Desigualdades y exclusión en el acceso a la tecnología

 

Las nuevas tecnologías de la información[1] son un hecho imparable y que reporta importantes y variados beneficios a quienes las utilizan.

 

Pero aun así, es también un hecho empírico que las nuevas tecnologías son un nuevo factor de desigualdad social debido a que las mismas están empezando a provocar una mayor separación y distancia cultural entre aquellos sectores de la población que tienen acceso a las mismas y quiénes no.

 

Por otra parte, este fenómeno está generando un nuevo tipo de analfabetismo que consiste en la incapacidad para el acceso a la cultura vehiculada a través de nuevas tecnologías. De este modo, se hace imprescindible la necesidad de articular un conjunto de medidas o acciones educativas desde los poderes públicos de modo que se facilite el acceso y formación en las nuevas tecnologías a la mayor parte de la población. 
En nuestra sociedad democrática, la exclusión o marginación de cualquier grupo social es un fenómeno que intrínsecamente contradictorio con el propio concepto de democracia y de justicia social.  El contexto sociocultural representado por la hegemonía de la tecnología en nuestra sociedad (saturación de información, mercantilización de la información, la cultura como espectáculo) requieren replantear las metas y naturaleza de la educación potenciando el aprender a aprender y el saber buscar, seleccionar, elaborar y difundir información a través de cualquier lenguaje y tecnología de la comunicación. 

Desde un punto de vista sociopolítico el problema estriba en la igualdad de oportunidades de acceso a los recursos tecnológicos más avanzados ya que ser usuario de esta red comunicativa tiene consecuencias culturales y laborales. Compensar estas desigualdades de origen requieren medidas, entre otras, como integrar las nuevas tecnologías en el sistema escolar; reformar sustantivamente el curriculum incorporando una educación para los medios y tecnologías; adecuar la formación ocupacional a las nuevas necesidades y demandas sociolaborales; potenciar el uso de las nuevas tecnologías desde las comunidades locales permitiendo su acceso a una gran variedad de grupos sociales; incorporar las nuevas tecnologías a las redes culturales ya existentes como son las bibliotecas, asociaciones culturales, juveniles, vecinales, ... 

 

Entonces, ¿cuáles deben ser las metas y contenidos de planes de formación o alfabetización tecnológica? ¿Cómo podemos garantizar el acceso a la tecnología y cultura digitales a todos los ciudadanos? ¿Qué políticas deben desarrollar los poderes públicos para la creación y desarrollo de organizaciones y empresas productoras de contenidos y servicios digitales alternativos a las propuestas culturales de las grandes corporaciones mundiales? ¿Cómo podemos estimular el desarrollo de Internet como un servicio de comunicación democrático para la mayoría de los ciudadanos?