Asesoramiento y orientación.

En función de las acciones que llevemos acabo, nos acercaremos a un modelo u otro, al asesoramiento o a la orientación:

⁻ Si tomamos la ruta que históricamente aparece ligada con el término “guidance”  y actualmente con el término “couseling nos estaremos acercando al camino de la orientación. Será un camino nítido, directo, vertical, unidireccional y terapéutico; caminaremos junto a sujetos en “desventaja” y nosotros seremos unos orientadores expertos y distinguidos que trataremos de detectar, tratar y resolver diversos problemas que vayan surgiendo.

 

⁻ Por otra parte, si optamos por la ruta que históricamente se asocia con los términos “consultation”, “adviser” y “advisory services”, estaremos eligiendo el camino que lleva al asesoramiento. Este será un camino difuso, indirecto, horizontal, bidireccional y optimizador en el que el profesional se convertirá en un agente de cambio que mejorará la situación y capacitará al resto para que resuelvan por sí solos sus problemas.

                                 

Dejando a un lado la elección que hagamos, ambos caminos parecen confluir en ciertos aspectos: asesoramiento y orientación presentan un marcado carácter reformista, son  desarrolladas por  especialistas pedagógicos  y deben ser considerados como prácticas de apoyo que surgen con el pretexto de ayudar, de mejorar o sustentar las acciones implicadas en el proceso de enseñanza aprendizaje.

  

En este sentido, hemos de hablar de la necesidad de construir nuevos roles del asesor, nuevas competencias y como no, de nuevas relaciones personales.

De esta manera, a medida que recorremos nuestro camino y vamos superando obstáculos y allanado el terreno, vemos la importancia de crear espacios de confluencia entre  diversas prácticas educativas y actuaciones. La diversidad es riqueza, y sólo a través de ella, aspectos como la colaboración, el trabajo en red o la dinamización de proyectos de innovación, podrán llegar a convertirse en ejes básicos de nuestra acción ¿Y cómo lograrlo? A través de una participación compartida donde el respecto y la negociación tengan cabida  y la colegiabilidad sea la principal herramienta de trabajo.

                    

 

No obstante,  para llegar a ser un buen asesor no llega sólo con colaborar o trabajar en equipo. También es necesario poseer conocimientos específicos sobre nuestra labor y estar abierto a nuevas perspectivas y actuaciones.

 

Para finalizar, y comprobado cómo el asesoramiento y la orientación son dos prácticas de apoyo, tan semejantes como diferentes, hemos de añadir que en su confluencia, ambas, van a compartir mismos escenarios y van a enfrentarse a problemas similares, de modo que, probablemente vamos a asistir a la creación de formas novedosas, fruto de esta interacción.