Información,Conocimiento/Conocimiento,Información

El tiempo, como unidad de medida gestionable desde finales de la Edad Media gracias a los avances tecnológicos de aquellos días, ha encontrado su ocaso (junto con el espacio) en esta nueva era que nos cierne y en muchas ocasiones nos apabulla debido a la itinerancia y rapidez de sus cambios. Estamos tratando con unidades de medida insuficientes para una sociedad del conocimiento en la que lo intangible de las nuevas redes de comunicación las hace obsoletas. En esta nueva sociedad, el conocimiento se sitúa como la base de poder post-capitalista, en la que los trabajadores tradicionales de servicios se diferencian de los trabajadores del conocimiento no por la calidad de sus producciones, sino por la coyuntura que atañe a cada puesto: estar inmerso en una corriente de manejo de información implica poder, ni más ni menos. El equilibrio se encuentra en el cambio constante y las personas solo podemos apelar a nuestra mutabilidad como factor clave para adaptarnos a un tiempo que parece un paso por delante a lo que estamos acostumbrados cada minuto que pasa.

Nuestra relación con el conocimiento ha cambiado en tanto a las habilidades con las que contamos para transformarlo, palpables todas ellas en las nuevas tecnologías que nos ayudan a la gestión y difusión inmediata de la información. En la praxis, el conocimiento tiene una capacidad de transformación que tiene su punto clave en la inmediatez en la que esta se hace efectiva y, en este sentido, la red como motor difusor ha hecho que se acelere el proceso de cambio e intercambio y, a su vez, de la creación de nuevos conocimientos.