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Reflexionando sobre la "identidad docente"

          En clase tocamos el tema de la “identidad docente” y bien es cierto que nunca me había parado a reflexionar sobre el mismo, ni sobre lo que de verdad supone. Y, sobre todo, nunca me había parado a pensar sobre todas las experiencias, conceptos personales y la importancia que la formación inicial tiene para constituir la identidad de cada profesor que hemos observado directamente como alumnado a lo largo del transcurso de nuestra trayectoria escolar.

            En este sentido, me parece importante primero introducir qué es la identidad docente, para luego ir reflexionando paulatinamente sobre lo que supone su construcción y los problemas y crisis que se van sucediendo en esta identidad docente.

            Para comenzar, debo decir que el tema y debate sobre qué es ser docente,  comenzó con la conferencia que Denise Vaillant (Catedrática en Políticas Educativas de la Universidad de Uruguay y Chile. Autora de numerosos artículos y libros referidos a la temática docente, reforma e innovación educativa. Coordinadora del Grupo de Trabajo sobre Desarrollo Profesional Docente en América Latina de PREAL) ofreció en 2007 titulada «La identidad docente, la importancia del profesorado como persona». En la misma, se caracterizó la profesión, así como se trataron algunos problemas y dificultades, proponiéndose a la vez algunas experiencias para repensar la profesión docente en nuestro siglo. Para mi análisis sobre este tema, he de constatar que partiré siempre de este documento como referencia clave,  ya que considero que es interesante reflexionar profundamente del mismo, sobre diversos aspectos que lo componen y albergan.

            Y bien, antes de nada, es fundamental definir en este momento lo que se considera por el concepto de identidades docentes. Las mismas son entendidas: «como un conjunto heterogéneo de representaciones profesionales y como un modo de respuesta a la diferenciación o identificación de grupos profesionales. Existen identidades múltiples que dependen de los contextos de trabajo o personales y de las trayectorias de vida profesional» (Huberman et al., 1989). Es decir, la temática de las identidades docentes, se refiere a cómo los docentes viven subjetivamente su trabajo y a cuáles son los factores de satisfacción e insatisfacción. Además, también guarda relación con la diversidad de sus identidades profesionales (construcción social que surge de un legado histórico y de una transacción) y con la percepción del oficio por parte de los docentes y por parte de la sociedad. Todo ello, nos lleva a una concepción de la identidad docente tanto como dentro de la experiencia personal del docente, así como en el papel que le es reconocido al mismo por la sociedad.

             Es importante mencionar aquí que la construcción de la identidad profesional se inicia en la formación inicial del docente y se prolonga durante todo su ejercicio profesional. Además, esta concepción de la identidad de cada profesor formaría parte de su propia identidad social como individuo y se trataría de la “definición de sí mismo” que haría cada docente de su propia persona.

            Pero para conformar la identidad docente, no se parte sólo de la formación inicial o en la preparación para ser profesor. La socialización con la profesión docente y, por lo tanto, el concepto que cada docente guarda de lo que debe ser dicha profesión, ya viene desde la socialización que hacemos con la misma, cuando somos alumnos. Desde pequeños, mediante la observación, aprendemos qué es y qué hace un profesor y ese conocimiento poco reflexionado se mantiene posteriormente en la configuración de la identidad docente de cada profesor y que muchas veces supone una dificultad para la transformación profesional que incide en mejores y nuevas prácticas educativas. Por lo tanto, se debe partir de la idea de que para avanzar en la recontrucción de la identidad docente se debe avanzar, rompiendo los prejuicios e ideas preconcebidas sobre la función social y profesional del maestro. Es vital mencionar en este momento, la función tan esencial que tiene tanto la formación inicial como permanente del profesorado, para aprender a romper todas las quejas (profesor como víctima) en verdaderos compromisos con la profesión docente (compromiso con el cambio).

            Como sabemos, la identidad del docente actual está influenciada por una serie de factores:

  1. Por los cambios sociales y en el contexto, la evolución de los valores y en las concepciones sociales: aumento de exigencia y de responsabilidades a los docentes que deben hacer frente a estos cambios (aparición medios de comunicación, TIC). Participación fundamental de la familia en la enseñanza, dejando el papel educador no sólo en la escuela. Actualmente se responsabiliza a los docentes del fracaso educativo, por lo que se les exige más.
  2. Construcción de la identidad docente: se parte de la socialización con la profesión docente como alumnado. La profesionalización adecuada para el docente debe tener: la existencia de un entorno laboral adecuado, una formación inicial y continua de calidad y una gestión y evaluación que mejore la práctica laboral de los docentes.
  3. Vocación docente: los docentes entienden que la “buena” docencia es producto de la misma (sentido “misionero” del educador).
  4. La in/satisfacción laboral: los docentes se consideran satisfechos al alcanzar los objetivos previstos (aprendizaje, formación de alumnos). Sin embargo, bastante insatisfechos por el bajo prestigio de su profesión y el escaso reconocimiento que tiene la sociedad con su trabajo.
  5. Insatisfacción con la tarea: Varios estudios recientes (Vaillant y Rossel, 2006) muestran la disconformidad de los docentes con sus condiciones laborales y materiales (salario, infraestructura de las escuelas). Además se muestran desconformes con las oportunidades que tienen de ascenso a cargos de responsabilidad.
  6. Falta de valoración social: los profesores están convencidos de que la sociedad no los valora.

