Burnout

Hoy para seguir con la temática del Bienestar y malestar de los profesores me gustaría hablar del “Burn out” en la profesión docente. Para ello me gustaría, primeramente definir este término de manera global, y para ello utilizaré el siguiente artículo extraído de internet:

“El término "Burn out" procede del inglés y se traduce en castellano por "estar quemado". A mediados de los años 70 el psiquiatra Herbert Freudenberger describió el síndrome Burn out, aunque no con tal nombre, como una patología psiquiátrica que experimentaban algunos profesionales que trabajaban en algún tipo de institución cuyo objeto de trabajo son personas.

El psiquiatra trabajaba en una clínica de Nueva York y observó como la gran mayoría de los voluntarios que trabajaban con toxicómanos, en un periodo determinado -normalmente un año-, sufrían de forma progresiva una pérdida de energía, hasta llegar al agotamiento, síntomas de ansiedad y depresión así como desmotivación en su trabajo y agresividad con los pacientes.

 Su definición reagrupaba diversas manifestaciones de tensión que se daban en personas "adictas al trabajo":

"Sensación de fracaso y una existencia agotada o gastada que resulta de una sobrecarga por exigencias de energías, recursos personales y fuerza espiritual del trabajador".

En 1976, la psicóloga Cristina Maslach utilizó el término Burn out, empleado hasta entonces por los abogados californianos para describir el proceso gradual de pérdida de responsabilidad profesional y desinterés cínico entre compañeros de trabajo, para referirse a un conjunto de respuestas emocionales que afectaban a los profesionales de ayuda. Determinó que los afectados sufrían " sobrecarga emocional" o síndrome de Burn out y lo definió como "síndrome de agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal que puede ocurrir entre individuos cuyo trabajo implica atención o ayuda a personas".

Esta patología recoge una serie de respuestas a situaciones de estrés que suelen provocar "tensión" al interactuar y tratar reiteradamente con otras personas y que se manifiesta en los diferentes aspectos.

Según Maslach y Leiter, "el mundo del trabajo es una arena agresiva en la cual el individuo trata de sobrevivir". Y el Burn out es el fracaso de este intento.

Según los estudios de Freudenberger este síndrome sería contagioso, ya que los trabajadores que lo padecen pueden afectar a los demás con su hastío, desesperación y cinismo, con lo que en un corto período de tiempo la organización, como entidad, puede caer en el desánimo generalizado. Otros autores como Savicki, Seidman y Zager formulan la posibilidad de que genere efectos epidémicos.”

  burnoutPara concretar más me gustaría hacer mención también a retales de otro artículo de la Junta de Andalucía que habla del Burn out en el profesorado.

Este artículo comienza diciendo que las condiciones de trabajo, las presiones de tiempo y el devaluado contexto escolar destacaban como principales fuentes de estrés en los primeros trabajos realizados sobre el estrés del profesorado hace ya dos décadas.

 Posteriormente se han señalado como importantes: el conflicto o ambigüedad de rol, el nivel de participación en la toma de decisiones, los sistemas de premios, la autonomía en el ejercicio de la actividad profesional, la evaluación del profesorado, la relación profesorado/alumnado, la falta de promoción y el apoyo que recibe de la organización.

Líneas más abajo del citado artículo también se  indica que tipo de profesorado es el más propenso a padecer este síntoma:

“Investigaciones realizadas opinan que el profesorado más quemado es aquél que tiene alumnado difícil, por lo que se enfatiza la influencia de las dificultades en el manejo de las interacciones en el aula como una de las fuentes fundamentales del burnout.”

Por último me gustaría mencionar también las consecuencias en el docente que produce este fenómeno, puesto que son importantes, tanto desde el punto de vista profesional (impuntualidad, abundancia de interrupciones, evitación del trabajo, absentismo, impuntualidad, falta de compromiso en el trabajo, un anormal deseo de vacaciones, una disminución en la autoestima, así como una incapacidad para tomarse a la escuela en serio, e incluso al abandono de la profesión); y por ende económico, como desde el aspecto humano.

En lo que refiere al “burn out” me gustaría mencionar que tras consultados diversos artículos actualmente existe una corriente investigadora que afirma que aunque dicho síndrome se puede dar en cualquier profesional que se dedique al trato con personas, es la profesión docente la más propensa a padecerlo.

Esto, en mi opinión, se justificaría porque si el trato con personas en sí mismo, ya es complicado, más complicado es todavía con adolescente y niños, puesto que sus cuerpos están sufriendo continuamente cambios, lo que provoca que tengan un comportamiento más “extraviado” que las personas adultas. Además a esto también le podemos añadir que los alumnos de hasta 16 años acuden a la escuela de forma obligatoria, lo que puede provocar, y de hecho provoca, anomalías en las relaciones que en esta institución se desenvuelven.

WEBGRAFÍA