Elsevier

La clase de la semana pasada, en la que realizamos la simulación del juicio de Alexandra Elbakyan, resultó tan interactiva como productiva ya que tratamos temas como el conocimiento abierto, el patrimonio cultural, el copyleft o qué es y cómo funciona la plataforma “Creative Commons”. La acusación simulaba representar a la Editorial Elsevier que es precisamente en lo que me voy a centrar en esta entrada, para entender  cómo surgió, cómo funciona y por qué gran parte de la comunidad científica no se posiciona en contra de la práctica llevada a cabo por Alexandra.

Elsevier surge en 1992 tras la compra de la editorial multinacional Pergamon Press cuyo objetivo, desde hacía años, había sido gestionar un sistema de publicaciones científicas eficaz. Dar respuesta a la creciente demanda de la comunidad científica era de suma importancia para la transmisión de conocimiento y con ello el avance de la ciencia. Sin embargo, la filosofía que seguía la empresa del checoslovaco Maxwell fue llevada al extremo por la nueva editorial.

Las editoriales tradicionales tienen que pagar a los escritores por los artículos, a los editores que les dan forma y los verifican, distribuir el producto final… Es decir, asumen gran cantidad de costes y normalmente las ganancias están entre el 12 – 15%.

El núcleo de la editorial Elsevier está en las revistas científicas, las publicaciones semanales o mensuales a través de las cuales los científicos comparten los resultados de sus investigaciones. Pero ¿cómo funciona su sistema de publicaciones?

Primero los científicos crean sus trabajos que están financiados en gran medida por el gobierno. Luego se lo entregan al editor, de manera gratuita, que paga a los editores científicos para que determinen si vale la pena publicar. No obstante, la mayor parte de la carga editorial (comprobar la validez científica de la investigación y evaluar los experimentos) la realizan científicos que trabajan en un voluntariado. Después los editores vuelven a vender el producto a las bibliotecas institucionales y universitarias financiadas con fondos públicos para que lo lean los científicos e investigadores.

Para entenderlo mejor, un informe de Deutsche Bank de 2005 explica que es un sistema en el que el estado financia gran parte de las investigaciones, paga el sueldo de la mayoría de los encargados de controlar la calidad de las mismas y luego compra la mayor parte del producto publicado (a un precio enormemente inflado).

De esta manera, frente al 12 – 15% de ganancias que obtienen las editoriales tradicionales, Elsevier, en 2010, obtuvo un 36% de beneficios (porcentaje superior al de empresas como Apple, Google o Amazon). En 1998 Elsevier se integró en el mundo electrónico y si bien los costes de publicación bajaron, no lo hicieron las suscripciones que, por el contrario, fueron subiendo año a año.

Los científicos sienten que las editoriales ejercen una influencia excesiva en sus investigaciones ya que las adaptan a lo que saben que les interesa a las revistas publicar. Así muchos se encuentran en campos que ya han sido previamente investigados frenándose el progreso de la ciencia.

Aunque la situación se muestra moralmente insostenible este negocio continúa y la pregunta es ¿hasta cuándo?.

Personalmente considero que este sistema debe cambiar. Así como en la industria del cine y de la música, actores, productores, guionistas, cantantes, etc. sacan beneficios económicos del producto que venden, los científicos se encuentran en posición de reclamar este mismo derecho. También creo que los costes de suscripción deberían ser menores, especialmente en aquellas investigaciones que hayan sido financiadas con fondos públicos o directamente prohibir la privatización de las mismas. Se trata de generar avances, de progresar y la clave de ello es la máxima difusión del conocimiento.

 

Referencias bibliográficas:

Buranyi, S. (2017, junio, 27). Is the staggeringly profitable business of scientific publishing bad for science?. The Guardian. Recuperado de: https://www.theguardian.com/science/2017/jun/27/profitable-business-scientific-publishing-bad-for-science

Villatoro, F. (2017, julio, 17). Naukas. Robert Maxwell, el padre del gran negocio de las editoriales científicas. Recuperado de: http://francis.naukas.com/2017/07/02/robert-maxwell-el-padre-del-gran-negocio-de-las-editoriales-cientificas/ Consultado 26/04/2018

 

Comentarios

  • Tamara

    ¡Buenas noches Ainoa!

    Me parece muy interesante la entrada que has publicado y quería decirte que no puedo estar más de acuerdo contigo. Es increíble como en muchos casos las entidades que apuestan por el conocimiento se aprovechen de esta manera, en vez de intentar impulsar y potenciar el talento de los autores, lo único que hacen es presionarles e incitarles a pagar por publicar sus investigaciones para que tengan el reconocimiento que se merecen.

    En pleno S.XXI que pasen estas cosas cuando se supone que somos una sociedad tan avanzada y evolucionada me hace pensar que a veces en vez de crecer, lo único que haces es volver al pasado. Está claro que las editoriales deberían apostar por los autores y premiar a estos como se merecen, además de promover el conocimiento abierto y la transparencia de contenidos.

    Un saludo.

  • Cristina López

    Muy interesante lo que has publicado Ainoa! 

    Estoy de acuerdo, en que la cultura debería ser de libre acceso. No solamente en lo que respecta a los libros y artículos; también al cine, teatro...etc. Es una lástima como cada vez va menos gente al cine y emplea otras formas más económicas para ver una película. Mientras que antes era una forma de ocio, ahora se está convirtiendo en algo inaccesible, por su alto precio. 

  • Eva

    Hola Ainoa!

    Me gusta mucho tu publicación porque reproduces muy bien como funciona Elsevier (al igual que otras editoriales y empresas). Por supuesto, también estoy de acuerdo con tu reflexión. No tiene sentido que una empresa privada sea la beneficiaria económica del conocimiento resultante de investigaciones realizadas con dinero público.

    De todas formas es un resultado del sistema. Los investigadores deben publicar en editoriales de prestigio para poder ascender en su trabajo, por lo que se ven, en cierto modo, obligados a escribir para las mismas. Por lo tanto, creo que si el sistema cambiase, la gran mayoría de investigadores publicarían sus estudios y artículos mediante un método muy distinto.