Sociedad del conocimiento vs Sociedad del aprendizaje.

A lo largo de todas las sesiones de clase, hemos ido hablando de manera continua de la sociedad del conocimiento, no de una forma explícita pero si implícitamente. Aún así, se han quedado en mi mente algunas incógnitas, incluso al haber tratado las competencias tecnológicas de los docentes, por lo que he decido abordar el tema para tratar de resolver mis incertidumbres, puesto que la sociedad del conocimiento es un mundo inmenso y no es fácil conocer con detalle todo aquello que engloba.

          A este modo, nadie puede negar que este siglo está aconteciendo al abrigo de los desarrollos tecnológicos y des sus consecuencias. Siendo necesario, más que nunca, que abramos espacios a la reflexión demorada y al debate constructivista, con la finalidad de indagar con paciencia las nuevas formas de acceder al conocimiento. En este sentido, la educación debe dar una respuesta específica a los desafíos, tanto nuevos como viejos, que se presentan en la sociedad del siglo XXI.

         Después de hacer esta pequeña introducción para abrir la trama en cuestión, debo hacer referencias a las diversas tradiciones de las investigaciones CTS (Ciencia-Tecnología-Sociedad). Bajo este epígrafe se vienen distinguiendo dos tradiciones, que dependen de cómo se entienda la incidencia que el contexto social tiene sobre la ciencia y la tecnología. Por lo que proponen:

  • Una tradición basada en el llamado programa fuerte de la sociología del conocimiento científico, el cual se concentraba en las condiciones epistémicosociales de las producción científica.
  • Y otra proveniente de la tradición norteamericana, que se dedicó a la reflexión ético-política de las consecuencias sociales y ambientales de los productos tecnológicos.

        En definitiva, lo que viene a comportar es el rechazo a la imagen de la ciencia como una actividad pura, una crítica de la concepción de la tecnología como ciencia aplicada y neutral, y la condenada a la tecnocracia. Lo que vino dando a conocer que la innovación científico- tecnológico como un producto social que se constituye por factores políticos, culturales y económicos, además de epistémicos, tratándose de valores que hacen de la ciencia y de la tecnología un proceso social. Por otro lado, la política científico-tecnológica que viene siendo un factor determinante que contribuye los modelos de nuestra forma de vida y de nuestro ordenamiento institucional. Y por último, está presente la idea de promover una evaluación o control social del desarrollo científico-tecnológico, lo cual significa construir las bases educativas para una participación social formada.

         Según esto, podemos suponer que la sociedad y las familias van cambiando, y unidas a ellas la escuela. Pues actualmente la educación es un derecho imagesCAXVUAKU.jpgque casi alcanza a toda la población, y que además ya no es el lugar privilegiado de la educación de masa. Si no que existen otros métodos de adoctrinamiento, en los cuales los profesores pierden su prestigio social como personas que someten y liberan a los alumnos.

         Como bien manifestó Juan Tedesco (1995), en los años anteriores a sesenta la familia realizaba la labor de la socialización primaria y la escuela la socialización educativa, pero hoy en día el centro escolar debe asumir ambos roles. Todo ello porque la familia va cambiando profundamente en acorde a la sociedad del conocimiento.

         Esto presenta más obstáculos que facilidades a la hora de integrar a una adolescencia que trata de desarrollarse como persona autónoma en un contexto que le está traspasando una cultura obsoleta, en la que existe una cierta desconfianza en la participación efectiva en los órganos de gestión. Lo que supone una tarea difícil para desarrollar unos hábitos y cultura democrática sin fomentar un debate sobre el papel de los alumnos y de sus padres en la vida de los centros educativos.

        Se hace patente el requisito de una participación social y política y de un compromiso por parte de los padres y de las instituciones, para promover el aumento de los recursos materiales y humanos en las administraciones de los centros escolares. Ante este hecho, me doy cuenta que se reclama una cultura democrática y crítica, para conseguir incrementar la disciplina de los centros, ya que se están utilizando encuestas a alumnos para subrayar esta necesidad de la disciplina escolar. Pero personalmente, pienso que es muy fácil señalar ese menester, pero no se ponen ante “la mesa” alternativas para conseguirla, ya que todo sabemos con certeza que es difícil conseguir e implantar una disciplina escolar acertada,  cuando no se está confiriendo a los alumnos niveles de participación y responsabilidad en el aprendizaje de la clase. Lo que transmiten una reflexión final de definir concretamente y de manera determinada el papel de este sujeto en la educación.

        Pero para definir el papel del alumnado en la educación, está debe actuar como una institución responsable de la educación de los futuros ciudadanos, que promueva su implicación activa y crítica, tanto dentro como fuera de la escuela, estableciendo un aula en la que se den relaciones con el conocimiento y con la cultura, con el fin de estimular la búsqueda, el contraste y la iniciativa. Una escuela destacada para experimentar y vivir debates, y así participar en todas las decisiones que intervienen en su funcionamiento. 

        Ante esto, la escuela democrática no se puede mantener al margen de los avances científicos-tecnológicos, y de sus implicaciones sociales, puesto que si lo hace se estaría interviniendo como una institución que favorece la exclusión social y la marginación. Así pues, tendría como objetivos educativos los siguientes:

  • Formar ciudadanos que sea conscientes de los problemas que plantean las transformaciones científico-tecnológicas, y que exigen decisiones colectivas fundamentadas.
  • Orientar la actividad, tanto personal como colectiva, hacia una perspectiva global que respecte la diversidad biológica y cultural.

