El asesor desconcertado...

                Como ya he explicado en la anterior entrada, dedicare esta publicación a hablar sobre otro tema que me ha llamado la atención buscando información para realizar el trabajo grupal. La temática que pretendo tratar es sobre la situación del asesor en los tiempos que corren.

            Considero oportuno comenzar con una cita de Sandra Nicastro y Marcela Andreozzi, presente en el libro “Asesoramiento pedagógico en acción (2003)”:

“Cuántas veces pensamos e imaginamos a un buen asesor como alguien que sabe y conoce lo que hace, como alguien que tiene la capacidad de estar atento a todo aquello que ocurre en su campo de asesoramiento, alguien que cuenta con herramientas para acompañar el trabajo de otros cargando la expectativa propia y ajena de portar algunas certezas. En definitiva, alguien que representa el lugar del ideal en un terreno que por momentos combina lo mágico y lo heroico.

Una mirada a lo que efectivamente le ocurre al asesor en lo cotidiano hace caer inmediatamente el velo de esta magia e interpone, entre este sujeto y su deseo, una realidad que por momentos desconcierta y contraría hasta un punto difícil de tolerar y aceptar”.

            Como bien nos aportan ambas autoras en este fragmento, el asesor se está convirtiendo en un intérprete desconcertado debido a los contextos y sociedades marcados por la  crisis, la existencia de una realidad alterada, desbocada, exigente, etc. El asesor, en este caso pedagógico o psicopedagógico, debe hacer frente a todo esto que se le viene encima, siendo más que comprensible ese desconcierto por su parte.

            Este personaje casi ideal (el asesor), puede tornarse desconcertado y perdido cuando pretende cambiar algo que el asesorado desea mantener, produciéndose así un conflicto entre ambos. Además, existen casos en los que ese desconcierto se produce debido al interrogante sobre el valor práctico de lo que este aconseja; o cuando la ayuda del asesor pasa de ser un medio para la mejora del trabajo del otro, a convertirse en un fin en sí mismo, creándose así una relación de asesoramiento entre ambos implicados, basada en la obediencia y la dependencia. También, el asesor, debe tener especial cuidado con aquellas narraciones que incluyan contenido ideológico, u otros aspectos, que puedan desviar la atención del núcleo central del tema. En muchos momentos el asesor duda de cual es su realidad y cual es una mera ilusión.

            Por lo tanto, es relativamente sencillo, en la realidad que transcurre, encontrarse con asesores que se sientan perdidos, desconcertados,… por todo esto u otros aspectos que han escapado de mi pensamiento. Pero, también es verdad que estos individuos disponen de armas propias que pueden ayudarles a combatir ese desconcierto, como es la tolerancia a la frustración, el criterio de practicidad, evitando la burocratización, determinando cual es la realidad verdadera separándola de las simulaciones, y evitando las anécdotas en la narración y centrándose en lo de verdad importante, así como otras posibles soluciones que escapan a mi reflexión.

            El asesor/a no puede dejarse influir demasiado por la realidad confusa y los contextos de crisis; debe ser capaz de realizar su trabajo evitando y saltando todas esas situaciones que lo obstaculizan, y llegar a su meta: conseguir una mejora en el trabajo del otro.

 

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