 

          Después de mencionar los múltiples factores que afectan a la identidad docente, creo vital reflexionar sobre la necesidad de una buena formación inicial y permanente del profesorado para superar la visión que algunos docentes conforman a lo largo de su experiencia con el marco escolar sobre el profesorado. Como dije anteriormente, la identidad social no sólo se conforma cuando uno decide formarse como profesor, sino que ya se elabora como un constructo personal en nuestra socialización como alumnos. Personalmente, me acuerdo de profesores pésimos en primaria y, sobre todo, en secundaria y bachillerato que han hecho por ejemplo ver en mí como no debe ser un docente y decidir elegir la carrera de Pedagogía, justamente por ese motivo, porque en ese momento como alumna observé cómo era el modelo de docente que me hacía progresar tanto personal como en el ámbito académico (métodos más interactivos, comprensión y ayuda del docente...) y el que no quería (profesorado estrictamente centrado en dictar su asignatura, en castigar a los que hablaran e incluso a desprestigiar a los alumnos considerándonos inferiores). Ante este hecho, después de tratar todo el tema de la identidad docente, me doy verdaderamente cuenta cómo influye la consideración que han tenido esos profesores y cómo los han formado, ya que si estás acostumbrado a ver que el docente sólo se centra en los contenidos poco más deberás hacer si tú has logrado el éxito educativo mediante esa metodología.

            Pero como ya he dicho, la nueva sociedad del conocimiento hace que cada día los docentes se encuentren con más cambios, con alumnado completamente diferente al que eran ellos hace unos años y con métodos completamente nuevos de enseñanza que le son ajenos. Ante esto, podemos ver en la actualidad, al profesorado que se reduce a ser víctimas y a seguir centrados en sus contenidos, y al verdadero profesorado que se enfrenta al cambio educativo y a la mejora de la práctica de la enseñanza, no sólo por el alumnado o porque se lo exija la administración educativa, sino porque apuestan a defender su profesión y a aprender porque quieren avanzar y no estancarse en el aprendizaje escueto y desactualizado que observan ya no puede hacer frente a las necesidades que ahora se le presentan. Sin embargo, creo que es muy fácil apostar por este profesorado porque es verdaderamente el que debería presentarse en nuestras aulas, pero también creo que es muy injusto hablar de él, sin tener en cuenta a las reformas que deben hacerse en la formación inicial para un constructo adecuado de la identidad docente (con prácticas más reflexivas que apuesten por este segundo tipo de docente) y también dándole la gran importancia que debemos concederle a la formación permanente y durante el ejercicio del profesorado de su condición laboral.

         Finalmente, todas estas consideraciones para mí se resumen en una reflexión final que es: exigimos mucho a los docentes,  pero, ¿de verdad nos damos cuenta como sociedad y como antiguos alumnos de lo difícil que es enseñar? Y mucho mas allá ¿le concedemos la verdadera importancia que se merece la labor de los docentes?. Difícilmente la identidad del docente se conformará si no consideramos su formación como vital para el desarrollo de todo el alumnado y del docente y, sobre todo, si no concretamos la figura del docente como esencial para el poder educarnos como sociedad.


Bibliografía

Colén Riau, M.T y Jarauta Borrasca, B. (Coord.). (2010). Tendencias de la formación permanente del profesorado. Barcelona: Horsori.

Comentarios

  • Enelina

    EStou totalmente dacordo contigo no sentido de que dificilmente chegaremos a construir a verdadeira identidade docente se non chegamos a valorar o profesorado e a labor docente como imprescindibles para a formación dos futuros cidadáns da nosa sociedade.

    Queda moito camiño por percorrer, e non teño moi claro que cheguemos a valoralos tal e como se merecen, pois as tendencias actuais demostran o contrario, e cada día o desprestixio é maior, e incluso se tende a afirmar que a ensinanza é unha tarefa fácil, porque total "só traballan 21 horas á semana aproximadamente" según un político das Islas Baleares, e ademáis "cobran máis que os demáis traballadores por menos horas", e finalmente destácase que a súa labor tan só ocupa nove meses ao ano, como se todo fosen vantaxes.

    Eu non creo que ensinar sexa unha tarefa sinxela, pero sí pode ser moi gratificante e fructífera se se fai con ganas, vontade e ilusion.

     

    Un saúdo.

  • Ana

    Tes razón no senso de que ensinar para nada é unha tarefa sinxela, aínda que esta profesión esté considerada así. É bastante triste que a sociedade teña esa consideración do profesorado, cando todos pasamos pola escola, e a escola e parte da nosa educación, e polo tanto, do que somos hoxe como persoas.

    Sería interesante cambiar esta visión con algunhas estratexias, aínda que vése complicado tamén pola visión que mostran moitos medios de comunicación e incluso a visión política.

    Un saúdo Nely.