Evaluación del profesorado

La evaluación del profesorado constituye un intento de dar respuesta a la necesidad de mejorar la calidad de nuestros centros educativos y a las exigencias del marco legislativo. No debe contemplarse de forma aislada, sino dentro de la evaluación de los múltiples elementos que integran el sistema educativo (funcionamiento del centro, programas que desarrolla, procesos de enseñanza-aprendizaje, etc).

Lo que se pretende es invitar al docente a reflexionar valorativamente sobre su labor y tomar las decisiones que se crean convenientes para su perfeccionamiento profesional, buscando una mejora tanto para él mismo como para la institución.

Una vez aclarado el objetivo, debemos analizar cuáles son los aspectos a evaluar. Entre ellos tenemos:

  • APTITUDES DOCENTES: el maestro es un individuo capaz de enseñar y de educar, lo que supone que sea una persona apta. Entre los factores que influyen en este ámbito están: el interés por la tarea, la perseverancia, la capacidad de trabajo, salud mental y eficacia…
  • COMPETENCIA DOCENTE: entendemos por esta como las habilidades que se consideran mínimas y necesarias para llevarlas a cabo en la profesión educativa.
  • ACTUACIÓN DOCENTE: se trata de evaluar su actuación real. Su manera de desenvolverse en el contexto escolar. También incluimos aquí aspectos como la toma de decisiones, cargos de responsabilidad, etc.

Por otro lado, es necesario distinguir dos tipos de evaluación. La heteroevaluación, que es la llevada a cabo por agente externos (dirección, inspección, alumnos) y la autoevaluación, la que realiza uno mismo. La primera, normalmente se realiza por medio de cuestionarios, y sobre todo, en el ámbito universitario. Mientras que la segunda, es necesaria, para de esta forma hacer sentir al docente partícipe del proceso evaluativo. Además, exige el total convencimiento del profesor para la potenciación de sus puntos fuertes y la mejora de los débiles, poner de manifiesto sus dificultades.

La autoevaluación ayuda a asumir los fallos y errores personales con mayor facilidad. También favorece el intercambio de ideas y opiniones con el resto de profesores, estableciendo vínculos de ayuda entre unos y otros. Se incita a la reflexión sobre el propio comportamiento y la influencia en el aprendizaje.

Por último, señalar que para llevar a cabo estos análisis evaluativos existen diferentes técnicas e instrumentos. Entre ellas tenemos la observación. Puede ser directa (el evaluador observa y registra información directamente del aula) o indirecta (analiza documentos y otros datos del proceso). Las encuestas, pretenden obtener información mediante una serie de interrogantes, aquí incluimos las entrevistas y los cuestionarios.

Todo esto se realiza con el objetivo de mejorar la acción educativa mediante el análisis del proceso de enseñanza desde diferentes puntos de vista, es decir, el de uno mismo y el de otros agentes externos. En definitiva, no deja de fomentarse el autoaprendizaje, ya que se a través de los errores aprendemos.