COMPARTIENDO AUTOBIOGRAFÍAS

¿Nuestras experiencias con la tecnología educativa son parecidas o totalmente diferentes? A esta cuestión buscábamos responder la semana pasada en clase. Para ello recurrimos a las autobiografías que estamos escribiendo. Primero en parejas, luego por grupos y finalmente todo el conjunto de la clase, comentamos nuestras vivencias durante la etapa escolar (desde educación infantil hasta la universidad) en materia de tecnología educativa.

Tanto con mi pareja como con mi grupo posterior pude comprobar que las experiencias eran bastante similares. Todos los componentes habíamos tenido algún ligero contacto con las tecnologías en infantil o primaria, pero este se reducía a la proyección de películas en el aula. En secundaria se había reforzado esta relación: buscábamos información en el ordenador en pocas ocasiones, preparábamos presentaciones en Power Point o nos daban las clases con diapositivas en la pantalla digital. Lo mismo ocurrió durante el bachillerato y en la universidad y, en esta última, se incrementó el trabajo en soportes electrónicos y la comunicación a través de redes sociales.

A pesar de todos los rasgos comunes que encontramos, hay también algunos factores que diferencian nuestras experiencias. Yo, por ejemplo, tuve clase de informática en 4º de ESO en la que aprendí a crear una página web (muy básica), retoque fotográfico y a utilizar bien algunas aplicaciones. Otra compañera estudiaba en religión mediante juegos interactivos en el ordenador, aunque destacó que esto sólo hacía aumentar el carácter lúdico de la materia. Eran desigualdades más o menos notables.

Cuando juntamos todo lo que comentamos con el resto de la clase surgieron vivencias aún más interesantes, si bien al mismo tiempo escasas. Un par de personas habían estudiado programación, otro compañero había tenido que desmontar y volver a montar un ordenador y otra chica había llegado a construir un robot. Experiencias muy atractivas que destacan por ser novedad entre todas las demás. Cuanto menos parece que, en estos casos, hacían un uso menos pasivo de las tecnologías. En este punto me deprimí un poco al darme cuenta de que, realmente, mi experiencia con las TIC ha sido algo nefasta y nada productiva. Que ganas me dieron de irles a cantar las cuarenta a mis profesores.

A partir de todas nuestras aportaciones empezamos a clasificar las experiencias con las TIC en distintos grupos. Pero primero tuvimos que concretar qué se entiende por tecnología pues, siendo sincera, no lo teníamos muy claro: muchos respondimos que no habíamos tenido experiencias en esta materia en primaria cuando sí que las habíamos tenido.

Según la página PEAPT, la tecnología es un conjunto de conocimientos y técnicas que utilizadas de manera razonada permiten a las personas cambiar el entorno que les rodea, para cubrir necesidades. Si nos fijamos bien aquí no aparecen por ningún lado palabras del estilo de electrónico u ordenador. Ciñéndonos a la descripción un rotulador y un encerado también son tecnología si el docente los utiliza para satisfacer su objetivo de enseñar.

Una vez aclarado esto, poco a poco fueron perfilándose tres grupos de tecnologías educativas según el uso que se hace de las mismas, a los que nos costaba ponerle nombre. La profesora nos ayudó en esta tarea quedando así la clasificación:

-Aprender sobre las TIC: se trabaja sobre las propias herramientas. Es una perspectiva restringida e instrumental en la que no se explota el potencial de éstas. No se investigan las posibles aplicaciones de cada instrumento.

-Aprender con las TIC: las TIC son un medio, un soporte para aprender en un contexto determinado. En este caso el alumno tiene que actuar, investigar y manipular para el aprendizaje sea significativo. Por ejemplo, utilizar el ordenador para investigar sobre el bullying.

-Aprender de/a través de las TIC: aquí la tecnología es un medio más para aprender, igual que lo es el libro de texto, con el aliciente de que motiva más a las niñas y niños. Es la forma más fácil de utilizar las TIC pero no permite que los discentes construyan su conocimiento. Las actividades están pautadas y no se puede salir de ese esquema.

Aunque impulsos innovadores nos puedan llevar a decantarnos por una de las tres opciones (algo en lo que a estas alturas ninguno deberías "picar"), es necesario trabajarlas todas y no desterrar ninguna, porque todas son útiles. Si por ejemplo quiero desarrollar un proyecto que el grupo de clase pueda expandir a través de las redes (aprender con las TIC) primero tendré que explicarles cómo funcionan (aprender sobre las TIC).

Si volvemos a nuestras autobiografías observamos que la mayoría de nuestras experiencias con tecnología educativa se centran en aprender sobre las TIC (el enfoque que se le daba a la enseñanza de programación, ofimática, montaje de un ordenador…) y en aprender de o a través de las TIC (juegos interactivos y recepción pasiva de los contenidos expuestos por el docente mediante diapositivas). Muchas de esas vivencias podrían pasar a ser de la categoría de aprender con las TIC si se cambiase el enfoque metodológico.

Con esto no quiero decir que todo tenga que centrarse en torno a este tipo de aprendizaje, pues todos son necesarios para alcanzar la competencia digital, pero es relevante que los alumnos y alumnas adquieran un papel más activo en el uso de las tecnologías educativas. Para ello, el docente debe establecer un plan para no abusar de la enseñanza pasiva y motivadora (sólo con este objetivo), y adaptar estas tres formas de aprender con TICs para que los discentes sean plenamente competentes.

Mentalicémonos sobre esto y no tengamos miedo a ponerlo en práctica.

 

REFERENCIAS

¿Qué es la tecnología? (2016,8 de octubre). PEAPT: Plataforma Estatal de Asociaciones del Profesorado de Tecnología. Recuperado de:  http://peapt.blogspot.com.es/p/que-es-la-tecnologia.html