Una mirada a la tecnología

Hoy en día todo gira en torno a la tecnología, y nosotros con ella. Aprendizaje, viajes, economía, trabajo, noticias, compras, deporte, amistades... el día a día de las personas puede gestionarse desde la palma de una mano. Ordenadores, móviles y demás innovaciones tecnológicas se han introducido en la sociedad de tal manera que incluso llegamos a sobrepasar los límites de uso.

Hasta tal punto somos dependientes de la tecnología que vivimos condicionados (y atados) a la adquisición de lo último y más nuevo, al mercado generado para mejorar nuestras vidas. ¿Pero realmente las mejora? Desde mi punto de vista, nos estamos volviendo un poco locos en este sentido: es mejor tener cien amigos en una red social que diez con los que puedes quedar y hablar en persona, subir fotos de tus viajes es mejor que aprovechar el tiempo en el propio lugar, jugar con la consola es mejor que hacerlo fuera, en la calle.

Mejor, la palabra por excelencia de las nuevas tecnologías es "mejor". Y realmente pueden llegar a convertirse en todo lo contrario si no sabemos gestionar su uso a aquello que realmente lo necesita. Siempre se ha dicho que los niños y niñas aprenden haciendo, tocando, experimentando...; a día de hoy, les damos una tablet para que vean como es un árbol, cuando en la mayoría de los casos a tan solo cinco minutos (sino al lado), tendrán uno de verdad, uno que pueden tocar y sentir. 

Las tecnologías se convierten al final en un arma de doble filo: todo lo positivo y el avance que traen consigo en un principio puede ir en detrimento de la vida en sociedad, una vida que debe tener como pilar las relaciones entre personas. Sin duda alguna, son fuente de mejora y comodidad del día a día, y una sociedad tan avanzada en este sentido no decaerá conforme pasen los años; y es por ello que debemos proporcionar una educación tecnológica adecuada, con el fin de formar la conciencia de las personas para saber distinguir entre necesidad y exceso u obsesión.