XXII Cumbre Iberoamericana

            El 16 y 17 de noviembre, ha tenido lugar en Cádiz la XXII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, bajo el lema “Una relación renovada en el Bicentenario de la Constitución de Cádiz”. La Cumbre Iberoamericana de este año coincide, además, con la celebración del bicentenario de la Constitución de Cádiz de 1812, conocida popularmente como “La Pepa”, en cuya elaboración participaron los iberoamericanos de ambas orillas. Los principios y valores de la Constitución Gaditana que impactaron en los procesos de emancipación de las modernas naciones iberoamericanas, siguen hoy vigentes e inspiran los trabajos de la Comunidad Iberoamericana.

                La Cumbre Iberoamericana de Cádiz tiene lugar en un momento de grandes transformaciones para Iberoamérica por su dinamismo económico, su profundización democrática y los avances en la integración regional. Por este motivo, el encuentro constituirá una magnífica oportunidad para dar un impulso renovado a las cumbres y reforzar la relación entre los países iberoamericanos. La Cumbre de Cádiz perseguirá fortalecer las estructuras de diálogo y concertación, de integración y de cooperación de la Comunidad iberoamericana, a fin de impulsar su presencia relevante en la economía y las relaciones internacionales, aprovechar las oportunidades que ofrecen sus vínculos privilegiados con otras áreas del mundo y participar en un proceso de crecimiento conjunto que dé respuesta a los problemas reales de los ciudadanos en materia de bienestar, empleo y cohesión social.

                Para ello, la Cumbre Iberoamericana de este año dedicará especial atención a las políticas de crecimiento económico para reducir la pobreza, favorecer la igualdad de oportunidades y estimular la creación de empleo. La Cumbre estará precedida por una serie de reuniones sectoriales que prepararán el camino para lograr esos objetivos y se centrarán en cuatro grandes ejes: el crecimiento económico al servicio de los ciudadanos; el desarrollo de infraestructuras en los ámbitos del transporte, las telecomunicaciones, la energía y el uso del agua; la promoción de la pequeña y mediana empresa como motor de crecimiento y generación de empleo; y el fortalecimiento institucional para favorecer el crecimiento económico y la cohesión social. Todo ello, sobre la base de un eje transversal, la creación de empleo, aprovechando la gran riqueza que suponen nuestras lenguas y culturas comunes para el desarrollo conjunto y para el establecimiento de un verdadero mercado iberoamericano de la cultura.

                Aunque no faltan quienes dudan de la utilidad de estas cumbres, es obvio que a España le conviene cultivar sus singulares relaciones con Latinoamérica. Como lo es que toda consolidación democrática se beneficia del desarrollo económico. Ambos objetivos convergen en estas cumbres, donde pueden establecerse sinergias, ya sea en el ámbito de las grandes empresas de servicios o infraestructuras o en el de la gestión relacionada con la pequeña y mediana empresa. Y, en suma, en el de la colaboración transatlántica.

                Es verdad que España atraviesa una grave crisis. Pero también lo es que el momento de gran crecimiento de ciertos países iberoamericanos se reduce. Sería, pues, beneficioso para todos compartir saberes y oportunidades, en pos de una economía al servicio de los ciudadanos... Quizás estas cumbres deban optimizar su formato -a partir del 2013 serán bianuales-, pero lo que no deberían, en ningún caso, es desaparecer, ni perder esas relaciones y lazos internacionales.

 

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