PROFESIÓN Y FORMACIÓN DEL ASESOR.

Otra de las cuestiones que se planteó en clase y sobre la que considero interesante profundizar es si ¿podemos hablar de la profesión del asesor? y  ¿Qué formación se necesita?

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La idea de lo que significa ejercer una profesión se ha concretado siguiendo diferentes modelos (M.Ginsburg, 1988) entre los que encontramos “los que se limitan a establecer, guiándose por criterios poco contextuales y ahistóricos, una lista de competencias que tipifican un modelo determinado de ejercerla y los que introducen un concepto de profesión más dinámico y procesal que incluye tanto un planteamiento ético de la propia tarea, como el reconocimiento de la existencia de valores diversos entre los individuos que forman parte del contexto en que se ejerce y entre quienes la ejercen. Dicho contexto interviene en la elaboración a nivel popular de la definición más aceptada de la profesión y en la concreción, en relación al conjunto de otras tareas socialmente delimitadas, de la función que desempeña.”

Es decir, la profesionalización es el proceso socializador por el que los profesionales:

-  Adquieren las características y capacidades específicas que les permiten ser competentes en su trabajo.

-  Se mantienen en la dinámica del mercado laboral y se vinculan a un grupo profesional determinado.

-  Se vinculan responsablemente a un contexto social específico, en base a unos valores determinados.

-  Establecen las limitaciones propias de todo comportamiento experto, ya que ningún ámbito profesional posee todas las soluciones ni es todopoderoso.

Del mismo modo, “Ganar espacios de profesionalidad supone ir aumentando el control que los profesionales tienen de la propia actividad individual y de grupo e ir gestionando progresivamente las condiciones académicas, laborales y normativas que establecen lo que se necesita para iniciarse en la profesión, mantenerse, promocionar y excluir de la misma, si cabe, a aquellos que puedan merecerlo”.

Concluyendo esta primera parte, afirmo que sí podríamos hablar de la profesión de asesor siempre que se cumplieran los requisitos expuestos.

 

Por otra parte y al hilo de lo anterior, es el carácter pluridimensional, contextual, ético, dinámico y cambiante de la profesión lo que contribuye a situar la formación permanente como núcleo y elemento característico del ejercicio profesional.

“los profesionales (N. Goodman, 1978; D. A. Schön, 1992, p.44)  están permanentemente comprometidos en la construccion del mundo que corresponde a su conocimiento profesional y a su habilidad, definiendo los problemas que surgen en las situaciones de la práctica y adaptando las situaciones para ajustar la estructura de los problemas, configurando sus roles y construyendo las situaciones de la práctica para hacer mas operativos sus esquemas de rol”

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Es decir, la formación permanente del asesor debe facilitarle un saber teórico, conceptual, técnico-práctico y práctico, frente a las exigencias que se producen constantemente en el asesoramiento. Y además, la formación permanente debe integrar la reflexión EN  la práctica y SOBRE la práctica ya que el asesoramiento se desarrolla en un contexto real, se vincula a ámbitos institucionales característicos y se organiza en función de actividades y situaciones prácticas.

Por lo tanto, la formación del asesor tiene mucha importancia por la función que ejerce al servicio de la mejora de la calidad educativa, por su vinculación laboral con la administración y sobre todo por el desarrollo de su trabajo continuado en instituciones fomalmente estructuradas y en procesos de cambio.

Concretamente,la formación profesional de los asesores les ayuda a reconstruir críticamente los conocimientos profesionales, a modificar o reorientar las tareas que se desarrollan integrando nuevos objetivos y valores, y a revisar y redefinir su ubicación en los centros y en los ámbitos de intervención prioritarios. Además la formación permanente permite que el asesor sea capaz de establecer planes de acción realistas que ayuden a otros a tomar decisiones y que tengan en cuenta los recursos y las ayudas de que se dispone. Así como también les permite , aprender estrategias de trabajo en grupo y estrategias para ayudar a otros a trabajar en grupo y desarrollar actitudes de trabajo colaborativo y de gestión compartida, entre otros objetivos.

En definitiva, la formacion es un ingrediente esencial y desempeña un papel central en el desarrollo de la competencia profesional.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Carles Monereo e Isabel Solé. (coords). (1996). El asesoramiento psicopedagógico: una perspectiva profesional y constructivista. Madrid: Alianza.