Cyberbullying

En mi anterior entrada hablé sobre lo explicado en la expositiva del pasado miércoles, que trató acerca de la identidad digital. En ese último blog hablé del tema de la privacidad y seguridad en las redes sociales. En esta entrada trataré un tema perteneciente a ese ámbito y muy relevante actualmente: el cyberbullying.
Como todos sabemos, el cyberbullying o ciberacoso consiste en coaccionar o amenazar por medios digitales a un individuo o un conjunto de ellos. A través de los medios digitales los acosadores realizan amenazas personales, divulgación de información confidencial, calumnias... Practicar ciberacoso puede constituir una delito penal ya que supone violación de la intimidad y la privacidad, lo que implica atentar contra el honor de la víctima.
Actualmente con el boom de internet y el continuo auge de las redes sociales, este tema está cada vez más presente y no es inusual encontrarse con casos de acoso virtual. A esto se le suma la (cada vez más) temprana iniciación de los niños/adolescentes a las redes sociales, lo cual en ocasiones lleva implícito un desconocimiento a la hora de moverse dentro del mundo virtual.
Para constatar dicha información, navegando por internet encontré un artículo de la revista digital Cabal que trata sobre el ciberacoso, profundizando en sus causas y las características del prototipo de víctimas que lo sufren.
En dicho artículo se narra que la mayoría de las víctimas que padecen este tipo de acoso se encuentran entre los 12 y los 17 años de edad, destacando el curioso dato de que la mayoría son mujeres, habiendo un inferior porcentaje de hombres.
Teniendo en cuenta la edad de la mayor parte de las víctimas del ciberacoso, también informa que en gran parte de los casos, la naturaleza del problema viene por motivo de que los acosadores difunden fotografías o vídeos inapropiados de las víctimas, normalmente en situaciones íntimas o comprometidas. Dentro del ámbito de los institutos también es frecuente la creación de blogs o páginas difamando al/los compañero(s) atacado(s).
Las consecuencias no sólo se centran en que las víctimas pasan "un mal trago por una publicación privada revelada en un momento determinado", ya que este tipo de acoso suele ser prolongado y permanente.
Sufrir ciberacoso puede conllevar a padecer depresión, desinterés por los estudios, menguar las ganas de ir a clase, estado de tristeza continuo. "Dependiendo de la personalidad de la víctima y del tipo de acoso, se sufrirán unos síntomas u otros", afirma Virginia Ungar, médica psicoanalista, y consultora del Comité de Análisis de Niños y Adolescentes de la Asociación Psicoanalítica Internacional.
Personalmente opino que tomando las medidas correctoras y aplicando las sanciones oportunas se podría solucionar y evitar muchos de estos casos.
Como ya es sabido, incluso conociendo la gravedad de la situación, algunos centros educativos ignoran los casos de ciberacoso adquiriendo una actitud pasiva por parte del profesorado y de la dirección. Como solución al tema del acoso en los colegios e institutos, yo propondría realizar charlas informativas tanto para el alumnado como para el profesorado con el objetivo de solventar y prevenir el acoso escolar, siempre de cara a la realidad y sin dejar a un lado la gravedad de la situación.
En cuanto el cyberbullying dentro de las redes sociales y fuera del ámbito escolar, considero de vital importancia la creación de campañas publicitarias para paliar la situación, dando a conocer las consecuencias y los peligros de este tipo de acoso con la intención de concienciar sobre todo al público adolescente y preadolescente. La divulgación de estas campañas debería tener su máxima presencia en los medios televisivos y en internet.
En cuanto a las medidas comentadas, no sólo es importante saber solucionar y ponerle fin a los casos de ciberacoso, sino que la prevención me parece un punto fundamental para evitar muchos de estos casos. Dentro de las medidas previsoras, yo le daría gran insistencia a inculcar las consecuencias de subir material privado o personal (voluntariamente hablando) a las redes sociales, así como estar pendientes del contenido personal que otros/as tienen en sus dispositivos digitales sobre nosotros (fotografías, vídeos, conversaciones...). Aquí también se podría profundizar en una tendencia cada vez más practicada por los jóvenes: el sexting, ya que en ocasiones muchos casos de acoso vienen derivados por la difusión de imágenes de índole sexual por causa de haber enviado este contenido a la persona incorrecta.
En cuanto a las medidas de sanción adoptadas, considero que habría que aplicarlas severamente siempre dejando claro que practicar ciberacoso supone un delito penal y no es ningún juego.
Como reflexión final, opino que con una mayor insistencia al colectivo preadolescente y adolescente en cuanto al tema y aplicando castigos más severos podrían solucionarse gran parte de estos casos, sin dejar del lado que a ciertas edades tempranas que se corresponden con el inicio del contacto con el mundo virtual y las redes sociales, conviene un control mínimo por parte de los padres acerca de la actividad realizada por los adolescentes en internet.