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Historia personal con el profesorado.

Aunque en el grupo, junto con mis compañeras, hemos tratado el tema de nuestra historia escolar sobre el profesorado, creo que merece tratar este tema con un poco más de atención por mi parte. Sobre todo me gustaría aportar mi propia entrada personal sobre el tema.

Además, ¿qué mejor manera de comenzar esta nueva etapa de Stellae que aportando algo propio?

Mi historia tiene comienzo como todas las demás, aunque este comienzo no fue nada fácil. Por unas razones u otras mi primera experiencia escolar fue en una guardería de monjas. Aunque no conservo demasiados recuerdos sí recuerdo perfectamente el pánico que me daba alguna de aquellas profesoras. Recuerdo que, a base de malos modos, nos obligaban a comer la merienda y pobre de aquel que no se la terminase.

Aunque he de decir, que al contrario que esto, otras de las profesoras eran dulces y amables con nosotros, justo lo que necesitábamos en nuestros primeros pasos fuera del contexto familiar.

Por si fuera poco, al pasar a preescolar, la cosa no mejoró demasiado. En primer lugar tuve un profesor, del cual sólo disfruté algunas semanas ya que poco después lo despidieron, dejándonos a unos 20 niños y niñas sin docentes y repartiéndonos por las distintas clases de primaria del centro. Estos/as profesores/as no nos recibieron demasiado contentos (lo cual es comprensible, ya que además de sus alumnos tendrían que hacerse cargo de otros muchos). Lo único que podíamos hacer en esas clases era estar calladitos, sentados en el suelo, mientras intentábamos entretenernos recortando dibujos.

Gracias al esfuerzo del centro y de los padres y madres, se consiguió que la administración dotase al centro de una profesora para la clase de preescolar. De esta profesora conservo muy buenos recuerdos. Me hacía mucha ilusión ir a clase pensando que iba a pasar el día bajo la atención de una persona tan simpática y cariñosa…además se llamaba Cristina, como yo (esto me hacía sentir muy orgullosa, no sé por qué). Sus clases siempre eran divertidas y no sólo jugábamos, sino que aprendimos mucho con esta docente. Cantábamos, hacíamos fichas, jugábamos con los juguetes, hacíamos pequeñas actuaciones…

Al pasar a primaria cambié de docente. En esta ocasión fue una profesora que me dio clases durante dos años seguidos. Al menos para mí, esta no fue una buena docente. No tenía la paciencia necesaria para calmar a los alumnos, que veníamos de otro centro, con otra metodología y costumbres. Como dijimos en clase, parece que carecía de la vocación necesaria para ejercer el trabajo de enseñante.

A partir de este punto, todos los profesores fueron siguiendo la misma línea. Otros más pacientes, otros con una metodología que respondía a nuestras necesidades educativas….pero en general, a medida que íbamos avanzando en los niveles escolares y creciendo, los profesores y profesoras se volvían más distantes.

Al entrar en la secundaria no podría hablar de un profesor o profesora en concreto, ya que muchos fueron los que me dieron clase y casi no recuerdo con gran detalle a ninguno de ellos, pasaron rápido por mi vida, dejando contenidos y valores. No puedo decir que no dejaron huella al pasar pero sí puedo afirmar que a medida que pasa el tiempo dicha huella se va difuminando poco a poco. Todas las personas que pasan por nuestra vida dejan algo, por pequeño que sea.

En bachillerato esto mismo no cambia demasiado. Quizás el elemento que marca la diferencia son los propios alumnos. Los que estamos en ese nivel educativo (se supone) ya tenemos cierta madurez y estamos ahí porque “queremos estar”. Los profesores y profesoras nos ven de una manera distinta, ya somos personas con las cuales mantener una conversación y durante este periodo pude disfrutar de un contacto más cercano y persona con algunos de mis docentes. De igual forma, somos capaces de ponernos en la piel del docente y entender que nos tenemos que comportar de una manera determinada.

En cuanto a la metodología que utilizaban los profesores en estos dos últimos niveles escolares…se podría decir que fue la convencional: llegar a clase, dar la clase e irse. No utilizaban ninguna herramienta además de la pizarra y el libro de texto. Aunque en los últimos años de la secundaria estaban ya se estaba poniendo en marcha algunos proyectos como poner cañones de proyección en las aulas y algunos ordenadores, en mi instituto no se llevaron a cabo.

Mi historia con el profesorado a nivel universitario está a día de hoy incompleta, sin embargo no puedo dejar de opinar sobre ella. Definitivamente esta es otra historia muy diferente en relación a las otras. Ahora estoy asistiendo a clases porque quiero de verdad, este es el camino que quería seguir (aunque no puedo determinar aún que esta sea la meta) y eso marca mucho mi relación para con el profesorado.

