Conductismo vs. constructivismo.

Como ya mencioné más de una vez en mis últimas entradas, no es lo mismo tener acceso a nuevos medios y herramientas tecnológicas que realizar un avance real en el aprendizaje, ya que la clave está en el cambio de la metodología y el aprovechamiento del potencial de estas tecnologías. El problema está precisamente en lo superficial de su uso en educación: se compran ordenadores y pizarras digitales como una muestra de evolución o una búsqueda de prestigio para continuar con un sistema de aprendizaje exactamente igual al que se lleva perpetuando durante años con los libros de texto. Un sistema conductista que pasa a los ordenadores con el mismo tipo de actividades de libros y fichas, solo que en esta ocasión se solucionan con un ratón y un teclado en lugar de con un lápiz. ¿Qué utilidad tiene realmente emplear desorbitadas cantidades del dinero destinado a educación (ya de por sí insuficiente) en herramientas que no nos proporcionan mayor innovación que un cambio de soporte?

Tal como afirma Segura, M (2005), el conductismo se basa en la autoridad del docente y su poder para imponer reglas que los alumnos siguen condicionados por ciertos mecanismos, desde el premio (las conductas recompensadas suelen repetirse), el reforzamiento negativo (las conductas que evitan un castigo suelen repetirse) o el propio castigo (las conductas que causan consecuencias negativas no se repiten). Este planteamiento es útil y efectivo para muchas cosas, como enseñar los comportamientos sociales adecuados y marcar los inaceptables; pero el hecho de extender el aprendizaje por imitación y modelado a otros ámbitos de conocimiento el peligroso, ya que no deja espacio al alumno para pensar por sí mismo ni cuestionar qué es lo que está aprendiendo, por qué o para qué le sirve. Además, el control que tiene el profesor sobre el proceso de enseñanza le da el poder para acomodar el aprendizaje de sus alumnos a su propio criterio, lo que se vuelve especialmente preocupante si nos planteamos la posibilidad de modelar su conducta en cuanto a moralidad y capacidad crítica.

El constructivismo, sin embargo, se contrapone al conductismo y permite a las nuevas tecnologías suponer un elemento verdaderamente relevante y útil para una mejora e innovación educativa real que permita dar un paso más en el proceso de aprendizaje y permitir a los alumnos aprender de un modo crítico y creativo más allá de la mera reproducción y repetición. 

A pesar de la evolución que suponen las implicaciones del desarrollo de la psicología conductista (Escontrela, R. 2002), se sigue aplicando el modelo conductista que se implementó en los años sesenta y setenta ya que  los currícula y métodos no fueron alterados sustancialmente desde entonces. Sin embargo, el modelo constructivista sí tiene presencia en la formación teórica de los futuros docentes, por lo que es cuestión de tiempo (o eso espero yo personalmente) que las nuevas generaciones de profesionales de la educación pongan en práctica en el aula este planteamiento.

 

 

 

REFERENCIAS

Escontrela, R. (2003). Bases para reconstruir el diseño instruccional en los sistemas de educación a distancia. Docencia Universitaria. 4 (1), 25-48. Recuperado de: http://especializacion.una.edu.ve/teoriasaprendizaje/paginas/Lecturas/Unidad%203/Escontrela2003.pdf

Segura, M. (2005). El ambiente y la disciplina escolar desde el conductismo y el constructivismo. Actualidades investigativas en educación. 5, 2-18. Recuperado de: http://www.revistas.ucr.ac.cr/index.php/aie/article/view/9171