25 de noviembre. Día Internacional Contra la Violencia a la Mujer.

«Millones de mujeres y niñas de todo el mundo son agredidas, golpeadas, violadas, mutiladas o incluso asesinadas en lo que constituyen atroces violaciones de sus derechos humanos. [...] debemos cuestionar en lo fundamental la cultura de discriminación que permite que la violencia continúe. En este Día Internacional, exhorto a todos los gobiernos a que cumplan su promesa de poner fin a todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas en todas las partes del mundo, e insto a toda la población a que apoye este importante objetivo»

Mensaje del Secretario General en el Día Internacional de la

Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Nueva York, 25 de noviembre de 2012

            Hoy, 25 de noviembre, es el día internacional en contra de la violencia de género. El 25 de noviembre fue declarado día Internacional contra la Violencia hacia la mujer en el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y del Caribe celebrado en Bogotá (Colombia) en julio de 1981, recordando el brutal asesinato de las hermanas Mirabal, activistas políticas y símbolos muy visibles a la dictadura de Trujillo. Estas fueron encarceladas repetidamente, junto con sus maridos, por sus actividades revolucionarias en defensa de la democracia y la justicia. El 25 de noviembre, las tres mujeres se dirigían a visitar a sus maridos encarcelados y fueron asesinadas y estranguladas y sus cuerpos fueron tirados a un precipicio, todo esto acción llevada a cabo por la policía de Trujillo. El brutal asesinato conmocionó y escandalizó a toda la nación, hecho que impulsó el movimiento anti-Trujillo, el cual fue asesinado.

            El 17 de diciembre de 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La ONU invitó a gobiernos, organizaciones internacionales y organizaciones no gubernamentales a organizar actividades dirigidas a sensibilizar al público respecto del problema en este día como una celebración internacional.

            La violencia de género ha sido, y sigue siendo en muchas partes del mundo, un delito oculto, invisible. La consideración de que las mujeres son objetos de propiedad de los varones de la familia, y por extensión de todos los varones, y que deben estar sujetas a ellos, obedecer, mantenerse en la sombra, cubrir las necesidades y satisfacer los deseos de ellos es la regla de oro del patriarcado. Si el poder es masculino, la capacidad de corregir y castigar también es de ellos. La violencia explícita o la amenaza de recurrir a ella se utilizará como una forma de control sobre la vida de las mujeres, y ese miedo se transmitirá de generación en generación. El “aguanta, ya sabes como son los hombres” ha sido durante largo tiempo un consejo de muchas madres a sus hijas, como una forma, quizás, de prevenirlas sobre las consecuencias todavía más graves si se atrevían a desobedecer, quejarse o intentar apartarse de ellos. Pero debemos terminar con esto.

            Actualmente, los movimientos feministas luchan por esta igualdad, y aunque han avanzado mucho en este camino, todavía queda mucho terreno por el que luchar y que ganar. Debemos tener en cuenta, que esta no debe ser sólo una lucha de las mujeres, especiales afectadas, sino de toda la sociedad. Debe desaparecer el patriarcado, y promover una sociedad más igualitaria. Parece mentira que en pleno siglo XXI, la violencia de género esté a la orden del día. Cada hoja del calendario deja muchas mujeres muertas y en el olvido a causa de sus maridos, parejas, etc. Y esto no puede seguir así. Todos somos iguales, y todos tenemos los mismos derechos a vivir.

            Concretamente en mi pueblo, en esta fecha, se llevan a cabo diversas actividades, propuestas por la oficina de igualdad del Ayuntamiento: concursos de cartas y tweets contra la violencia de género para que la gente participe y se conciencie con este problema, conciertos cuyos temas aluden a esta problemática y cuyos fondos se destinan a asociaciones de mujeres maltratadas, flahmob (bailes en cualquier parte sin aviso previo) de mujeres que se animan a participar para luchar contra esa violencia, etc.

            Pienso que, que se realicen estas actividades ya supone un avance, pero no debemos recordar este problema sólo en este día, sino todos los días del año, porque es algo que está presente en la sociedad siempre.

            Las mujeres maltratadas son víctimas que sufren mucho tanto a nivel físico como psicológico y emocional, y en algún momento esa situación puede ser vivida por vosotras, o por vuestras hermanas o madres, así que por favor, no dejéis esta problemática a un lado; nos concierne a todos, y solo juntos podemos luchar y conseguir que ese sufrimiento disminuya y desaparezca.

            A continuación os dejo una carta a un maltratador que a mí me ha llegado hondo, y espero que haga ver a los que no hacen caso de este problema, la realidad del maltrato:

“Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado… porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras… Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu 'método de disciplina' intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe… La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.

Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.

Me puse contento antes de tiempo.

Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…

Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá.. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a ti. Esta carta es para ti, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.

Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un mal tratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.”


 image