Fases del asesoramiento

            Existen una serie de pasos o etapas a considerar en el proceso de asesoramiento en los centros, que lógicamente han de ser contextualizados y construidos por cada escuela de modo flexible. En función de los distintos autores, estas fases serán diferentes.

            En este sentido y dado que los Centros y/o Equipos de profesores no se encuentran en los mismos puntos de partida, Pérez Ríos (1994) hace referencia a las siguientes:

a) Actividades dirigidas a la creación de la capacidad de colaboración del Centro.

b) Análisis y revisión del Centro.

c) Actuación como estrategia de colaboración del Centro.

      c.1) Fase de Pre-contacto.

      c.2) Comienzo y desarrollo del contacto inicial.

      c.3) Diagnóstico de la situación.

      c.4) Búsqueda de soluciones y preparativos para la elaboración de un Plan de Actuación.

      c.5) Elaboración del Plan de Actuación.

      c.6) Preparativos para su puesta en práctica.

      c.7) Desarrollo colaborativo del Plan.

      c.8) Evaluación.

                Por otro lado, Sánchez Moreno (1995) se centra fundamentalmente en tres momentos:

 a) Análisis diagnóstico del centro, para conocer el entramado de relaciones que se viven en su seno, los procesos de comunicación, la cultura, y, en definitiva, intentar comprender la escuela en su más amplio y a la vez específico e idiosincrásico sentido.

b) El asesoramiento como proceso de participación y colaboración y sus pautas para la intervención, que requiere tanto conocimiento técnico específico como habilidad en la destrezas de comunicación, relaciones personales y experiencia en dinámica de grupos.

c) La evaluación del proceso, puesto que no basta con facilitar el proceso de análisis diagnóstico del centro y de intervenir de forma participativa durante el desarrollo, sino también implicarse en la evaluación para comprobar la validez de la acción desarrollada.

                Bolívar (1997), señala el siguiente conjunto de procesos y actividades:

a) Creación conjunta de condiciones previas para iniciar un proceso de mejora.

b) Autorrevisión crítica de la situación de la escuela: identificación y análisis de necesidades.

c) Búsqueda de alternativas, recursos y formación: elaboración de planes para la acción.

d) Desarrollo o puesta en práctica de los planes.

e) Evaluación del proceso de trabajo en su conjunto.

f) Institucionalización de la formación

            Sigamos el proceso que sigamos, lo fundamental, es la contextualización del mismo a cada situación, ya que en función del contexto, las acciones a llevar a cabo variarán. Es importante que el asesor muestre una cierta prudencia y cautela al iniciar la relación con el centro, con sus miembros y componentes, al clarificar su posicionamiento y al negociar los acuerdos iniciales, pues, en gran medida, el éxito de su trabajo va a depender de esta primera toma de contacto inicial (López y Sánchez, 1997). Y es que el proceso de asesoramiento, además de ser un proceso técnico que requiere identificar y conocer las fases de actuación de los asesores, es también un proceso social y, por lo tanto un proceso de comunicación. Por eso es fundamental que el asesor pueda establecer una buena relación social y de comunicación con los distintos agentes, y para ello debe tener conocimientos acerca del sistema social en el cual se está sumergiendo. Por lo tanto, un buen asesor ha de ser capaz de establecer una comunicación abierta, con un lenguaje comprendido por todos y demostrar su capacidad para escuchar; lograr un equilibrio entre la independencia, para poder ser crítico, y la influencia de las distintas manifestaciones y sentimientos; ser capaz de discutir y aclarar las necesidades de los profesores, así como las expectativas de estos con respecto a él y a lo que quieren conseguir; y, para mí una de las más importantes, legitimar y dar credibilidad a su figura, demostrando su capacidad para llevar a cabo la labor asignada, consiguiendo así respeto por parte de los demás profesionales y reconocimiento en el sentido de que saben que está ahí para ayudar y aconsejar.

            Por lo tanto, además de establecer una buena relación con los distintos agentes de la comunidad educativa, el asesor debe conocer bien la cultura del centro y los aspectos que lo definen, tratando de establecer un compromiso formal para llevar a cabo el proceso de cambio, en el cual se deje constancia por escrito de las metas y los objetivos que se persiguen, de la asignación realizada de tareas y responsabilidades a desarrollar, de los compromisos adquiridos por cada uno de los miembros participantes en el proceso, de los recursos disponibles así como de su utilización, etc.

                Sólo si se cubren estas tareas de forma eficaz, se podrá pasar de una fase a otra de manera exitosa.