Una jornada en Egipto.

Hoy nos ha tocado hacer una breve exposición en clase de nuestros respectivos proyectos grupales. En concreto, la temática que mi grupo había escogido era la del Antiguo Egipto, y a pesar de que no podemos difrutar del privilegio de experimentar el fruto de nuestro trabajo con los niños como nos hubiese gustado, he de reconocer que la experiencia resultó más que interesante.

Este proyecto se fue elaborando a lo largo de todo el cuatrimestre, y un par de semanas atrás enviamos a la profesora la parte más teórica del proyecto. Sin embargo, hoy la clase de Primero de Educación Infantil fue muy diferente de lo habitual, convirtiéndose en un aula llena de niños revoltosos, logrando que lo que en un principio creíamos que iba a ser una exposición incómoda resultase ser toda una actividad cargada de risas y naturalidad.

En esta sesión se presentaron cuatro actividades diferentes: Una ruta por Egipto, una casa cargada de secretos, un tablero de reconocimiento y un juego de traducción de jeroglíficos.

- La primera se llevó a cabo para toda la clase en conjunto, dónde gracias a la geolocalización pudimos elaborar una ruta para mostrar distintos centros turísticos clave de dicho país con el proyector.

- La segunda consisitía en un dibujo de una casa, dónde a través de códigos QR que debían escanear y de la realidad aumentada, los niños (nuestros compañeros en este caso) pudieron descubrir de primera mano los secretos que guardaban los hogares egipcios en sus distintas instalaciones.

- El tercero era un tablero con diversas cartas (de dioses, animales, construcciones) y unos códigos QR con canciones. Los niños debían reconocer aquellas que se correspondían a las estudiadas en clase, es decir, las del antiguo Egipto, para así ubicarlas en el lugar correcto.

 - La última actividad consistía de una carta enviada por el faraón, ¡quién estaba deseoso de conocer a aquellos niños que tanto sabían acerca de su tierra! Este les puso un reto, preguntando sus nombres en egipcio. Por lo tanto, en ella primero debieron traducir dicha cuestión (con ayuda de la chuletilla del alfabeto) para después representar sus propios nombres. Al terminar, se les hicieron fotografías grupales.

Al final quedamos muy satisfechas con el resultado, ya que la exposición nos sirvió para percibir nosotras mismas qué aspectos desearíamos mejorar (por ejemplo, la entonación) y también porque no hubo mayores percances, quedando muy semejante a como la habíamos imaginado. Pero sobre todo, agrademos infinitamente la participación tan activa de nuestros compañeros.