Comprender y redireccionar las prácticas de asesoría

            Después de leer, comprender, y observar críticamente las aportaciones en clase acerca de los aspectos más importantes del documento de Jesús Domingo Segovia, he decidido destacar aquellos puntos que yo he considerado más importantes, coincidiendo con lo ya discutido en el aula.

            Así, tal y como se plantea en el texto, el asesoramiento es una práctica compleja y con muchas posibilidades de desarrollo pero no todos los modelos de asesoría son aptos: esta debe establecerse en una relación democrática, en un escenario de colaboración profesional, a lo largo de un proceso y con un propósito ético, teniendo en cuenta que cada procedimiento debe adaptarse al contexto y a la cultura con la que trabaja para transformarla desde adentro.

            Es necesario buscar consensos e intentar hacer viable el binomio equidad y calidad en una sociedad plural tomando una determinada opción por la mejora. Pero la escuela no puede asumir sola esto, ya que, para que se genere y circule conocimiento es indispensable liderazgo, apoyo y asesoría, todo desde una perspectiva colaborativa.

            El cambio en educación y el aprendizaje del profesorado y de la escuela son más fáciles de generar y sostener si existen sistemas de apoyo integrados que actúen desde modelos constructivistas y colaborativos. Pero la ayuda que proporcionen debe respetar siempre el contexto y las posibilidades del centro, centrándose principalmente en le currículum.

            Por lo tanto, según todo lo dicho, se deben redireccionar las prácticas de asesoría para alcanzar una calidad, y ello solo es posible si se trabaja el asesoramiento desde una visión democrática, siempre con la colaboración y la cooperación como premisa básica, y teniendo en cuenta las circunstancias contextuales del centro, ya que no todas las escuelas son iguales, sino que cada una tiene unas características que las diferencian y la hacen única. Este movimiento requiere de unos aprendizajes y una circulación potente del aprendizaje, para lo que se considera relevante un sistema de apoyo que ayude a conseguir ello.

            El sistema de apoyo del que vengo hablando, está formado entre otros, por asesores y este puede estar adherido a diversos modelos. Así, en función del conocimiento del asesor, podemos diferenciar entre experto de:

  • “Contenidos o especialista en un ámbito de actuación: actúa en función de ese conocimiento de forma puntual, específica.
  •  Procesos o generalista: dedicado a procesos y estrategias de dinámica de grupos y cuantos aspectos sean necesarios para provocar, dinamizar y acompañar tales procesos.
  • Contenidos: pero que actúa con el grupo a modo de experto en procesos y colega crítico”.

            Considero oportuno destacar que este colega crítico debe dar confianza pero debe de ser, como su nombre indica, crítico. No debe caer en la tentación de ser sólo un colega que no provoca reflexión, consenso, etc.

            También pueden darse diferentes estilos de actuación:

  • “Directivo: dirige la acción y permite la actuación directa sobre el problema.
  •  Indirecto: acompaña el proceso mediante una acción asesora democrática, negociada, gestionada a favor de la acción real de los profesores y actores de la mejora, ejercida de manera que sean los otros quienes adquieran autoconciencia y tomen las riendas de sus procesos de mejora / acción”. El asesor, en este caso, debe ser un oportunista estratégico y aprovechar las anclas que lanzan los docentes para ir construyendo su camino. El asesor debe ser un compañero de viaje, por eso considero que este estilo de actuación sería el más adecuado, porque guía, acompaña y ayuda, sin actuar directamente sobre el problema.

            En función de su ubicación puede hablarse de asesoramiento:

  • “Interno: cuando el asesor pertenece a la propia institución.
  • Externo: cuando el asesor no pertenece a la institución; aunque puede acabar convirtiéndose en interno”.

