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Constructo hacia una definición que nos aproxime a la "Formación y Desarrollo Profesional del Profesorado.

Formación y Desarrollo Profesional del Profesorado

Lorena García Pazos

Constructo hacia una definición que nos aproxime a la “Formación y Desarrollo Profesional del Profesorado”.

 

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En seguimiento con mi primera entrada en este blog de conexiones entre la tecnología educativa y la formación y desarrollo profesional del profesorado,  planteo este estudio en respuesta a los interrogantes surgidos de las primeras clases en esta materia: ¿qué importancia tiene la formación y desarrollo profesional del profesorado? Esta cuestión abarca múltiples elementos que iré tratando a lo largo de mi e-portafolios.

Respondiendo a esta, en la sesión del 25 de Septiembre se comentó el sentido que muestra esta materia en enseñar a los especialistas cómo transmitir estos conocimientos, y por tanto,  que metodologías son las más adecuadas para su formación.  Para completar esta información creo necesario introducirme en una examinación detenida de lo que la “formación y desarrollo profesional del profesorado” significa. Y, para ello tendré  en cuenta las anotaciones tomadas tanto en la sesión expositiva del 25 de Septiembre como en la del 2 de Octubre,  puesto que en esta última se hizo una recapitulación de lo anterior dado, como una especie de recordatorio y continuidad con los conceptos mencionados, y por lo tanto el significado que estos conllevan.

Así, como se dijo en clase, la formación y el desarrollo profesional del profesorado implica adaptarse a los escenarios sociales complejos y cambiantes, esto es, a la llamada Sociedad del Conocimiento, que ya mencioné en mi primera entrada. Con ello, se hace patente la reconstrucción de la identidad como profesores, esto es, aprender a cambiar y a convivir con los cambios.

Pero, qué es o qué se entiende por “formación y desarrollo profesional del profesorado?”. Indagando por la web, he podido observar que la definición de este “término” es compleja dada la diversidad de opiniones de los diferentes autores. De ahí a que la profesión docente se pueda comparar con el término de <<profesión calidoscópica>>, ya que depende del punto de mira que cada uno tenga. Por esto, quiero comenzar clarificando y reconstruyendo su significado:

En primer lugar, basándome en los principios de la formación del profesorado, su constructo presenta diferentes enfoques según la visión de muchos autores sobre la formación del profesorado. Entre estos, destaco a Ferry (1991), el cual por su parte, entiende la formación como un proceso de desarrollo individual tendente a adquirir o perfeccionar capacidades, de modo que diferencia la formación del profesorado de otras actividades formativas. En esta, señala  que la formación del profesorado parte de tres puntos:

  1.  Formación doble en la que combina la formación académica con la formación pedagógica.
  2.  Es un tipo de perfeccionamiento profesional, es decir, forma profesionales.
  3. Es una formación de formadores que implica el necesario isomorfismo que debe existir entre la formación de profesores y su práctica profesional.

También, otro autor como González (1995) habla de formación del profesorado como una acción o conjunto de actividades que se desarrollan en contextos organizados e institucionales a través de los cuales, las personas adultas interaccionan e interiorizan conceptos, procedimientos y actitudes que les capacitan para intervenir en la enseñanza.

Desde otra perspectiva, Medina y Domínguez (1989) aluden a la formación del profesorado como “la preparación y emancipación profesional del docente para elaborar crítica, reflexiva y eficazmente un estilo de enseñanza que promueva un aprendizaje significativo en los alumnos y logre un pensamiento-acción innovador, trabajando en el equipo con los colegas para desarrollar un proyecto educativo común”. De esta manera puedo adoptar mi postura hacia esta definición, que me parece más acorde ya que se plantea la necesidad del profesor como un sujeto reflexivo e innovador, cuya formación se desarrolle en el contexto de su trabajo, junto con el resto de sus compañeros y del mismo modo también relegan el trabajo colaborativo de una misma área o centro, como mejor camino de la formación profesional.

Además, en esta misma línea Marcelo (1994), designa que la formación del profesorado es un campo de conocimiento e investigación centrado en el estudio de los procesos a través de los cuales los profesores aprenden y desarrollan su competencia profesional.

Podemos decir que con todas estas definiciones aproximadas al constructo de la formación del profesorado, se comprueba como la formación docente cumple un papel determinante para alcanzar la calidad educativa.

Por otra parte, resaltando al autor, Francesc Imbernón, se debe diferenciar entre el concepto de “desarrollo profesional” y el de “formación permanente”, ya que relega que aunque estas, muchas veces puedan parecer similares, la formación constituye sólo uno de los muchos factores que pueden intervenir en ese desarrollo profesional. Para justificar esta premisa, el autor plantea la cuestión, de si la formación es la única vía para el desarrollo profesional docente?  Algo a lo que, partiendo de nuestro contexto, no se puede afirmar que el desarrollo profesional del profesorado se deba únicamente al desarrollo pedagógico, al conocimiento y comprensión de sí mismo, sino que esto debe abarcar un todo más global, en el que se integre una situación laboral que es lo que facilita o dificulta el desarrollo profesional docente.

