El libro digital: ¿avance real o ficticio?

El mes pasado, durante las prácticas, asistí a una reunión que tuvieron las tutoras de 6º curso con los padres y madres de sus alumnos y alumnas. Las profesoras querían comentarles varios asuntos, entre ellos, el bajo rendimiento que sus hijos estaban teniendo últimamente.

Una de las madres allí presente mencionó que, posiblemente, la causa de los malos resultados de los niños era la introducción del libro digital en clase; porque les obligaba a bajar los apuntes de la página web donde las profesoras los colgaban y, como consecuencia, tenían que estudiar por el ordenador. Algunos padres se mostraron de acuerdo con esta teoría, mientras que otros decían que, con tal de imprimir los apuntes, se podía estudiar perfectamente sin el ordenador.

Las profesoras, por su parte, desmintieron este supuesto alegando que, hoy en día, los niños se manejan mucho mejor con las nuevas tecnologías que los adultos. Por lo tanto, el problema no radicaba en que los alumnos tuviesen dificultades para encontrar los apuntes o para elaborarlos. La orientadora apuntó que, en realidad, el problema no estaba en el soporte sino en las técnicas de estudio; esto es, para poder estudiar bien, los niños deberían hacer sus propios esquemar a partir de los apuntes, pero esto es más complicado y exige más esfuerzo que "chaparse" los apuntes tal cual están, lo que no aporta para nada un aprendizaje significativo ni, por consiguiente, útil.

A pesar de todas las explicaciones que dieron las tutoras, la mayoría de los padres no se convenció y siguió sosteniendo que el libro digital era la causa del problema. Lo que sí admitieron los docentes fue que, con esta nueva tecnología, a los padres les resulta más difícil hacer seguimiento de si sus hijos estudian o no.

La clase de interactiva del 15 de marzo, en la que se habló del libro digital, me hizo recordar esta anécdota ya que, como bien reflejaban algunos de los textos trabajados, las nuevas tecnologías han introducido nuevos soportes en los que trabajar pero, en cambio, las formas de enseñar no han cambiado. Hemos pasado el libro de texto del papel al ordenador, pero seguimos exigiendo el mismo temario para estudiar de la misma forma y, dado que la mayoría prefiere imprimir los apuntes, en realidad no se soluciona nada. 

Por otra parte, la actitud de los padres refleja que no son conscientes de lo que sus hijos son capaces de hacer con las nuevas tecnologías. Los roles tradicionales de padres e hijos están cambiando; en este ámbito, son los hijos los que más saben, por lo que a los padres les resulta difícil hacer un buen control de su aprendizaje.

Llegados a este punto, creo que no sabemos el verdadero potencial de las nuevas tecnologías y lo que podemos hacer con ellas. Seguimos exigiendo a los alumnos que memoricen grandes cantidades de datos e información que, ahora mismo, están al alcance de un "clic"; pero por el contrario, no les damos las herramientas necesarias para que sean capaces de buscar, filtrar y analizar esa información.

Sabiendo esto, la pregunta es: ¿Que estamos haciendo mal?