¿Qué hacer para lograr la mejora educativa?

Para lograr la mejora educativa, no existe una fórmula mágica que nos indique cómo actuar, pero sí existe una experiencia y un conocimiento acumulado al que no hemos de dudar en recurrir.

Hoy por hoy, hemos avanzado mucho en este campo y sabemos que existen unas acciones o fases que en toda mejora educativa se han de desarrollar. Constituyen, por tanto, las bases y condiciones estratégicas que en todo proceso de mejora se han de intentar propiciar. Son:

  1. Generar la necesidad de hablar de mejora
  2. Autorrevisión colegiada de la práctica con la consiguiente identificación de necesidades y ámbitos de mejora
  3. Clarificación en la historia del centro de experiencias positivas y de elementos que favorezcan o dificulten la realidad del aula.
  4. Planificación y preparación para el desarrollo de la acción a través de un plan de acción.
  5. Puesta en práctica del plan
  6. Evaluación del proceso e institucionalización de la propuesta.

 

En consecuencia,  si entendemos la mejora educativa  como un proceso de cambio en que todos, profesores, comunidad y centro, van a  aprender a resolver  por si solos disfunciones y problemas, hemos de actuar como unos interconectores  que difundan prácticas innovadoras, que generen compromiso y que pongan a su disposición una serie de herramientas como el entusiasmo, la colaboración y la reconstrucción compartida de un proyecto común.

 

Por tanto, y derivado de la necesidad de que este apoyo sea respetuoso y prudente con la realidad y con las condiciones del centro educativo, el asesor/a se ha de resituar en un nuevo marco  que esté caracterizado por: convertirse en un inductor, dinamizador y facilitador de la innovación; por estimular y apoyar un proceso de comunicación fluido, bidireccional y horizontal; y, finalmente, por concebir el proyecto educativo y la dinámica institucional del centro como dos  oportunidades claves para deliberar, reflexionar y decidir sobre lo que ocurra en el centro.

 

Así, las recomendaciones importantes para lograr ser un buen asesor, son:

  • No saber de partida (no anticiparse ni ir de experto): actuar desde los primeros contactos iniciales, abriéndose al centro.
  • Evitar la impaciencia técnica y no precipitarse: dar tiempo al tiempo y fomentar las relaciones horizontales
  • Ver las resistencias como fuentes de mejora y de superación, no como obstáculos o barreras.
  • No centrarse en los contenidos sino en el propio proceso de autocapacitación profesional e institucional.
  • Cambiar de chip, de la formación al aprendizaje, es decir, de la mera formación al desarrollo integral y armónico de TODO el alumnado.
  • “Trabajar con” en lugar de “intervenir en”: en tanto que el verdadero agente de mejora es la comunidad educativa, su compromiso y acción. Hablamos entonces de la necesaria creación de comunidades de aprendizaje democrático: que todos aprendan con todos.
  • Colaborar en desarrollar, no aplicar: el asesor debe actuar como apoyo y soporte para el cambio, despojándose de su concepción de “experto infalible” y adoptando una posición de mediador y facilitador de procesos, coparticipando con el resto de la comunidad de aprendizaje en un proceso de liderazgo compartido.
  • Equilibrar las iniciativas innovadoras locales dentro de un marco objetivo aceptado como válido al igual que equilibrar las necesidades de mejora con las características y posibilidades del centro concreto del que formemos parte.