Orígenes del asesoramiento

            En la entrada de hoy pretendo profundizar en el origen del asesoramiento, basándome en un artículo de la revista: “Profesorado, revista de currículum y formación del profesorado”.

            El asesoramiento como función y el asesor como agente tienen su origen, como tantos otros espacios educativos, en el ámbito de la empresa. Se pensó en términos de rentabilidad, y, en consecuencia era mejor actuar con los profesionales que directamente con los clientes. En este sentido el asesor ejercía su función de acuerdo con su competencia y experiencia facilitando el diagnóstico, evaluación, búsqueda de alternativas, etc. a las demandas que se le planteaban, con la intención de que con posterioridad a su intervención los profesionales a los que asesoraba pudieran transferir este conocimiento a sus situaciones concretas de trabajo (Rodríguez, 1996, y Hernández, 1994). El ámbito profesional al que mejor se acomodó fue al de Trabajo Social. La rentabilidad, a la que se aludía, se encuentra en la mayor repercusión que tiene su actuación asesora, al trabajar con los profesionales que posteriormente inciden sobre los clientes, con lo que su labor multiplica su impacto sobre lo últimos.

            En educación nos tenemos que ir al ámbito anglosajón para indagar sobre los orígenes y aplicación de la función asesora a este campo. Tenemos que ubicarnos en Estados Unidos y Gran Bretaña para encontrar en la década de los cincuenta y setenta el surgimiento de la figura del asesor y los apoyos externos a los centros educativos. Su aparición viene condicionada por la política de reforma que las administraciones educativas mantenían, en la que el cambio se planifica externamente a los centros educativos, en un intento de estos países, y con posterioridad otros de las esfera occidental, por mejorar los centros educativos desde fuera en busca de favorecer su desarrollo social y económico y dar así respuesta a los problemas sociales que estaban emergiendo.

            En este contexto la novedad que supone la aparición de la figura del asesor no está exenta de controversia. Aunque surge como sustitución del “experto externo a la escuela” proveniente de espacios ajenos a la misma por profesionales con experiencia escolar, dando lugar al asesoramiento entre iguales. Sin embargo su papel se instrumentalizó de manera que fueron utilizados para favorecer las reformas en curso y  como control del cambio por parte de las administraciones educativas. Por consiguiente, “el asesor aparece inicialmente como el experto legitimado por la política oficial y la competencia científica para gestionar la implantación de las directrices administrativas” (Rodríguez, 1996). Lo que propició que la percepción que llegaron a tener los docentes de éstos se vinculara en exceso con la administración, esto unido a la gran variedad de funciones que tuvieron que desempeñar facilitó que no disfrutaran de una fácil aceptación por parte de los centros educativos. 

            En los años sesenta y setenta algo iba mal en la escuela; y debido a esto se han ido creando estructuras que permitieran que el conocimiento sobre los procesos de cambio en la escuela pudiera también producirse, debatirse, almacenarse, evaluarse, dentro de la propia escuela. Así los profesionales del apoyo externo cobraban sentido como mediadores entre teoría y práctica, entre la investigación y acción, y, entre las propuestas políticas de reforma y cambio educativo y las demandas y exigencias de la práctica cotidiana en los centros educativos.

            El modelo tecnológico de asesoramiento es la opción más frecuente debido a su rentabilidad.

            La instrumentalización de la función asesora por parte de la administración provoca que el contenido de la labor esté orientado a satisfacer la necesidad de la misma en reformar cada vez con mayor frecuencia los currícula escolares. Además, también se necesita en los centros apoyo específico para la construcción de los proyectos de centro, para integrar a los alumnos con necesidades educativas especiales, y, en general, atender a las medidas de atención a la diversidad. También es función actual del asesor, instalar en el centro una cultura de colaboración y trabajo en equipo, rompiendo el aislamiento que ha caracterizado tradicionalmente a la profesión docente.

            Como podemos observar, el asesoramiento surgió en un principio como una forma de rentabilizar en la empresa, a través del cual se asesoraba a los trabajadores en lugar de a los clientes. Esto se traspasó a la educación, entendiendo por asesor en ese momento, como un experto que asesoraba a los demás profesionales acerca de cómo llevar a cabo su labor docente, y como un profesional muy ligado a la Administración, aspectos ambos que disgustaban a los distintos agentes del centro educativo, y que provocaban rechazos de cara a esta nueva figura. Debido a que los modelos educativos de ese momento no funcionaban y que la escuela iba mal, el asesor pasó a transformarse en un mediador entre teoría y práctica, y, poco a poco, fue adquiriendo una nueva visión: pasó de verse como un agente experto y externo, a verse como un agente que trata de implementar una cultura de colaboración y trabajo en equipo, que guía un proceso para alcanzar una mejora, y que tiene como meta la de prestar ayuda a sus iguales, siempre contextualizando su labor.

            Una vez más queda demostrada la importancia del contexto y su influencia para la evolución del sistema educativo y el asesoramiento.