MALESTAR DOCENTE.

La persona es como una llama que  se puede apagar,

 perdiendo fuerza.

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En esta publicación pretendo destacar  y reflexionar sobre las ideas que surgieron en clase y que considero más relevantes en cuanto al tema principal que trabajamos la sesión pasada, el malestar docente.

Como autor destacado, se citó a José Manuel Esteve quien inició en España el tema del malestar y del bienestar docente.

En síntesis, el malestar docente es una realidad a la que tienen que enfrentarse muchos profesores diariamente, es un proceso  al que se llega, pero formado por numerosos pasos previos. La persona queda “tocada”, ya que este fenómeno afecta directamente a la personalidad. Éste término se refiere a las molestias, al dolor que sufren los profesores debido a las tensiones que soportan en su profesión.

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Un solo factor no es el causante de esta crisis, sino una acumulación de factores; y es tan peligroso que incluso puede desbocar en una depresión. Las principales causas que se comentaron en clase fueron:

-Masificación en las aulas.                                                                     

-Escasa valoración de la labor docente.

- Complejización de la organización educativa.

-Exigencia constante de altos niveles de atención.

-Indisciplina de estudiantes.

-Falta de recursos para hacer frente a las exigencias del S.E

-Relaciones conflictivas producto de la implicación emocional.

 

Por consiguiente, la persona que está “quemada”, que sufre malestar docente, sufre una serie de consecuencias:

-Agotamiento emocional.

-Despersonalización.

-Falta de realización personal, es decir, pérdida del sentimiento de eficacia, la persona piensa que no es capaz.

-Enfermedades físicas comórbidas con el problema.

Todas estas consecuencias forman un bucle, se retroalimentan las unas de las otras y “la olla a presión” acaba reventando.

En relación al tema de las atribuciones, el locus de control defiende que, o todo depende de mí, o todo depende de los demás.

Bajo mi punto de vista se trata de buscar que nuestras atribuciones tengan una razón intermedia. Es decir,  tenemos que hacer autocrítica y ser conscientes de que hay cosas que dependen de uno y cosas que no. Es necesario saber parar, para vivir más saludablemente,  ir desgranando los motivos que nos hacen estar más “quemados”. Quemados en el sentido de que la persona es una llama y se va apagando, va perdiendo fuerza. De ahí todas las consecuencias que se derivan.

Como estilos de afrontamiento, Mónica hizo referencia a tres en concreto: El focalizado en el problema, el focalizado en las emociones o el de evitación.

Para mí, los problemas no se resuelven por sí mismos, siempre es necesario su análisis.  Por lo que en este caso, el malestar docente, es algo que se tiene que afrontar con seriedad, no podemos dejarlo pasar, sin ponerle solución.

Otra de las cuestiones que se señaló y que me parece muy relevante destacar es el factor común que tienen en sus sistemas todos los países con una educación de calidad. Finlandia, Corea, entre otros, cuentan con Formación y Atención al profesorado, se trata de un trabajo de coeducación.  Además de esto, también influye en lugar donde se encuentre la institución, así como la cultura del propio País, es decir, la competencia de empatía con el entorno.

También se trazó el perfil que tienen las personas más propicias a sufrir este fenómeno. Se dice que es la enfermedad de los idealistas, es decir, afecta a personas muy competentes, emprendedoras, hábiles socialmente, muy exigentes y con metas altas que desembocan en expectativas erróneas. Personalmente creo que hay que tratar de ser realistas, no idealistas, porque sino sembraremos fracasos. Igualmente, tenemos que enfrentarnos a la realidad con buenas expectativas.

Por último, a escasos minutos de finalizar la clase conocí un nuevo concepto del que nunca había escuchado hablar: la Resilencia.

Y es que, las personas no solo nos deformamos para adaptarnos a una realidad, sino que al volver al estado normal, somos mejores, y en posteriores situaciones que tengamos que volvernos a moldear nos resultará más fácil gracias a las experiencias vividas.

Son las personas capaces de afrontar las situaciones adversas de la vida las que salen adelante, ahí reside la diferencia entre quien cae en el malestar docente y quién no. Por esta razón, tenemos que corporeizar la resilencia!!!!! Todos llevamos dentro la capacidad de superar las adversidades. Tenemos que construir una escuela resiliente, necesitamos profesores, orientadores, directores con esta capacidad.

A modo de conclusión, opino que el profesor está sobrecargado de trabajo y contradicciones, por ejemplo, el profesor debe mantener la disciplina en clase, pero al mismo tiempo tiene que ser agradable con los alumnos, o debe atender a los alumnos individualmente, ya que hay niños que necesitan ir más rápido, pero otros más despacio. Además de todos estos inconvenientes, ha de cuidar el ambiente de la clases, evaluar y atender a los padres y actividades del centro, en definitiva, un trabajo agotador, que genera muchas ansiedades.

Del mismo modo, los continuos cambios que se producen en la enseñanza, tan rápidos y el sistema tan masificado, hace imposible atender con calidad y eficacia a las demandas educativas, convirtiéndose en otro de los inconvenientes de la labor docente.

En definitiva, considero que para hacer frente eficazmente al malestar docente hay que actuar sobre las condiciones de trabajo y sobre el apoyo que el profesor recibe para realizarlo.

El malestar docente es una enfermedad social producida por la falta de apoyo de la sociedad a los profesores en los objetivos de la enseñanza y en las retribuciones materiales y reconocimiento del estatus. Por tanto, “hay que mejorar la enseñanza como puesto de trabajo y como profesión” Esteve Zarazaga.

El asesor debe ayudar al docente a acabar con este malestar, comenzando por su conocimiento, y reducir sus efectos negativos tomando medidas apropiadas. Además de concienciar a los futuros educadores, durante su periodo de formación, de este problema. Y así poder revalorizar la imagen de esta profesión en la sociedad y que los profesores recuperen el orgullo de serlo, siendo reconocidos por su trabajo en la sociedad, que es mucho.

Como asesores, los docentes son un colectivo al que debemos dirigir nuestros esfuerzos, pues al centrarnos en el docente, indirectamente (el sentido del asesoramiento) estamos beneficiando al alumno.