Pretendo que esto sirva un poco de base sobre mi siguiente blog, que será una reflexión personal sobre el papel del profesorado

Comentarios

  • Sila

    La verdad es que estoy muy de acuerdo contigo en que es una buena forma de presentación y un tema muy interesante,ya que cada uno vive sus vivencias y de forma diferentes, y las de la infancia marcan para toda la vida. Por ejemplo sin ir más lejos, yo tengo un hermano 1 año mayor que yo, el daría lo que fuese por volver atrás, y a mi "me gustaría borrar mi infancia escolar", lo digo entre comillas, porque realmente no borraría nada del pasado, ya que eso ha hecho quien soy hoy en día, pero particularmente fue dura para mi.

    Fui una niña diferente (quien me iba a decir que a los 20 años desarrollaría una bipolaridad de tipo 2(el grado más elevado), quien me dice a mi que ya desde pequeños, esa enfermedad que suele salir en la edad adulta no se estaba formando, y por ello era una niña algo especial, no tenía amigas, porque no me gustaban las compañeras de primaria (daros cuenta que los compañeros de primaria normalmente al no ser que vengan nuevos niñ@s no cambian), el motivo de que no me gustaban es que los veía como sectarios y " pelotillas", recuerdo que había un trío de tres niñas que eran las primeras de la clase, y todas las demás las seguían y hacían todo lo que ellas les pedían, a mi eso no me gustaba, yo no quería tener que seguir a nadie, no me consideraba ni por encima ni por debajo de nadie y menos porque sacaran mejores notas, por lo cual, prefería estar sóla antes que seguirlas y reírles o hacer todo lo que ellas mandaban. Los recreos eran el peor momento de mi vida, gracias a Dios tenía a mi ángel personal, mi hermano mayor, que era muy popular por que era de los primeros de su clase y una máquina jugando al futbol, el se pasaba todos los recreos en el campo jugando, y yo me sentaba a verle en la pista de brilé  mientras el jugaba, me hacía sentir querida, porque me dedicaba todos los goles y me mandaba un beso..era un amor.

    Después con respeto a los estudios, yo era una niña mediocre, hoy en día sabiendo lo que sé, diría que tenía un TDA, hiperactiva no era, por ello no digo TDAH, ya que era muy tranquilita y buena, pero tenía un deficit de atención bastante marcado, tenía mucha fantasía y la cabeza tendía a volarme a otros lugares.

    Con los años, fui cambiando, como todos, el bachiller ya fué más normal, y con el el COU hasta que entré en la universidad y ahí se me comenzó a disparar la euforia (la bipolaridad) era como "Chicho terremoto" de echo me llamaban así, no necesitaba casi dormir y no podía estar quieta en una cafetería tomándome algo tranquilamente, porque tenía que levantarme y estar en activo rápidamente.

    Desde pequeña siempre dije que nunca sería profesora, que es lo último que sería en esta vida, había profesores que me gustaban y otros que no, veía cosas que no veía justas, como mejor trato con los alumnos con mejores calificaciones, y vi a muchos profesores prejuzgar por el boca a boca de otros profesores a niñ@s con mala fama, estaban condenados, ya no les daban oportunidad ni de cambiar ni de ayudarlos....pues como es la vida que acabé siendo profesora, y me prometí a mi misma que lucharía por esos a los que llamaban (mal llamados)"lacra", para ayudarlos, y sí , llevo 15 años de antiguedad en el gremio y he ayudado a muchos de esos niñ@s a cambiar y lograr que muchos de ell@s acabaran los estudios.

    Si tu pregunta es como lo he conseguido, la respuesta es muy simple, con respeto y amor, esta gente, tanto en niñ@s como adolescentes(ya que mis dos primeros años fueron en un instituto dando garantía social la mayor parte de mi horario escolar) están acostumbrados o a que los humillen ("tu eres un burriño, no vales para nada", baja autoestima, o " eres un gamberro"), pero la pregunta es , ¿y como llega ese niño o adolescente a ser así? y la respuesta está clara;, una, el ámbito social en el que se ha movido, y dos, la educación en casa, es decir, no sólo se educa desde la escuela, se educa desde casa y (a mi parecer) desde la calle, que tiene la mayor influencia en el comportamiento y evolución del niño.

    A nivel universitario, sólo tengo una queja de una profesora que impartía una asignatura y se comportaba de forma contraria a lo que enseñaba, me refiero a una asignatura basada en la educación ambiental y tuvo el "valor" de llamarme la atención por entregarle un trabajo a mano hecho en hojas recicladas y entregado con un clip a la vez que escrito a mano por ambas caras y de portada haberle hecho un collage, me dijo que era vergonzoso que en la universidad no le entregase un trabajo hecho a ordenador por una sóla cara en folio blanco y encanutillado...lógicamente (ya que era una asignatura optativa) la dejé, pero no antes sin decirle que me daba vergüenza que una profesora que se supone que lucha por el medio ambiente no valore los árboles que son el pulmón de nuestro planeta, que quiera que se empleen blanqueadores químicos para que las hojas se vean blancas y "más monas" y que me pida encanutillado con doble portada de plástico.....vergonzoso.

    Bueno, esta es una "breve" historia de mis andanzas por el mundo de la educación a la cuál espero ir agregando más comentarios e informaciones valiosas para todos.

    Gracias por leérlo