La temida evaluación.

Antes de comenzar a publicar todas las entradas que están por venir, he de confesar que es la primera vez que reflexiono (tanto) sobre la forma de llevar a cabo y de autoevaluar mi propio trabajo. Mi limitación siempre suele ser: "tiene suficientes cosas, bien escritas, concuerda con lo estudiado: puedo optar a un "x", pero..." Ese "pero"

Pero, ¿por qué tenemos que saber qué significa nuestra nota una vez puesta? El cuadro que los profesores de esta asignatura nos han proporcionado el primer día de clase sirve, a mi parecer, para dos cosas:

1. Ellos, como profesores, están tranquilos sabiendo que tenemos una referencia exacta y clara de cómo se valorará nuestro trabajo.

2. Nosotros, como alumnos, tenemos esa "chuletilla" para autovalorar nuestro proceso y trabajo.

¿Qué quiero decir con esto? Es una forma de no ir a ciegas, de saber con antelación que las tareas subidas todas juntas el último día antes de la revisión, como si de un vómito repentino se tratara, no sirve. La continuidad de trabajo no es algo a lo que esté acostumbrada, porque sí, admito que soy de esas personas ultimistas en ciertas ocasiones. Nos dicen desde edades tempranas que trabajemos un poco cada día, que leamos las cosas más de una vez, que los atracones no sirven, etc. Nos dicen... Y como bien sabemos, las palabras se las puede llevar el viento una vez quedan suspensas en el aire. 

De ahí lo positivo del cuadro de criterios e indicadores para la evaluación de portafolios: el archivo está ahí y no se irá.

Espero ser capaz de trabajar un poco todos los días, descubriendo otros aspectos relacionados con la temática a trabajar para que al terminar mi e-portafolio, pueda quedar satisfecha com mi trabajo y conmigo misma. 

Toca dar el callo en este fin de semana tan soleado y bonito que nos depara la climatología gallega. Cool

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