Y seguimos caminando....El papel del psicopedagogo desde las distintas concepciones curriculares

El papel del psicopedagogo desde las distintas concepciones curriculares


Siguiendo con la temática que nos ocupa estos días, podemos establecer la obra de Juan Fernández Sierra y coolaboradores (1995)  titulada El trabajo docente y psicopedagógico en Educación Secundaria como la primera obra de referencia del campo de la orientación -en secundaria- como actividad profesional.

En uno de sus capítulos aborda un tema de gran interés parta nosotros/as y más si lo relacionamos con el ya analizado asesoramiento curricular. De hecho hace una clasificación de los papeles que se le atribuyen al psicopedagogo en función del la relación existente entre este profesional, el resto de profesores/as del centro y la comunidad educativa y el enfoque curricular adoptado. Siguiendo esta clasificación distinguimos:

 

  • El psicopedagogo como reparador:

Desde la perspectiva del currículum como producto, el psicopedagogo se incorpora a los centros educativos como un técnico-operario encargado de tareas psicodiagnósticas, puntuales e individualizadas, y de tareas extraescolares (como cursillos y charlas a padres y alumnos sobre diversa temática) independientes de los procesos de enseñanza-aprendizaje que en el centro educativo se desarrollan. Se trata entonces de un médico-curandero que trata de “devolver” la normalidad a los alumnos con dificultades y así apoyar y lograr un buen desarrollo de los planes educativos preescritos por agentes externos al centro en el que estos alumnos se encuentran. 

                                                          El psicopedagogo como médico-reparador

Toda esta medicalización, afecta a la acción docente y comunitaria del centro: el profesorado interioriza que las dificultades del alumnado deben ser “solucionadas” por acciones externas, ajenas y descontextualizadas de la labor cotidiana; y a su vez evaden su responsabilidad como educadores y se ciñen a cuestiones meramente instructvas. Consecuentemente, padres y madres desplazan su responsabilidad hacia supuestos expertos e instancias externas.

Otra función relacionada con la implementación del currículum prespecificado es la de mensajero o informante de las prescripciones de las autoridades y de los expertos curriculares, que bien se puede confundir con las funciones de otros profesionales educativos (inspectores, delegaciones…) y que puede conllevar diversos inconvenientes si no se llevan a cabo unas actuaciones determinadas. Es decir, si no se adopta una postura de reflexión colectiva, puede situar a los docentes en una posición pasiva y receptiva, de rutina profesional, que dificulte la implicación plena del profesorado como agente activo y comprometido en las acciones educativas.

                                                      El psicopedagogo como mensajero

 

  • El psicopedagogo como colaborador:

Entender el currículum como proceso, supone la implicación de todos los profesionales educativo, así como el paso de la especificación de los objetivos a conseguir (productos) a la explicación de las actuaciones que se han de desarrollar (procesos). Desde esta perspectiva, el psicopedagogo pasa a ser un sugeto activo cooperador  que  actuará como asesor metodológico al servicio del curriculum desarrollado en su centro educativo concreto, colaborando con sus colegas docentes y animando la participación de la comunidad educativa. Asimismo, se desprende de la función diagnóstica y la transforma en una función de colaboración en cuanto a la atención integral de los alumnos y alumnas del centro.

                                                             El psicopedagogo como colaborador

  • El psicopedagogo como dinamizador:

 Desde la perespectiva del currículum como práctica, el psicopedagogo es un profesional cooperativo, crítico y dinamizador de los procesos de discusión, reflexión, evaluación, y reorientación que todo proceso educativo requiere. Ha de trabajar por una acción psicopedagógica que desarrolle al máximo las capacidades, destrezas y habilidades de las personas, con el objetivo de conseguir su desarrollo integral, tendiendo a la capacitación o empoderamiento de los miembros de la comunidad educativa para  que piensen, razonen, analicen, y decidan autónomamente por si mismos y teniendo en cuenta la sociedad y los demás agentes que les rodean.

Por tanto, los profesionales en educación han de concebirse como experimentadores” y analistas críticos de sus prácticas y acciones cotidianas, poniendo su conociemiento, sus recursos y su compromiso al servicio de un proyecto común. Consecuentemente, el profesorado se implicará y se responsabilizará de la educación integral del alumnado, así como en otras tareas orientadoras tales como la labor tutorial que deberá igualarse en importancia y rango a la docente.

                                            El psicopedagogo como dinamizador

 

Bajo este análisis, se aborda un concepto de la labor del psicopedagogo diferente a la que en otros ámbitos se espera o tiene: “Ese profesional no ha de ser un solucionador de problemas aislados, un recogedor de los niños con dificultades, un aplicador de test o un maestro de apoyo; sino un colaborardor de los profesores y de los órganos académicos del centro y un elemento dinamizador de la vida pedagógica de la comunidad educativa. Sólo de esta forma su trabajo será útil y su papel y labor reconocida, valorada y solicitada por dicha comunidad” (Fernández Sierra, 1995)

 

Bibliografía empleada: Fernández Sierra, J. (1995). El Trabajo docente y psicopedagógico en Educación Secundaria.Málaga: Ediciones Aljibe