad.
  2. Características de la actividad: sus propiedades y el desafío que supone.
  3. La manera de percibirnos a nosotros mismos: conducta asociada al interés (competencia y autodeterminación) y/o conducta asociada al disfrute.

 “No podrás vivir con auténtica pasión si te conformas con llevar una vida que es menos de lo que eres capaz de vivir” (Nelson Mandela)

Todo esto dentro de una profesión que, como explica Vale Quaresma se encuadra y contextualiza en un escenario de enseñanza y aprendizaje complejo y en constante cambio; y con un fin que, a pesar de ser personal, perfectamente se puede extrapolar a aquellos de su misma profesión: Proporcionar y mejorar, constantemente, la calidad de aquello que se enseña. Añadiendo a sus palabras quizás un “y aquello que se aprende durante el camino”. La calidad es uno de los fines de la educación, una calidad que es en realidad una búsqueda que nunca termina y que nunca terminará, pero no por ello pierde su importancia dentro de la actividad laboral y de la propia formación de los profesionales de la educación. En este camino, se van adquiriendo experiencias, saberes, conocimientos, destrezas… que les ayudan a encauzar su vocación, su pasión; así como desarrollarse tanto en el ámbito personal como en el profesional; convirtiendo a la motivación en un desencadenante tanto de la formación como de la realización personal.


Bibliografía:

  • REEVE, J., 1ºEd. (1994): Motivación y emoción. Madrid: Ed. McGraw- Hill.
  • PUNSET, E. (2011): Excusas para no pensar: Cómo nos enfrentamos a las incertidumbres de nuestra vida. Barcelona: Editorial Destino.
  • VALE, J. (2014). O descontentamente e o desgaste professional em profesores dos ensino básico y secundario. Porto: Ediçoes Afrontamento.

Webgrafía:

Video Un poco de azúcar. Recogido de:

Documental Entre maestros. Recogido de: 

Video ¿Te atreves a soñar? Recogido de:

Documental “Inteligencia emocional en Japón”. Recogido de:

Artículo “¿Cuál es tu motivación? ¿Y tu ilusión?” Recogido de: http://www.elblogalternativo.com/2014/11/28/y-tu-motivacion-cual-es-cual-es-tu-ilusion/

Comentarios

  • xeila raposo rodríguez

    Desde mi punto de vista, creo que es imposible poder realizar un trabajo eficaz o bueno sin tener esa motivación pertinente de la que tú hablas. Desde luego, tu estado de ánimo influye sustancialmente en la realización de la tarea que quieras realizar. Opino que, cuando estás directa al público, es decir, un trabajo cara a cara como es la educación, siempre debes dar esa dosis de energía que los alumnos necesitan para ver que no están allí para perder el tiempo. Somos seres muy influyentes, y cualquier persona o cosa nos puede condicionar o motivar de una determinada forma. La frase que recoges de Nelson Mandela, sin duda, además de su gran verdad es preciosa.

    Un besito Kiss