Modelo Tecnocrático vs Modelo Relacional

En la última sesión expositiva hemos indagado un poco sobre perspectivas y enfoques que provocan concepciones distintas a la hora de entender a las TICs en las instituciones educativas.

Así, después de quedarme con una idea general sobre la clara distinción entre el modelo tecnocrático (una concepción más simplista, que considera a los recursos digitales como meros instrumentos que satisfacen y sustentan a una relación causa-efecto en la educación, muy ligado por lo tanto a una teoría del aprendizaje conductista) y el enfoque relacional (una perspectiva más compleja, que concibe a la tecnología como una práctica social y cultural que implica nuevas formas de relacionarse; esto es, implica un cambio metodológico a nivel organizativo y formativo en la institución y en todos los agentes que intervienen en la misma) he decido documentarme un poco más sobre este tema; ya que resulta ser fundamental para comprender por qué en algunas instituciones educativas la inmersión de las TICs no tienen los efectos esperados en el aprendizaje de los sujetos; no se utilizan como herramientas que pueden posibilitar aprendizajes más significativos en los educandos.  

En este sentido, el libro que podeis observar en la imagen de abajo, me ha ayudado a clarificar un poco más mis ideas y me ha aportado una visión más holística sobre las posibilidades de las TICs. 

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El libro comenzaba de la siguiente forma:

“No se trata de interrogarnos si los ordenadores son buenos para la enseñanza, o si la Internet ayuda a los niños a aprender. Pensamos que tales ideas proceden de un planteo erróneo y representan una forma de concebir la tecnología que debe ser reconsiderada. A nadie se le ocurriría hoy formular estas otras preguntas: ¿Las pizarras son buenas o malas para la enseñanza?, ¿Los manuales escolares ayudan a los niños a aprender?, ¿La televisión promueve o restringe las oportunidades educativas?, porque damos por sentado que estos elementos tan conocidos del aula y de la vida social pueden aplicarse bien o mal; que en comparación con las alternativas que existen, tienen ventajas y limitaciones; y que lo esencial es saber cómo, quién y con qué fines se los usa”. (Burbules, 2006, p. 13).

En este sentido, el autor nos muestra la riqueza que nos puede proporcionar el uso adecuado de una gran variedad de recursos, pero si atendemos a la última línea de la cita, indirectamente pone de manifiesto que la eficacia de éstos dependerá en gran parte de la metodología que se emplee a la hora de utilizarlos (cómo), de los profesionales que las empleen (quién) abarcando en este sentido sus aptitudes, actitudes y destrezas y, finalmente, de la naturaleza de los objetivos a los que estos recursos pretenden servir (con qué fines).

Más adelante sigue de la siguiente forma:

“La capacidad de transformación no es algo intrínseco a la tecnología; imaginar que lo es constituye lo que denominamos el sueño tecnocrático”. (Burbules, 2006, p.23).

Con esta frase el autor manifiesta claramente una postura “anti-tecnocrática”, que deja presente y remarca durante el desarrollo de todo el libro. En este sentido, coincido con él en gran medida, ya que constituye la máxima de las escuelas cuando creen que, al incorporar las TICs en el aula, las nuevas formas de aprender ya están más que aseguradas, algo que dista bastante de la realidad.

Así, el autor propone un enfoque relacional cuando manifiesta:

“Las nuevas tecnologías, por ejemplo no son simples medios para seguir haciendo, aunque mejor y más rápido, lo que ya se hacía, ni simples innovaciones que permiten hacer cosas antes inimaginables, sino artificios que modifican las percepciones que las personas tienen de sí mismas como agentes, sus relaciones mutuas, sus interpretaciones del tiempo y de la velocidad, sus posibilidades de hacer pronósticos, etc.; en suma, todas las dimensiones del cambio en la forma de pensar sobre medios y fines, objetivos y eficacia. Lo que corresponde no es ver la relación de medios y fines como un elemento fijo, sino como una modalidad sujeta a la crítica y el cambio como cualquier otra”. (Burbules, 2006, pp.28-29).

En este párrafo el autor pone de manifiesto el cambio que supone la presencia de las Nuevas Tecnologías, haciendo referencia a un cambio que se produce en nosotros mismos, en nuestras maneras de comunicarnos y de comportarnos; en nuestras formas de relacionarnos. Y este hecho es el que nos permite entender el poder que presentan las nuevas tecnologías en la sociedad actual.

Desde esta perspectiva es desde dónde se reclama un cambio metodológico global por parte de las escuelas; una nueva forma de entender el aprendizaje, que implique modificaciones curriculares drásticas al apostar por una metodología diferente y entendiendo la evaluación desde una óptica distinta, más acorde con las nuevas formas de aprender.

