El bienestar docente.

            En esta entrada pretendo explicar y reflexionar sobre el bienestar docente, a partir de un artículo sobre este tema encontrado en la Revista de Investigación Educativa de la Universidad de Sevilla.

            El bienestar docente constituye una corriente de investigación alternativa y posterior a la centrada en el ‘malestar de los docentes’. Los primeros trabajos científicos sobre el malestar del profesorado se desarrollan en los años setenta del pasado siglo XX, focalizándose sobre sus consecuencias, que se relacionan con el agotamiento emocional y la disminución de los logros profesionales del profesorado (Cornejo y Quiñones, 2007). Es en los años noventa cuando el interés científico se interesa en el bienestar docente. Esta línea de trabajos se relaciona y va pareja a los estudios psicológicos sobre “la felicidad” o la “satisfacción con la vida”. Dentro de esta corriente surge en el ámbito de la psicología social el concepto de “bienestar subjetivo”.

            Desde una perspectiva psicológica el esfuerzo científico se ha centrado en identificar factores que expliquen este estado de ánimo, con el propósito de establecer modelos teóricos, así como construir instrumentos que permitan su medición. Las producciones en este sentido configuran hoy todo un corpus científico que algunos autores han denominado ciencia del bienestar subjetivo (Eid y Larsen, 2008). No obstante ambas líneas de investigación coinciden en su interés por abordar los estados emocionales de los profesores.

            Desde un punto de vista educativo el bienestar docente ha sido objeto de recientes análisis y reflexiones (Marchesi, 2007; Hué, 2008; Carrasco y Bernal, 2008) así como de programas de investigación (Verhoeven y otros, 2003). La observación de que la actividad docente genera en algunos profesores desánimo y agotamiento, mientras otros siguen manteniendo la motivación y la ilusión, lleva a estos autores a establecer relaciones entre buenas prácticas y bienestar docente. Con frecuencia los profesores innovadores muestran satisfacción profesional y placer con sus iniciativas (Carrasco y Bernal, 2008: 407). Por tanto, tal vez en las buenas prácticas, es en donde radiquen las claves para prevenir el malestar docente e incentivar las emociones positivas.

            El bienestar docente científicamente se vincula al constructo “bienestar subjetivo”,  proveniente del campo de la psicología social. En este sentido el panorama científico viene configurado por tres líneas de trabajo preferentes. Una de ellas se interesa por elaborar teorías que sirvan de marco de referencia para proyectar estudios empíricos sobre variables explicativas del bienestar subjetivo. Básicamente son tres los modelos teóricos explicativos que aglutinan el grueso de los enfoques de investigación que se desarrollan en la actualidad (Eid y Larsen, 2008). El modelo ambientalista, que defiende que el bienestar subjetivo depende de las condiciones externas y vinculadas al entorno. Desde este modelo el bienestar docente estaría condicionado por la cultura y el ambiente aportados por el contexto educativo. Esta línea de trabajo ha dado como fruto numerosas investigaciones que vinculan el bienestar subjetivo con variables económicas. El modelo psicológico plantea una posición opuesta, ya que son las características personales de los sujetos la clave del bienestar subjetivo. En esta línea se ha desarrollado abundante producción científica, desde una perspectiva psicológica, tratando de identificar las variables de personalidad relacionadas con el bienestar subjetivo. Los resultados obtenidos parecen hallar ciertas relaciones entre la extroversión y el bienestar subjetivo (Harris y Lightsey, 2005). Es decir, el bienestar subjetivo depende de factores vinculados a los rasgos de personalidad del sujeto. Y por último, el modelo interaccionista que interpreta el bienestar subjetivo como una relación entre factores personales y características situacionales. Son los dos primeros los que han sido objeto de un mayor número de investigaciones empíricas, siendo por el contrario escasas en el último modelo.

            A nivel metodológico una de las áreas de mayor atención ha sido la medición del constructo bienestar subjetivo. Ello ha exigido plantear su estructura interna, explorando el peso de variables relevantes a nivel teórico.  Este constructo se ha explorado tanto a nivel general, asociándose a la calidad de vida, como en áreas más reducidas, como la satisfacción en el trabajo, incluso a nivel más individual generándose el concepto de bienestar personal.

            La medición del bienestar docente resulta compleja. Desde un punto de vista conceptual el bienestar subjetivo (personal y psicológico) se refiere a la “estimación cognitiva del grado de satisfacción con la propia vida, y esa satisfacción se expresa o concreta en la correspondencia entre metas obtenidas y deseadas. Para otros, el tono emocional es el núcleo de la satisfacción del sujeto con su vida presente al compararla con su ajuste en el pasado” (Quintero y González, 1997:129).

            Esta o similares definiciones sirven a autores más recientes (Eid y Larsen, 2008) para extraer las referencias con las que medir el bienestar. Se identifican tres dimensiones: una emocional, otra valorativa, y otra proyectiva (objetivos para alcanzar determinadas metas u obtener logros). Pero estas dimensiones tienen relaciones interdependientes entre ellas. Así las emociones positivas o negativas guardan una estrecha relación con las metas o con los proyectos personales de los profesores; por tanto, para que las emociones existan, es necesario que haya un propósito, un objetivo a conseguir. Por otra parte, se necesita un proceso cognitivo/valorativo que relacione metas propuestas con logros alcanzados. El resultado de esta valoración produce las emociones; positivas si se logran los objetivos y negativas si no se alcanzan las metas. Dentro de este marco explicativo ocupa un lugar destacado la motivación, ya que es el motor para iniciar la acción que lleve a lograr los objetivos propuestos. Estudiosos del tema (Carr, 2007; Marchesi, 2007) apuntan a que la motivación intrínseca es un factor claramente asociado al bienestar docente. Los docentes que tienen una motivación intrínseca muestran más interés, más entusiasmo y más confianza con relación a las tareas docentes. También presentan un rendimiento superior, más perseverancia y más creatividad. Consecuentemente, con ello manifiestan una mayor autoestima y un mayor bienestar. Por otra parte la motivación intrínseca está relacionada con los niveles de habilidad para la realización de una determinada actividad. A su vez, la alta habilidad produce emociones positivas y la baja habilidad origina ansiedad, preocupación y apatía.

            Desde una perspectiva profesional existe una cierta unanimidad en considerar que la satisfacción laboral es un concepto integrado por varios factores. Tradicionalmente se consideraban factores claves los relacionados con la motivación externa tales como; sueldo, promoción profesional, autonomía, etc. Estos factores se incluyeron dentro de las motivaciones extrínsecas, y posteriormente se incorporan a las investigaciones las motivaciones intrínsecas.

            Las líneas más recientes de investigación sobre satisfacción profesional (Judge y Klinger, 2008) incorporan la dimensión afectiva y emocional como un rasgo latente de este constructo. Por tanto, podemos decir que la dimensión emocional, actitudinal y cognitiva están íntimamente relacionadas con este constructo.

            Como podemos observar, la investigación sobre el bienestar docente está a la orden del día, y son muchísimos los estudiosos de este ámbito, con un montón de teorías cada uno de ellos. En lo que sí coinciden todos es en que una de las principales causas de este bienestar es la motivación intrínseca. 

 

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