Pizarra clásica o pizarra digital, esa es la cuestión

           Después de acudir a la primera clase de Tecnología Educativa y de tener el primer contacto con la asignatura, puedo decir que hay mil cosas sobre las que podría buscar información, pero yo me he decantado por lo que abarca la tecnología educativa.

            Cuando a alguien le preguntas ¿qué es Tecnología Educativa?, lo primero que te va a contestar es que es el uso de las nuevas tecnologías en el aula, como pueden ser los ordenadores, las pizarras táctiles, el uso de presentaciones electrónicas (power point), visionado de videos, etcétera. Pero lo curioso es que la Tecnología Educativa es también la colocación especial de unas mesas en el aula, el uso de la pizarra clásica o de utensilios fabricados para la enseñanza como pudieron ser en su tiempo los pizarrines y hoy en día las libretas y bolígrafos. Este es el punto que más me llamó la atención de la clase. Por ello, buscando en internet información sobre este tema encontré este texto; escrito desde la perspectiva de una pizarra clásica:

 “Siempre vieron mi fondo negro. Alguien sugirió que si me pintaban de verde, la vista de los alumnos estaría más descansada. Tal vez. Las tizas me recorrieron siempre hasta lo que la altura de los docentes lo permitía.

De tantos cálculos combinados y análisis sintácticos escritos en mi piel rugosa queda sólo el polvo blanco que el borrador dejaba caer en cada cambio de hora. El maestro que se atrevía a dibujarme un paisaje, con todos los detalles y las tizas de color de que disponía, encendía siempre los ojos de los más chicos.
 
Ecuaciones, abecedarios y reglas ortográficas. Poesías, oraciones unimembres y cuadros sinópticos. La tabla del 7, las regiones geográficas y los problemas de regla de tres simple. Cada hora un tatuaje distinto sobre mi piel rugosa. Fecha y fechas. (…)

A comienzos de este siglo muchas aulas estaban rodeadas por hermanos míos. Es decir, no ocupaba solamente el lugar de privilegio al frente de la clase, sino que también ocupábamos las paredes laterales del aula. ¿Para qué tantos pizarrones? Los nuevos tiempos exigían bastante trabajo de los chicos y mayor actividad del alumno(…).

Y aquí me ven, todavía disfruto de buena salud. ¿Que la tecnología me puede desplazar? No lo creo. Ahí tienen, para botón de muestra, a mis sobrinos electrónicos. A mis primos de fórmica, para que las tizas descansen un poco y para que trabajen los plumones. Allí andan dando vueltas otros que permiten tener copia en papel de lo que se ha escrito sobre ellos.

¿Tizas digitales? ¿Encerados de vidrio? Quién sabe. Hacia allá vamos. Nosotros somos lo de menos porque... ojo... lo que es ¡reemplazable es quien escribe sobre nosotros. Aquí no pueden faltar alumnos. Y.. por más que algún tecnólogo quiera reemplazarlos, no pueden faltar los docentes. De ellos, por ellos y para ellos es todo nuestro trabajo. Nosotros somos testigos mudos de lo que ellos hacen. No tenemos palabras ni ideas. No somos el centro de sus universos. Lo son ellos. Por más chips y pantallas de cristal líquido que nos instalen. Lo más importante seguirá 

siendo el color de sus sueños sobre cualquiera de nosotros. Y esos sueños brillan tanto sobre una pizarra descascarado como sobre un monitor de última generación.
 
No habrá corazón digital que lo reemplace.”

         Al terminar de leer este texto nos preguntamos, ¿es verdad lo que dice el texto?, ¿La pizarra clásica nunca se va a sustituir por la pizarra digital? Como podemos comprobar todas las aulas cuentan todavía con pizarras clásicas con sus tizas blancas, pero poco a poco las pizarras digitales van ocupando nuevos lugares ¿no es así?; lo que impide todo el proceso de innovación muchas veces es el “no saber” de los docentes, que se aferran a lo que saben y piensan que lo nuevo no va a ser mejor.

         ¿Cuántas veces pasa lo que muestra esta imagen? .Un profesor indica que algo es muy bueno pero no lo usa; dice que conoce métodos de enseñanza muy buenos, pero no los utiliza; presume de que “las nuevas tecnologías” son buenas para dar clase pero no nunca los verás utilizarlas.

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Para terminar, creo que si los maestros no le “dan vida a la tecnología” esta nunca podrá aportarnos nada bueno en las aulas. Por lo tanto hay que empezar por la formación de profesores en las nuevas tecnologías; enseñarles cómo utilizar las tecnologías educativas en un aula, para que así consigan una enseñanza más satisfactoria.

 

Webgrafía:

http://www.educar.org/articulos/tecnologiaeducativa.asp