            En cuanto al papel asumido en el desempeño de la práctica profesional, debo destacar tres modelos:

  • “Intervención (técnico, racionalista o experto clínico): utilizado para resolver problemas y, como experto en contenidos, emprender acciones de manera externa, puntual, totalmente sistemática y programada, basada en diagnósticos clínicos; o bien, desde otra perspectiva, la del «experto y diseminador», ofrecer información y formación específica proveniente de la investigación o la norma y transmitirla / comunicarla / proponerla al resto de los profesionales para que ellos la apliquen.
  •  Facilitación: similar a los anteriores, pero ubicado muy cerca de la realidad, por lo que frente a la demanda actúa a modo de centro de recursos.
  • Colaboración: basado en la integración y actuación en equipos y con el profesorado que asume dos modalidades:

— Colaboración técnica: cuando participa delimitando bien que es él el experto en determinadas cuestiones, pero que trabaja dentro de modelos colaborativos profesionales.

— Colaboración crítica: cuando participa como colega crítico que cede el protagonismo al propio grupo para que sea este el que tome sus propias decisiones, reservando para sí el papel de garante, conciencia y espejo crítico que devuelve al grupo la información pertinente reelaborada”.

            “En función del grado de estructuración e integración de propuestas se distinguen los siguientes modelos:

  • Modelo «servicios»: frente a cada necesidad o ámbito de acción se genera un servicio de apoyo que actúa de manera experta pero aislada y, a veces, traslapado con otros. Al profesorado le pueden llegar varios servicios con prioridades, mensajes y propuestas diferentes y, también contradictorias.
  • Modelo programas: todos los servicios y acciones se integran y coordinan en torno a programas; la acción tiene un sentido de continuidad y está articulada. El problema surge cuando en la práctica se trabaja en varios programas y se produce un efecto –similar al del modelo servicios– identificado como «programitis», que consiste en abrir tantos fuegos paralelos y descoordinados que terminan nublando o desviando de lo principal.
  •  Modelo programa: se actúa con la filosofía anterior pero con un solo programa aglutinador, generalmente nacido desde un proyecto educativo y un proceso de autorrevisión con apoyo. Este es el modelo que tiene sentido para la comunidad de aprendizaje y el que posibilita el aunar esfuerzos y perspectivas con un propósito común, más allá de actuar en acciones puntuales o colaterales”.

            Después de estas clasificaciones, me gustaría destacar que lo más normal y adecuado es que no haya modelos puros, sino que se entremezclan entre sí, ya que no todo es blanco o negro, sino que también existe el gris, y lo que es efectivo en unos casos no lo es en otros. Algo muy importante es que todos los modelos de acción, deben ser dinámicos y flexibles para adaptarse a cada contexto.

            En palabras de Escudero (2002), “para que un cambio tan potente hacia lo básico, hacia una «educación pública y de calidad para todos sea sostenible e «interiorizado, hay que tomarlo como referente y recorrer el camino desde una óptica freireana de utopías realizables, buscando la implicación del profesorado y las comunidades siempre desde el sentido común y la relevancia, con optimismo y de manera significativa, en un accionar pleno de colaboración, prudente y perseverante”. Es decir, lo que se desea conseguir ha de ser alcanzable, y sólo se llegará a ello si se establece una cultura de colaboración entre los distintos agentes, siempre teniendo presente el eslogan: trabajar con, en vez de intervenir en.

            Basándose en la democracia, se trata de que las prácticas asesoras sean capaces de llevar a cabo reformas, que aunque pequeñas, incidan en lo global. Con ello se aspira a que las comunidades educativas asuman y se doten de procesos reflexivos como estrategias de acción y transformación curricular, profesional e institucional. Esto requiere de profesionales comprometidos e implicados, que confíen en su propia potencialidad.

            Como conclusión, sólo decir que, para asesorar, a veces pesa más el como se es que la formación que se tenga, ya que esta profesión se basa en las relaciones humanas, y con colaboración y compromiso se puede llegar más lejos que con profesionales expertos que rechazan esas actitudes.

            Cada escuela es una gran escuela, cada escuela es única, y esto es así por el contexto que la rodea y los profesionales que la integran, unos agentes que, con su optimismo y su lucha deben hacer llegar muy lejos a esta institución.