Entre la realidad y el deseo.

            En esta entrada no voy a centrarme en explicar y opinar sobre todo el artículo en cuestión, ya que eso ya lo he llevado a cabo en otras entradas con anterioridad.

            Lo que pretendo hacer es centrarme en el título del documento, un título que podría hacer referencia a una obra literaria, narrativa o poesía, una obra de teatro, una obra de amor o desamor, etc. pero que en este caso se trata de una obra que pretende reflexionar acerca de la realidad en la que se encuentra el asesoramiento (en este caso el asesor interno), y como se podría alcanzar la tan deseada mejora en ese ámbito.

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            El asesor interno arrastra con su figura expectativas creadas a raíz de un modelo anterior, externo, de clara intervención clínica, remedial, puntual. Este profesional tiene muchas veces las mismas funciones que un asesor externo, a pesar de encontrarse dentro de la institución. Además, el orientador u asesor interno, es reducido en muchas ocasiones y en muchos centros educativos, a un terapeuta o a un psicólogo escolar, negándosele inicialmente el conjunto de facetas propias del asesor. Por eso, en muchos casos se confunde al orientador con asesor, y, en otros, se asocia al orientador como un psicólogo clínico, y al asesor como un formador de docentes. Con esa perspectiva clínica del asesor no vamos a ningún lado, ya que no se puede dar la espalda a la sociedad ni al mundo en su conjunto.

            Esa realidad era insostenible, ya que para educar a un niño es necesaria una colaboración entre todos los agentes y profesionales de la comunidad educativa, y para ello es necesario dejar atrás la perspectiva clínica y adentrarse en una de carácter más colaborativo. En palabras de García López, “para educar a un niño hace falta la tribu entera”. Aquí podemos observar, en base a esto, como se equipara la orientación a la educación, y como, para ambos procesos, es indispensable una permanente relación con los otros.

            Se ha ido evolucionando hacia un modelo de consulta triádica: orientador/asesor-profesor-alumno.

 

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            Pero en la actualidad se habla de un asesoramiento identificado con consulta y algo más… “El asesor ayuda al profesor y lo asesora ante una dificultad con el sujeto que es objeto de la consulta, para que sea él quien actúe con el alumno; pero además, como profesional, el asesor no duda en intervenir directamente con el alumno si es preciso, pero sin perder de vista un enfoque global, sistémico de la intervención, incluso haciéndolo de forma colegiada, en equipo y desplegando los recursos humanos y materiales necesarios; tal vez también de fuera del centro, del entorno, de la comunidad. Estamos ante lo que se denomina consulta colaborativa, clara superación de modelos anteriores y una de las bases del trabajo actual de asesores y asesoras” (Montero, L.).

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            Esa cultura colaborativa es lo que ha provocado pasar de una realidad del asesoramiento un tanto atrasada, estereotipada y no congruente con la sociedad, a una realidad deseada, en la que el trabajo en red, la colaboración entre toda la comunidad educativa, la mejor consideración del asesor, etc. va conduciendo a una mejora de la calidad educativa. Pero como bien explica el título, entre la realidad y el deseo, aun queda mucho camino por recorrer, aún nos situamos en el medio de ese camino entre aquella realidad y aquel deseo, por lo que debemos de tratar de innovar, integrar totalmente y expandir la cultura colaborativa, aprovecharnos de las TIC para evolucionar, conocer el contexto en el que trabajamos, ser cauto pero perseverante y, sobre todo, trabajar en equipo siempre con una actitud positiva y optimista. Sólo así ese deseo de mejora se cumplirá.

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