Una mirada a la figura del asesor en la formación de formadores

En esta nueva entrada a mi blog, me gustaría referirme a la figura de los formadores y asesores, figuras dentro de la formación permanente, y mencionadas en una de las sesiones en las que tratamos dicha formación.

En primer lugar voy a ofrecer un vídeo muy cortito, pero significativo, y que invita a pensar. En él habla Elena Martín de la Universidad Autónoma de Madrid, y creo que puede actuar para “endulzar la boca” y que queráis continuar leyendo y aprendiendo un poco más sobre lo que deseo exponer.




Seguidamente, ya trabajaré lo que indagué mediante la lectura y análisis de documentación y, para ello, qué mejor manera que completar mi información y saciar mi curiosidad al respecto que a través de las palabras que escribe la propia profesora de la materia, Lourdes Montero (2006). De este modo, nos sugiere varios aspectos a tener en cuenta, y que expongo en las líneas que siguen.

Nos dice la autora que el MEC (1989), considera que los asesores serán los “docentes cualificados, con una suficiente experiencia profesional, no sólo en el aula, sino también en actividades de formación, grupos de trabajo, seminarios permanentes, etc. pero sobre todo se les considera profesionales de amplia formación cultural, dotados de un amplio grado de reflexión sobre el mundo de la educación, que los califica para tener una visión integradora de las problemáticas específicas de las distintas áreas y ciclos. Esto sólo es posible si tienen un conocimiento actualizado en psicopedagogía y en los aspectos didácticos y disciplinares de su propia área, materia o ciclo. En otro orden de cosas, se valorará su capacidad de gestión, y de dinamización de relaciones humanas”.

Pero, a pesar de esto, tanto la figura del formador o del asesor, cuentan con poca andadura en lo que a la profesionalización se refiere, debido a que en sus inicios se consideraba que la experiencia que podía tener un docente a través de los años de profesión, o su implicación en tareas de renovación pedagógica eran aspectos suficientes para ser formador o asesor de formadores.

Sin quitarle importancia a la experiencia de ningún profesional, hay que añadir a eso   otros aspectos que pueden ser necesarios para ser un asesor, tales como: contar con actitudes y estrategias para poder trabajar con otros, contar con mentores en los inicios de la práctica profesional, conocer el campo de la formación del profesorado y, probablemente muchos más.

En general, aún sabiendo esto,  la formación de estos asesores no está muy delimitada, y algunos programas destinados a ello que existían se eliminaron sin saber muy bien el motivo.

De lo expuesto, se deducen una serie de reflexiones sobre los problemas de los asesores y que Montero (2006) nos recuerda:

  • Se amplían las expectativas hacía ellos, pero no el apoyo formativo para poder desarrollar su labor y por lo tanto, no se le brinda la consideración profesional que se debería.

  • Los asesores se dirigen mucho más a un modelo burocrático, de redacción de informes, memorias…

  • Diversidad de bagajes formativos de asesor, que pueden obstaculizar su desarrollo.

  • Insatisfacción de los asesores con respecto a su trabajo.

  • El dilema sobre su consideración (especialistas o generalistas).

  • La duda sobre su reconocimiento por parte de los profesores, si son aceptados o no.

Así pues, deduzco por lo analizado, que al asesor no se le brinda la importancia que tal profesional merece. Se exige una buena formación a los docentes, pero no se dedica un punto fuerte a lo que el formador de esos formadores se refiere, lo que creo que es incoherente. Los asesores llegan a ser representativos de los centros de formación permanente, de esos centros a los que los profesores acuden y en los que se forman. Por lógica, si se descuida la formación y profesionalización de  los primeros, repercutirá en los segundos.

Y, además, las condiciones a exigir para entrar a formar parte de esta profesión van disminuyendo, aspecto también que no me cuadra, ya que en la definición del MEC parecen estar hablando de una figura muy concreta y no de “una más”, lo que implicaría una formación delimitada para poder acceder a un puesto de esas características que guarda tras de sí mucha importancia, influyendo en otros formadores y tratando de ayudarles en su labor de docentes. De nada sirve hablar de la formación del profesorado, si los profesionales que los ayudan no están todo lo reconocidos que deberían.

Referencias bibliográficas

Montero, L. (2006). Las instituciones de la formación permanente, los formadores y las políticas de formación en el estado de las Autonomías. En J. M. Escudero y A. Luis Gómez (eds.), La formación del profesorado y la mejora de la educación (pp. 155-194). Barcelona: Octaedro

 

 

Comentarios

  • Ana Fernández Cid

    Está muy bien la entrada! El vídeo es muy claro y directo. La figura del asesor es otro "campo de batalla" en el que la profesionalización y el prestigio toman un papel principal para su avance y desarrollo. Creo que es una pieza más del rompecabezas educativo dentro de los "tiempos de crisis" que estamos viviendo. No debemos olvidarnos que la sociedad del conocimiento tiene como base a profesionales altamente capacitados y esto cobra un especial valor cuando estamos hablando acerca de los profesionales de la educación tanto en el centro educativo como en la comunidad educativa.

  • Adriana Mayán

    Interesante entrada Leticia!!!

    Creo que aportas un vídeo moi aclarativo en canto a figura do asesor de formación, aportando información sobre as súas competencias e limitacións no contexto actual.

    Un saúdo e grazas