Nativos digitales

           Nativos  Nativos digitales  digitales

 

Ante este nuevo concepto debemos hacer referencia a su creador y promotor, Marck Prensky, nacido en Nueva York el 15 de marzo de 1946, es un escritor y conferenciante, especialista en aprendizaje y educación. Conocido por crear y popularizar las expresiones nativo digital e inmigrante digital, descritos en 2001 en su artículo “On the Horizon”.

            Los nativos digitales son aquellos nacidos a finales de los 80’s principio de los 90’s. No tienen necesidad de aprender tan implícitamente los contenidos relacionados con la tecnología ya que tienen cierta facilidad para interaccionar y desenvolverse junto a ellos, nacieron prácticamente al mismo tiempo.

            Son considerados:

                        + Consumidores de información PERO – Productores de información.

            Cuando nacieron ya existía la tecnología digital, la cuál empezó a desarrollarse con fuerza en 1978, por lo que lo que la tuvieron a su alcance pueden considerarse nativos digitales.

            Por la banda contraria nos encontramos con la otra visión, los inmigrantes digitales, generalmente se trata de personas de 35 y 55 años que NO son nativos digitales, sino que son considerados inmigrantes digitales.

            En relación a esto somos conscientes de que lo que existe ya hoy en día existe y consumimos y los productores futuros “somos” los nativos digitales.

            Ante esta división generacional se pueden llegar o observar barreras infranqueables que puedes ser superadas a través de mediadores tecnológicos intergeneracionales.

 

Reflexión:

            Realmente he de admitir que fue un concepto que me llamó especialmente la atención que se remontara hasta principios de los 80’s digamos que no me lo imaginaba de tal antigüedad. Al hablar de nativos digitales sí que me sentí identificada por las distintas situaciones que creo que más de uno hemos vivido a lo largo de nuestra vida, mismamente con nuestros padres y el teléfono móvil…

            El motivo por el cuál me pareció curiosa la antigüedad del término, realmente creo que es por la concepción de mi edad y de mi realidad respecto a ella. Hasta los nueve años mostraba bastante dependencia de mis padres también en el campo de las tecnologías aunque bien es cierto que en el momento en el que te enseñaban algo era como si lo interiorizásemos más. Me comparaba especialmente con mi abuela, a lo mejor mi padre nos explicaba lo mismo a las dos y a ella cada día era yo quién que le repetía en cierto modo el ritual a seguir para, por ejemplo, buscar su canal en la televisión.

            Cuando algo no funcionaba pienso que no nos preocupábamos tanto de lo que pudiese pasar, apagamos y volvemos a encender, solía funcionar. Yo personalmente no recuerdo que me dijeran de hacer esto nunca, pero me parece que era ya un desenvolvimiento y una conducta propia, una asociación. Igual también cosa de la edad, si me tapo los ojos nadie me ve, si apago la televisión porque hacía ‘chispitas’ en la pantalla, el problema desaparece. El caso, nos las ingeniábamos.

            El momento que sí empecé a notar el cambio fue con mi primera experiencia en Internet. Delante de un ordenador. No sabía ni que direcciones buscar. No conocía buscadores. Sólo recuerdo tener una dirección de un libro que casualmente estaba leyendo. Ahí empezó mi mundo en el red y realmente no recuerdo como siguió a partir de ahí. Ahora es cuando me doy cuenta del autoaprendizaje que nos proporciona la dimensión digital, el empezar con un objetivo fijo y a partir de ese indagar en los detalles que lo forman de manera totalmente involuntaria, por simple curiosidad, sin apenas esfuerzo, fuimos forjando nuestro conocimiento.

            Y finalmente, nuestros padres, los que un día nos enseñaron como rebobinar un cassette, y nos decían “…las teclas están al contrario, la que rebobina, en realidad, adelanta…’ años más tarde los descubrimos pidiéndonos ayuda para guardar los números en la agenda de su nuevo móvil perdidos en el manual de instrucciones. Nosotros mirábamos el móvil, probábamos con las opciones que no brindaban las teclas y probablemente sin más indicaciones lográsemos hacerlo. En caso contrario o de una acción extraña por parte del móvil, hacíamos una vuelta atrás ‘APAGAR’.