Carta a la Tecnología

Querida Tecnología,

Una vez más nuestros caminos se cruzan, sin embargo, en esta ocasión, creo que nuestro encuentro resultará más fructífero y satisfactorio. Ya han sido tantas nuestras aventuras y desventuras que podría considerarte como mi segunda madre, los “Hijos de la Tecnología”, con tu ayuda hemos marcado una nueva era en la sociedad de la comunicación. Estás en mi vida desde que tengo recuerdo. Aquel verano del 90, en el que vine al mundo, tu ya te abrías camino a pasos agigantados ante una sociedad de desconocimiento.

En el colegio empezábamos a elaborar nuestros primeros trabajos en un lento y dificultoso procesador de textos, algunos en un ciber y los más afortunados en su propio ordenador de mesa, eso sí, con la voz de papá gritando por detrás que desenchufáramos el ordenador para poder conectar el teléfono, que necesitaba hacer una llamada. Quién nos iba a decir, en aquel momento, que pocos años después íbamos a poder llamar, conectarnos a internet, en cualquier momento y lugar y todo de forma simultánea e incluso desde el mismo dispositivo.

Fingíamos elaborar trabajos, con la innovadora enciclopedia Encarta, mientras conversábamos por el Messenger y mandábamos zumbidos al chico que nos gustaba. Amenizábamos las excursiones en autobús a la Casa de las Ciencias con nuestro Walkman y nuestro cassette favorito, coreando el “Wannabe” de las Spice Girls por el micrófono del conductor. Incluso, en ocasiones, algún compañero llevaba una pequeña televisión portátil (del tamaño de una GameBoy,) para no perdernos el partido de España durante la visita.

Actualizábamos el fotolog dedicado cada día a una amiga distinta, lo inundábamos de letras de canciones de El Canto de el Loco y siempre, claro estaba, escrito todo alternando letras mayúsculas y minúsculas.

Poco a poco, querida Tecnología te fuiste haciendo más indispensable en nuestras vidas. Aunque por aquel entonces nunca nos compraban móviles, los hermanos pequeños teníamos la suerte de heredarlos. Recuerdo el magnífico Nokia 3310, echaba horas jugando al Snake, intentando que la serpiente no se mordiera la cola. Sin embargo, pocas veces lo utilizábamos como tal, nos entendíamos mediante “toques” y “toques largos”. “Te doy un toque y bajas”. Ahora podemos echarnos horas conectados al WhatsApp para decidir cómo, dónde y cuándo quedar. No sólo tu te has vuelto más sofisticada, has conseguido que nosotros nos volvamos personas más complejas. Cuando era pequeña mi relación contigo se resumía en un fotolog, el messenger, los disquettes, un par de películas en VHS y varios cassettes. Hoy en día tengo tantas cuentas de correo electrónico que me resulta difícil recordar todas las contraseñas, tantas redes sociales abiertas y otras muchas que desconozco que no recuerdo ni la función de cada una: Facebook, Tuenti, Instagram, Pinterest, Google+, Twitter, Tumblr... si no se ni como pronunciarlas!

Eres un gran apoyo en mi día a día y en el de toda la sociedad: coches de todas las formas y colores, al gusto de cada uno y equipados con la última tecnología, electrodomésticos inteligentes para los más perezosos en la cocina, ordenadores y dispositivos de última generación capaces de realizar tareas que antaño serían impensables. Sin embargo, cuál es la vida útil de todos esos recursos que nos proporcionas? Nos has convertido en una sociedad avanzada, innovadora... pero al fin y al cabo una sociedad de “usar y tirar”. Una sociedad insatisfecha y caprichosa, que necesita estar a la última para sentirse integrada.

Querida Tecnología, la sociedad de consumo es tu fiel aliado. Con esto no quiero hacerte responsable de nada, somos nosotros los culpables, personas carentes de personalidad y criterio que usamos inconscientemente los recursos que nos proporcionas. Has ayudado a mejorar millones de vidas gracias a los avances en medicina e investigación; has conseguido forjar un clima de comodidad y confort proporcionándonos todo lo que necesitamos con sólo presionar un botón. Es algo positivo que nos ayuda a crecer y mejorar como sociedad, sin embargo debemos aprender a vivir con ello, a hacer un uso responsable de todas las puertas y ventanas que nos abres hacia caminos infinitos. Personalmente, espero y deseo aprender más de ti en esta nueva etapa de mi vida, lograr aprovechar todas las ventajas que me ofreces y conseguir que me inundes de nuevos conocimientos y habilidades que me resulten útiles en mi futuro profesional como pedagoga, y como ciudadana de esta sociedad en continuo desarrollo.

Querida Tecnología, para despedirme, te invito a reflexionar conmigo: ¿Vivimos en la Sociedad de la Información o en la Sociedad de la Infoxicación?

 

Atentamente, Ana.  

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