Por tanto, Imbernón acercándose a una definición del desarrollo profesional del profesorado, toma este concepto como “cualquier intento sistemático de mejorar la práctica laboral, las creencias y los conocimientos profesionales, con el propósito de aumentar la calidad docente, investigadora y de gestión”.

Dicho todo esto, y dada la importancia de la formación del profesorado, ¿cuáles son los modelos de formación que se deben seguir?

En clase se nombró  la formación inicial y permanente. Refiriéndome a la primera esta se estructura a su vez en dos tipos de modelo:

  1. Modelo Integrado: Responde al nivel educativo de Infantil y Primaria. Los diversos elementos del currículum de la formación se mediatizan en un mismo lugar.
  2. Modelo Secuencial o Consecutivo: Destinado al nivel educativo de Secundaria. En este se diferencia en primer lugar, la formación de contenidos (estudios universitarios) y en segundo lugar, la formación pedagógica (máster), que anteriormente se realizaba a través del llamado CAP. Podemos decir, que este último se eliminó puesto que se criticó la función “pedagógica” que parecía tener.

Otra pregunta que  hago es si, ¿creéis que la formación que hoy en día  reciben nuestros profesores es de calidad? Cuál sería el modelo más adecuado para su formación inicial y lo más importante cómo debe ser su formación a lo largo de toda su vida?

A través de esta reflexión puedo deducir que enseñar no es una tarea fácil, así como discutimos en la clase, pudimos observar las distintas posturas hacia la enseñanza como una tarea fácil y difícil. Gracias a este debate y mediante esta publicación creada, puedo confirmar, que la enseñanza es una actividad más fácil para aquel profesor que tiene vocación por lo que hace, de lo contrario, si  este no tiene vocación, el esfuerzo e interés por enseñar a los alumnos es menor, y por lo tanto se convierte en una tarea difícil.

Conclusiones

Por último, quiero finalizar esta entrada con una serie de conclusiones surgidas de los  de los diferentes conceptos que sobre la formación y desarrollo profesional del profesorado he tratado:

En primer lugar, refiriéndome al nuevo concepto de formación como desarrollo profesional que así nombra el autor, Imbernón,  se le asocia un concepto de autonomía en la colegiabilidad, y con ello la autonomía de los profesores que sólo es posible a través de la vinculación de este a un proyecto común y a unos procesos autónomos de formación y desarrollo profesional, a un poder de intervención curricular y organizativo, esto es, un compromiso técnico que afecta al ámbito personal, social y laboral. Lo que se intenta decir con esto es que no basta con decir, que los profesores deben ser reflexivos y disfrutar de un grado mayor de autonomía sino que estos tienen que ganárselo. Para ello, la formación para el desarrollo profesional del profesorado debe apoyarse en una reflexión de los sujetos sobre su práctica docente, de manera que estos examinen sus teorías implícitas, sus metodologías (esquemas de funcionamiento, así llamados por Imbernón)  y sus actitudes realizando un  proceso constante de autoevaluación que oriente el desarrollo profesional.  Entre estas actitudes considero importante mencionar el término vocación, esto es, la pasión que los profesores muestren en el aula. De esta manera, los profesores que se comprometen con su ejercicio de profesión amando lo que hacen, buscan de modo continuo nuevas formas más eficaces (metodologías) de llegar a su alumnado, con lo que logran interiorizar en estos, dominando los contenidos y métodos propios de su profesión.

Por todo esto, podemos  darnos cuenta que centrándonos en los aspectos formativos del docente mejora la eficacia de sus resultados en su proceso de enseñar y aprender, y por lo tanto, en la calidad educativa.

Personalemente, considero que el profesor debe participar crítica y activamente, en un proceso dinámico y flexible, como verdadero proceso de formación y desarrollo profesional. Además debe actualizarse a los cambios de la denominada Sociedad Líquida, término así acuñado por el sociólogo Zygmunt Bauman. Este autor define como <<modernidad líquida>>, “el estado fluido y volátil de la actual sociedad, sin valores demasiado sólidos, en la que la incertidumbre por la vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos”. Lo que se quiere decir con esto, es que al vivir en una sociedad cada vez más formada y compleja, se hace patente la necesidad de consolidar unos valores más fuertes.

Además, como último punto, quiero destacar que la formación pedagógica inicial debe extenderse no sólo a la educación infantil y primaria, sino también a la secundaria y sobre todo a la universitaria, ya que en este último nivel educativo no obligatorio, no se le concede la suficiente importancia, creyendo que ya basta con la formación de contenidos. Por ello, relevo una adecuada aplicación de proyectos de formación integral del profesorado universitario basados en el aprendizaje de los estudiantes y relegando menor importancia a los contenidos.

- WEBGRAFÍA:

 

http://rabida.uhu.es/dspace/bitstream/handle/10272/305/b11501728.pdf?sequence=1

 

http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/13199/1/PROPUESTAS%20CAP.%201.pdf

 

http://www.diariovasco.com/20081016/politica/sociedad-liquida-20081016.html

 

http://www.educar.org/MFDTIC/formac1.jpg