TÉCNICA DE LAS TRES P – tres preguntas-. (7ª SESIÓN)

    “No se trata pues, de generar consabidas recetas y recomendaciones a que se trabaje en equipo, a la reflexión o la deliberación dialéctica. La práctica ya nos ha advertido reiteradamente que eso no suele funcionar, que suena como cantos de sirena o propuestas de iluminados; pero que, buscando un foco principal de acción previamente identificado en un proceso serio de autorrevisión, pueda ser concertado todo un plan de trabajo. Todo debe pivotar en torno a una dimensión palpable del proceso de enseñanza-aprendizaje que destaque como una necesidad percibida y significativa, sobre la que merece la pena trabajar – tanto en sentido fuerte del término (buen aprendizaje para todos), como débil (intereses cotidianos y problemas palpables y verbalizados del equipo docente)- y establecer puentes evidentes cono otros procesos colaterales imprescindibles”.

 

      Con estas palabras, a priori complejas y rebuscadas, pero llenas de contenido cuando se leen en profundidad, comenzaba esta sesión. Aquí vislumbramos, pues, lo que pretendemos y la idea centro de este encuentro: no llega con declaraciones de buenas intenciones, con recomendaciones sobre lo que es mejor, con textos que manifiestan la necesidad del trabajo en equipo... Para pasar de la teoría a la práctica, es necesario que se parta de necesidades sentidas y compartidas que emerjan en esos complejos procesos de enseñanza-aprendizaje. Será desde ahí, desde donde establezcamos esos puentes con otros procesos fundamentales.

      Con estas referencias como marco, dio comienzo una sesión que yo tildaría de viva, de activa, de enriquecedora, de compartida... Llevamos a cabo la técnica de las tres pes, cuyas preguntas fueron:

1ª) ¿Qué actuaciones observamos/experimentamos que definiríamos como asesoramiento curricular?image

2ª) ¿Cómo pueden asesorar sobre el curriculum quienes no son especialistas en el ámbito curricular?

3ª) ¿Qué saberes sobre el curriculum poseen los psicopedagogos en su proceso de formación como tales? ¿Cuáles deberían poseer?

      Estas cuestiones abrieron un debate que, a pesar de darles respuesta, lejos estuvo de ceñirse a las mismas.

    En relación con la primera pregunta, cada uno expuso sus experiencias vividas tanto en los centros donde imageestudiamos, como en los períodos de practicum. De ahí, surgió un fértil debate en torno a la legislación y a la atención a la diversidad (tengamos en cuenta que muchas compañeras estuvieron de prácticas en centros de educación especial). Apuntamos que un psicopedagogo debe conocer muy bien la legislación, por las responsabilidades y el juego interpersonal e interactivo que implica su trabajo; además, en esta práctica de la enseñanza y el asesoramiento, no está todo dado de antemano, sino que aparecen sorpresas, y por ello, es necesario conocer muy bien la ley. Pero no debemos considerar la ley como un corsé, sino como un marco que nos abrace sin impedir el concepto de mejora.

   Consideramos, en cuanto a la atención a la diversidad que, puesto que atender a la diversidad curricular esimage
 complejo, debe haber una interrelación y un juego entre los centros ordinarios y los centros específicos. Partiendo de esta idea, surgió el tema de las competencias y las posibilidades de acción de los profesores en relación con todas aquellas ayudas que necesitan un contacto físico (cambiar a un niño...), puesto que, a día de hoy, parece necesario tener un papel firmado por los padres para todo. Y aquí, aludimos plenamente la figura del asesor, ya que si este detecta un problema en relación con este tipo de ayudas, debe abordarlo y buscar soluciones. Así, una compañera apuntó una idea muy interesante: el psicopedagogo (asesor, orientador...) puede poner un poco en contacto a centros y familias para evitar que se creen esas desconfianzas, a veces basadas en razones fantasiosas, entre el centro y las familias, y también para procurar la llegada a acuerdos que sean recogidos en el PCC o en el RRI, ya que esto evitará ciertos tipos de situaciones incómodas y problemáticas. Quizá es importante implicar a los padres en la dinámica del centro.

   Por tanto, ser asesor implica tener una visión de conjunto, identificar problemas, llegar a acuerdos con distintos agentes... No obstante, el asesor tiene que intentarlo, pero no puede empeñarse en arreglar aquello que no tiene arreglo o aquello que no le dejan arreglar; debe buscar aquellos aspectos en los que puede incidir siendo consciente de las condiciones de su puesto de trabajo, de sus posibilidades, de sus limitaciones...

 

      En relación con el segundo interrogante, concluimos que personas que no son especialistas en el currículum, si podrían asesorar en este ámbito gracias a la construcción en espiral.image Pensemos que el núcleo duro del asesoramiento curricular reside en los procesos de enseñanza-aprendizaje (en su mejora, su apoyo...), pero muchos asesores, no tienen formación de base en la enseñanza, por tanto estaríamos ante una contradicción. Sin embargo, esta podría resolverse al tener en cuenta que todos somos especialistas, aunque en cosas diferentes: necesidad de colaboración, de trabajo en espiral... El asesor no va a ser especialista en todas las materias y en todos los campos, pero debe tener una formación de base y ser un conocedor de recursos. Lo que si es una competencia fundamental para el asesor, es saber definir a qué se enfrenta en cada momento y qué necesita para ello. Debe saber sobre qué va a asesorar y, gracias al trabajo colaborativo, puede hacerlo con otros profesionales.

 

     En cuanto a la tercera pregunta, más o menos todos coincidimos en señalar que tenemos una serie de nociones más bien teóricas acerca de la definición y tipos de currículum, de los niveles de concreción curricular, de las fuentes... pero quizá notamos cierta carencia a nivel práctico: cómo concretamos el currículum en nuestra imagepráctica diaria en un contexto determinado, qué posibilidades tenemos, cómo hacemos una adaptación curricular cuando se trata de la atención a la diversidad... Hicimos referencia también a que nos encontramos en un momento de cambio (anteproyecto de la LOMCE...), y, finalmente, concluimos que lo que quizá más nos hace falta, es tomar consciencia de que cuando hablamos del ámbito curricular, estamos aludiendo a cuestiones cambiantes: “tenemos que mantener una actitud abierta al cambio, no enquistarnos”.

    Finalmente, dimos por rematada la sesión, recopilando y dibujando una serie de aspectos sobre el asesoramiento curricular, considerando el currículum como espacio de toma de decisiones, al equipo directivo como motor del centro, al asesor/a como un miembro más de la Comunidad Educativa y el trabajo por proyectos en un contexto determinado. Asimismo, hicimos referencia a las interrelaciones entre el desarrollo profesional, el desarrollo curricular y el desarrollo de la escuela; y hablamos de los distintos tipos de curriculum y de las relaboraciones del mismo, es decir, el curriculum a través de su praxis.

      No quería terminar esta entrada sin comentar algo que me llamó la atención ya que, desde la educaciónimage primaria, nunca me había pasado: la profesora de la materia trajo bombones para repartir entre los alumnos. Esta dulce sorpresa, respondía a tres razones: la victoria del presidente Obama, el gran trabajo que nuestras compañeras habían realizado en la preparación del texto de Jesús Domingo Segovia y el exitoso resultado de la implementación de la técnica de cáscara de cebolla en el aula, y al cumpleaños de una de nuestras compañeras. Quizá parezca algo trivial, pero nunca debemos olvidar que la educación implica una estrecha relación entre personas y, gestos de este tipo, se agradecen mucho, así que ¡Gracias Lourdes!