Los sentimientos.

Claro está, que todo profesional se desenvuelve en un contexto y con unas situaciones determinadas, las cuales pueden ayudar o dificultar su labor.

En esta entrada me dedicaré a señalar las causas más frecuentes que despiertan uno u otro sentimiento.


Comenzando por el malestar docente, decir que este es debido principalmente a los recortes en educación, la presión que la sociedad ejerce sobre este colectivo y el escaso reconocimiento que esta le da a los esfuerzos realizados por estos profesionales. Pero además de la presión que ejerce la sociedad, son los mismos docentes los que a veces ejercen presión sobre ellos mismos, exigiéndose más de lo debido. Es complicado saber todos los avances, contentar al centro, a los padres y tener siempre esa incerteza y sentirse inseguros en la realización de sus propias prácticas. Las jubilaciones prematuras también son un claro indicio del malestar.

En cuanto al bienestar docente, podemos afirmar que esta profesión produce grandes niveles de satisfación personal, puesto que la educación es considerada una herramienta de cambio y los profesionales que trabajan educando, luchan por la sociedad de mañana. Es una profesión, por lo tanto, que permite cambiar aspectos de la realidad y su vez formula grandes retos, los que nos hacen seguir adelante y valorar los pequeños esfuerzos.

Además no están solos, pues tienen el apoyo de otros profesionales, como por ejemplo, los asesores y pueden emplear Internet como una herramienta para el intercambio de materiales y la comunicación entre un gran número de profesionales. Hoy en día la profesión docente está cambiando, pero esta sigue conjugando tanto la libertad como la responsabilidad.


Después de comentar de forma general tanto los motivos para el bienestar como para el malestar, hay que afirmar que hay también varios temas de actualidad que guardan mucha relación con el malestar docente. Uno de ellos es sin duda la presencia de la violencia en las aulas, tanto hacia el profesorado como entre el propio alumnado.

Otro es el desprestigio continuo de los servicios públicos y las continuas reformas educativas que se están llevando a cabo.


Sin duda la educación nos deja una huella permanente a largo plazo. Por lo tanto el profesorado debe estar comprometido y mostrar confianza en sí mismo. Es decir ser profesionales.