      Así Pérez Gómez (1998) decía que la función educativa de la escuela más que transmitir información debe orientarse a provocar la organización racional de la información fragmentada recibida y la reconstrucción de las preconcepciones acríticas”.EstilosAprendizaje.png

        Después de haber mencionado las ideas anteriores, podemos analizar la sociedad del conocimiento como la sociedad del aprendizaje. Pues la primera funciona con la energía de pensar, de aprender y de innovar, y la segunda necesita trabajadores del conocimiento. Estos trabajadores podrían ser los docentes, los cuales deben difundir un tipo específico de profesionalismo. Que, como bien dijimos en clase, se base en promover el aprendizaje cognitivo profundo (impulsando la reacción, el grado de construcción y de interiorización), aprender a enseñar modos que no fueron enseñados (asumiendo los cambios y buscando las posibilidades de adaptación), comprometerse con el aprendizaje profesional continuo, trabajar y aprender con los colegas (no ligándose al individualismo), trabajar con las familias como socios (igual responsabilidad), desarrollar la inteligencia colectiva, construir la capacidad para el cambio (no resistirse a él) y promover la confianza en los procesos. Quizás, yo añadiría la inteligencia emocional, como una ayuda de mejora a los resultados profesionales y basándose en componentes como poder conocer y expresar las emociones, identificar las emociones de uno mismo y de los demás, y motivarse a uno mismo y a los otros.

        Desde mi perspectiva, enseñar en la sociedad del conocimiento implica un aprendizaje cognitivo que nos permita una mayor flexibilidad a la hora de llevar a cabo nuestras acciones como profesionales y educandos, que nos ayude a resolver aquellos problemas y rompecabezas que se tiñen una y otra vez en el ámbito educativo aportado reflexión, análisis y evaluación de esas opiniones, que nos ayude a mejorar continuamente, que nos permita revisar el tratamiento que se da en la enseñanza y que nos permita asumir los riesgos que comportan nuestras actuaciones diarias.

       Otra visión que esto me ofrece, es la de ojear la labor del docente conforme a las prácticas que he mencionado en el párrafo anterior. Es decir, estos sujetos deben hacer lo posible para que el alumnado prospere y se beneficie de los bienes que la economía del conocimiento le ofrece, que serían los anteriormente nombrados. Y es aquí, donde considero que debe sobresaltar la creación de habilidades y capacidades humanas que permitan a los individuos a sobrevivir y tener éxito en esta sociedad del conocimiento.

      Lo que realmente esperamos de los docentes, es la construcción de servibles comunidades de aprendizaje, que nos propicien capacidades para hacer frente a la innovación y que, de algún modo, reduzcan las dificultades que acarrean las sociedades del conocimiento (consumismo excesivo, pérdida del sentido de comunidad, la ampliación de las brechas entre los países ricos y pobres…).

Bien es verduntitleddd.pngad que esto, junto a los nuevos desarrollos de la ciencia del aprendizaje, ha supuesto un impacto para los profesores, en tanto que  deben enseñar de manera distinta a como fueron ellos enseñados cuando eran educando, pues aprendían los fundamentos de la enseñanza observando lo que hacían sus propios docentes, pero esto ha cambiado con la sociedad del conocimiento.

 Una de esas distinciones, por ejemplo, sería la de participar en redes de aprendizaje virtuales junto a los presenciales, para así darles la posibilidad a los alumnos de crear su propio aprendizaje profesional. Pues como dije en varias ocasiones, hay que intentar reducir la meta de transmisión de informaciones para poder centrarse más a enseñar a las personas a aprender. Hay que minguar la importancia del modelo técnico de formación del profesorado y darle más importancia al modelo crítico-reflexivo.

Pero por otro lado, también opino que el profesorado, la educación y la formación  por sí solos no pueden conseguir las grandes exigencias y peticiones que les estamos haciendo, y que le está demandando continuamente la sociedad del conocimiento. Por lo que tampoco, se les puede responsabilizar de manera inmediata y sin tener evidencias claras, de los fracasos que se producen. Todos debemos ser y somos sujetos encargados de ayudar a la progresión de acorde con los cambios, tanto el profesorado, como la administración, las AMPAS y el alumnado. La sociedad en general tiene que poner su granito de arena, para que entre todos consigamos los grandes retos educativos de una sociedad líquida.

        Para finalizar, despuntar que las redes electrónicas ofrecen oportunidades para que los educandos se ayuden de manera más activa y sean más dinámicos en el proceso de formación y de educación, así como para la utilización de medios de enseñanza formales y no convencionales. Recibiendo una formación sistemática al efecto y actualizando los métodos de enseñanza para que se integren en los nuevos avances de dichas tecnologías. De igual manera, se deberían idear nuevas formas de organización de los establecimientos docentes para aprovecharlos de manera más plena.

Bibliografía utilizada

Fernández Enguita, M; Souto, X.M y Rodriguez, R. (2005). La sociedad del conocimiento: democracia y cultura. Barcelona: Octaedro.

Hargreaves, A. (2003). Enseñar en la sociedad del conocimiento. Barcelona: Octaedro

Oficina Internacional de Trabajo (2002). Aprender y formarse para trabajar en la sociedad del conocimiento. Ginebra.