COMPRENDER Y REDIRECCIONAR LAS PRÁCTICAS DE ASESORÍA (6ª SESIÓN)

      En esa sesión, llevamos a cabo la técnica llamada, entre otras denominaciones, “cáscara de cebolla”.image
 Mediante esta técnica se trata un tema, en este caso un texto de Jesús Domingo Segovia titulado “Comprender y redireccionar las prácticas de asesoría”, del siguiente modo: un círculo interno plantea su análisis y sus reflexiones sobre el texto; un círculo de observadores críticos rebaten, completan o matizan las aportaciones del círculo interno; y un círculo externo, tras las intervenciones de los dos anteriores, hace los apuntes, observaciones y reflexiones que considera oportunas.

      Tengo que decir, que cuando se explicó esta técnica en la sesión anterior, no contaba ni mucho menos con el resultado de la misma. Considero que los compañeros que formaron parte tanto del primer como del segundo círculo, hicieron un muy buen trabajo. Desde mi punto de vista, fue una sesión muy enriquecedora en la que se expusieron y debatieron muchos aspectos relevantes para nuestro campo y nuestra práctica profesional.

    Vamos ahora a apuntar y sintetizar algunas de las ideas que aparecieron y se comentaron en el aula y alguna de mis reflexiones sobre las mismas.

      Partimos de la crítica que hace el autor a la falta de reflexión sobre la práctica educativa. Afirma que esta falta de reflexión conlleva malas prácticas en todos los niveles, desde prácticas deficitarias en el aula, hasta “malas políticas” o “políticas no significativas”. Por otro lado, aboga por la importancia de atender a las prácticas exitosas y no solo centrarse en esas “malas prácticas”, ya que esto podría llevarnos al desánimo y a la falta de perspectivas esperanzadoras. Amparados en lo exitoso, los profesores deben ir descubriendo el camino a seguir, entendiendo qué hay que cambiar y por qué. Asimismo, considera que se deben tener en cuenta los estudios regionales y no centrarse de manera primordial en aquellos que se refieren a un ámbito mucho más extenso.

      Una de las ideas más comentadas, fue la de la importancia del contexto. En nuestro ámbito, es fundamental centrarse en el contexto para poder transformar desde dentro, ya que “lo que es efectivo en unos casos no lo es en otros”.   

image      Otra de las ideas que suscitó más debate, es la idea de colaboración. Se puso de manifiesto la necesidad de repensar qué entendemos por colaboración. El consenso, no es sinónimo de colaboración, ya que se puede llegar a él con la “suma de las partes” y gracias a una “neutralidad peligrosa”. Tenemos que tener claro que los nuevos conocimientos y el cambio están arraigados en la interacción humana, y que cada persona, le da un matiz a los significados compartidos; por eso, hay que sentarse a debatir y huir de esa neutralidad. Además, la colaboración, no puede caer en un vacío de contenido ni de contexto.

      En el texto se hace referencia al recorrido histórico en el campo de la asesoría en el que se entremezclaron “luces y sombras” y en el que ha predominado una idea de asesoría como trámite burocrático, como hecho puntual, como intervención desde un enfoque clínico... Pero poco a poco, este recorrido nos ha llevado hacia la consideración del asesor como un facilitador. Siguiendo esta idea, se ha debatido mucho y se han apuntado muchas consideraciones en relación con la figura y el papel del asesor.

 El autor del texto, Jesús Domingo Segovia, sitúa el asesoramiento en un nuevo campo de acción considerando nuevos agentes y protagonistas; y entiende la asesoría como un poliedro flexible y dinámico. Sitúa el aula como el foco fundamental de la asesoría, algo que puede entenderse como un guiño a la escuela inclusiva (nota que apuntaba con acierto, desde mi punto de vista, una de las componentes del círculo interno). Para alcanzar el éxito, deben respetarse las posibilidades y condiciones de cada aula y “no trabajar por utopías sino por escalones”. Los “servicios de apoyo” deben ser más cercanos y más de acción.

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      En cuanto a la figura del asesor, debemos virar desde un asesor técnico, hacia un “colega crítico” que, además de dar confianza, provoque la reflexión y el consenso (evitar la neutralidad peligrosa) y tiene que saber sobre qué asesorar y contar con las herramientas necesarias. Debe ser un oportunista estratégico y conocer bien la realidad en la que opera y a los sujetos que la conforman. El asesor debe huir de ser infalible, huir de la unidireccionalidad, trabajar con el lugar de intervenir en, acompañar a los profesionales, promover puentes y lazos e ir “desapareciendo poco a poco”. La democracia, es su fundamento propio y entre sus características debe contar con buenas habilidades sociales y comunicativas y con capacidad de liderazgo. Así, entendemos al asesor como compañero de viaje, como garante, como conciencia y como espejo crítico.

     Por otro lado, se habla de que a pesar de ser necesarias acciones puntuales, es fundamental la continuidad dentro de un proceso, ya que así todos los agentes van dotándose de cierta autonomía al ir adquiriendo herramientas. Aquí viene a colación la idea tan comentada de las “comunidades de aprendizaje”, para la creación de las cuales es fundamental la implicación de todos los agentes. El asesor no debe ser quien remolque a todos los demás, sino que es necesaria la participación y el liderazgo de todos: “democratización del liderazgo”. Así, debemos caminar por este sendero para llegar a compartir y transformar entre todos. “Más allá del cambio dirigido: apoyar la mejora entre todos y para todos”.

      En relación con los modelos, se entienden estos como flexibles, dinámicos y combinables, lo que permitirá que puedan adaptarse al contexto.

      Me gustaría terminar la entrada comentando algunas otras ideas que salieron a la luz en el aula. Hablamos de la necesidad de “prudencia”, entendiendo que el trabajo del asesor requiere de la misma, puesto que resulta contraproducente caer en generalizaciones injustas. Se recalca la importancia de las necesidades sentidas, ya que estas son un ingrediente fundamental para la motivación: esto favorece la coimplicación y la creación de verdaderas comunidades educativas. Se alude a la importancia de tener siempre confianza en nuestras potencialidades como profesionales. Se recalca la necesidad de ir trabajando en pequeños cambios que permitan ir viendo resultados, lo cual favorecerá la motivación y el surgimiento de cambios de mayor envergadura. Y se hace referencia al concepto vygotskiano de Zona de Desarrollo Próximo referida en esta ocasión a la institución escolar (zona de desarrollo institucional): es aquí donde deben situarse los programas de mejora.

      En este momento y antes de dar por finalizada esta entrada, voy a traer a mi portafolios de manera textual unas palabras que recoge el texto y encierran gran parte de lo que hemos apuntado:  “Como se sostenía en otro momento (BOLÍVAR, 2000), la escuela puede generar conocimiento y, bajo ciertas condiciones, aprender. La clave reside en cómo lograr que los problemas cotidianos se afronten –con posibilidades de éxito– en el seno de potentes comunidades profesionales de aprendizaje que buscan el buen aprendizaje para todos. Para ello es fundamental generar y dinamizar prácticas que «desarrollen capacidades y compromisos» en procesos colectivos de autorrevisión y mejora, instalados en un escenario de democracia radical (GATE y DENSMORE, 2007)”.image

     Debemos “lograr de cada escuela una gran escuela” (HOPKINS, 2007), manteniendo siempre una actitud optimista y positiva y afrontando los problemas desde esta perspectiva: “bienvenidas sean las espinas sin por fin me dan las rosas”.