Finalmente me gustaría destacar que mi posicionamiento en cuanto a los dos enfoques comentados: sin duda considero que el más pertinente y eficaz es el modelo relacional, por todo lo anterior comentado. De hecho he revisado una investigación realizada a alumnos de Educación Primaria por la Universidad de Murcia en la que se concluye que, bajo un modelo tecnocrático, aunque los alumnos mejoran notablemente algunas de sus destrezas, esta mejoría no se ve reflejada en sus resultados académicos debido a la presencia de una evaluación tradicional, de carácter sumativo, que no tiene en cuenta el progreso continuo de los sujetos.

Y vosotros, ¿Qué pensáis?

 

Referencias Bibliográficas

Burbules, N. (2006). Educación: riesgos y promesas de las Nuevas Tecnologías de la Información. Buenos Aires: Granica.

Sáez, J.M. (2012). Valoración del impacto que tienen las TIC en Educación Primaria en los procesos de aprendizaje y en los resultados a través de una triangulación de datos. Revista Latinoamericana de Tecnología Educativa, 11 (2), 11-24. 

Comentarios

  • Nerea Patiño Fontenla

    Hola Bianca. En días pasados, publicaba una nueva entrada en la que reflexionaba sobre el mismo tema que tú, al igual que muchos de nuestros compañeros. En mi opinión, y tal y como dejaba reflejado en mi aportación, es necesario apostar por un modelo que sea capaz de definir sus fines y que se lleve a cabo de la manera más adecuada. Partiendo de la idea de que el modelo tecnocrático genera resultados en su relación causa-efecto, quiero indicar que puede ser bueno para determinadas situaciones en las que no queremos propiciar cambios profundos en valores, pensamientos, etc., sino que es útil para situaciones más simplistas, como por ejemplo en el ámbito científico. Mas con todo, dentro del ámbito que nos ocupa, el educativo, si considero que debemos apostar por un modelo relacional, que implique tanto a personas, como procedimientos, actitudes, recursos, etc. para resolver de la manera más adecuada diversas situaciones. ¿Qué opinas al respecto? ¿Piensas que puede ser útil el modelo tecnocrático en situaciones simplistas, en las que sólo se realizan pruebas de ensayo-error?

  • Bianca

    Hola Nerea!

    Al centrar mi publicación al ámbito educativo (más bien centrándome en una enseñanza obligatoria) no había barajado la opción que me planteas. Sin duda, como expliqué en la investigación a la que hago referencia en blog, el modelo tecnocrático implica, igualmente, una mejora de las destrezas de los sujetos, quiénes se sienten más motivados por el simple hecho de realizar sus tareas en un dispositivo digital; rompiendo con los recursos que tradicionalmente han imperado en las escuelas hasta hace relativamente poco. Con esto quiero decir que estoy de acuerdo contigo cuando afirmas sobre la utilidad que entraña por sí mismo el modelo tecnocrático; sin embargo creo que, dada la fuerza que tienen las TICs en la sociedad actual, quedarnos con ese enfoque se traduciría (en cierta medida) en poner límites a nuestro propio quehacer profesional. 

  • Angela

    Tal y como mencionáis se trata de dos modelos educativos que parte de perspectivas diferentes, así uno se centra en el mero objeto, esto es un medio para alcanzar u determinado fin (a ser posible que sea efectivo y rápido), mientras que el otro modelo tarta de ir más allá y analizar aspectos propios del contexto, organización y situación en el que se encuentran estas herramientas y, por lo tanto se centran con mayor insistencia en las interacciones que se producen.  Así considero muy oportuna la siguiente cita de Bill Gates:

     “La tecnología es sólo una herramienta. En términos de llevar a los niños a trabajar juntos y motivarlos, el profesor es el más importante. (Bill Gates).

    Tal y como indica, las nuevas tecnologías, en un principio, son un simple instrumento y este se puede colocar en cualquier espacio (sea educativo o no) pero lo que lo convierte en algo más que una simple herramienta es la metodología que aplica el profesorado para introducir este nuevo objeto en el proceso educativo. De esta forma, podemos partir del modelo relacional y colocarlo o usarlo como substitución de otro material educativo, esto permitirá cambios rápidos pero no tan efectivos; mientras que si aplicamos un cambio relacional, esto es, un cambio en la propia metodología y aprovechamos las ventajas de las nuevas tecnologías se puede llegar a cambios más profundos que permanecen a lo largo del tiempo y permiten alcanzar realmente los objetivos educativos. De este modo estoy de acuerdo con los argumentos presentados por Burbules: lo importante no consiste en indicar si la tecnología es buena o mala ya que las herramientas por si mismas no son buenas o malas dependerá del uso que le demos; de tal modo que la tecnología no se debe de quedar en un simple instrumento sino que permitir, que por medio de metodologías adecuadas, se puedan conseguir que ese instrumento sea un apoyo eficaz en el proceso educativo.