¿El profesor ideal?

Todos hemos pasado por muchas aulas y hemos tenido muchos profesores, unos más buenos y otros más malos. Los mejores nos han marcado de manera especial y siempre nos acordaremos de ellos, pero éstos no son muchos. Y también hemos tenido profesores que calificamos de “horribles”. Para mí esto es un tema para reflexionar sobre cuál es el perfil del profesor ideal (si es que existe). Lo que implicará un recuerdo de las características de los docentes que me han dado clase a lo largo de mi vida académica, para explicitar como debe ser un buen docente y como es una persona que no sabe dedicarse a la enseñanza.

            Antes de adentrarme de lleno en el asusto, plasmado aquello que me ha parecido significativo acerca de la búsqueda que he hecho a través de varios soportes, me gustaría destacar primero mi opinión al respecto, aunque la iré reflejando, de igual manera, durante toda la entrada. Así desde mi perspectiva, un profesor ideal sería el que poseen las características que reflejo en este escueto cuadro, y que a continuación explicaré de manera más detallada.

Domina saberes y contenidos pedagógicos propios de su ámbito de enseñanza.

  Busca estrategias innovadoras de conocimiento

No da sólo importancia a la memorización, sino que tiene en cuenta la reflexión y   acción.

Comprende la cultura y realidad local.

Tiene en cuenta lasnecesidades afectivas de sus alumnos.

Maneja su aula de manera adecuada.

Desarrolla una pedagogía activa.

Reflexiona de manera crítica sobre su papel.

Es aprendiz de aprendizaje

Propicia la participación.

Motiva a sus alumnos.

Selecciona la información

Detecta y soluciona problemas.

Explica empleando ejemplos.

Tiene en cuenta las opiniones de los alumnos.

            En primer lugar, sería importante que un profesor dominara los contenidos específicos de su materia, lo que conllevaría a que estuviera actualizado en todo momento sobre esos saberes, puesto que el campo de la enseñanza está en constante cambio y transformación. Pero además de eso, tiene que tener la capacidad para trasmitir esa enseñanza de manera  clara, facilitando el entendimiento por parte del alumno. Aquí podríamos añadir el hecho de complementar las explicaciones con ejemplos, lo que haría más sencillo aprender los contenidos.

            Personalmente, yo he tenido profesores que tenían un buen conocimiento de la materia que impartían, estando actualizados en cuanto a lo que sucedía alrededor de ese tema, pero a la hora de explicarnos eses temas a los alumnos no los entendíamos, puesto que no sabía cómo debía transmitírnoslos. ¿Profesor ideal?No acompañaba la “teoría” con ejemplos  o con experiencias personales haciendo más sencillo esa interiorización por parte de los alumnos. Y creo que esto es un gran sesgo presente en la formación del profesorado, puesto que en casi todas las etapas puedo nombrar algún profesor que no poseía las características que nombre en el párrafo anterior.

            En segundo lugar, otro aspecto de importancia es el clima desarrollado en clase, pues a mi juicio en una sesión en la que lo pasas bien, aprendes mejor, debido a que prestas un mayor grado de atención, poniendo más interés y combatiendo el aburrimiento. Si el docente es capaz de promover un clima agradable, en el que se tengan en cuenta las opiniones y necesidades afectivas de los alumnos, hay más posibilidades de que la enseñanza tenga éxito. Ligado a esto, estaría la búsqueda de nuevas estrategias del conocimiento por parte del docente, para estimular y fomentar la motivación del alumno en cuanto a aprender.

            En tercer lugar, el docente debe emplear un criterio profesional para seleccionar las pedagogías más adecuadas a cada contexto, comprendiendo la cultura y la realidad local, pues no todo sus alumnos serán iguales, ni tendrán las mismas problemáticas o dificultades. Por lo que gracias a este conocimiento sería capaz de dar solución a los problemas educativos que se presentan en sus alumnos.

            En mi situación concreta, he tenido docentes que no atendían a estas necesidades, sino que se fijaban en el conjunto del grupo-clase, basándose en los resultados finales y no el proceso. Es decir, no nos atendían de una manera individualizada, cuando en muchos casos era necesaria, sino que si veían que la mayor parte de la clase progresaba y un mínimo porcentaje no lo hacía, no le daban la importancia que merecía. Aquí jugaría un papel la capacidad crítica respecto a su función educativa, puesto que los docentes no son capaces de ver muchos de los errores que comenten o aquellos sesgos que tienen, por lo que deberían promover la reflexión acerca de ello.

            Dicho todo esto, puedo recalcar que el profesor ideal será diferente por cada persona, puesto que yo por ejemplo e sentado las bases en función de la demanda que yo necesitaba. Es decir, cada personalidad necesitará de un profesional ideal diferente.

            A este modo, incluiría la relación del profesor ideal con el profesor experto e inexperto. El profesor experto es aquella persona que es capaz de constituir su propio conocimiento profesional, que sabría manejar el aula o la diversidad cultural de los alumnos, si tener que precipitarse en sus decisiones. Aquel que tiene la capacidad de automotivación para ser competente en sus acciones. Mientras que el profesor inexperto es aquella persona que “sale del cascarón”. Es decir, aquel que acaba de salir de su grado u oposición, lo que le acarrea ciertas dudas al desconocer el terreno en el que se va a mover, ya que la carrera en cierto modo no prepara para saber enfrentarse a ese puesto. Pero por otro lado, también estarían aquellos que ya llevan tiempo ejerciendo su profesión pero que no han sido capaces de continuar en el dominio de la enseñanza, debido a la no renovación en su esfuerzo o reflexión educativa.

            Además de estos dos tipos de profesorado, hay una gran cantidad de prototipos de docentes. Entre ellos, voy a nombrar los que Kerschensteiner proponía y los que Adelaide Lisboa de Oliveira (1935) clasificaba. Según Kerschensteiner (1934)  existen 4 tipos de docentes:

  • Educador angustiado: que paraliza casi siempre, la iniciativa de los alumnos. Es decir; no deja que sus alumnos desarrollen ciertas capacidades como la creatividad, la responsabilidad de llevar a cabo una iniciativa, etc.
  • Educador Indolente: que deja plena libertad a sus alumnos, más por desatención que por principios.
  • Educador ponderado: que sabe distribuir a partes iguales la libertad y la coerción, sin alejarse de las reglas pedagógicas tradicionales.
  • Educador nato: este docente tiene sentido pedagógico. Es práctico y de mucha fuerza de voluntad. Acostumbra a ser claro y preciso en sus apreciaciones y revela comprensión por los demás. Su más ardiente deseo es ayudar a sus alumnos para que desenvuelvan su espiritualidad.

          En lo tocante a estos cuatro tipos de educadores, puedo mencionar que han estado presentes en mi formación académica concretamente dos. El primero de ellos, el educador indolente, puesto que no nos atendía para nada. Para ser más concretos, nos decía que hiciéramos lo que quisiéramos o lo que considerábamos más conveniente, mientras él se sentaba en su mesa a leer el periódico del día. Antes cuando se daban situaciones como estas no le prestaba la mayor importancia, pero hoy, después de adquirir cierta formación en la carrera que estoy a cursar, me doy cuenta de que tuve situaciones carecían de total sentido pedagógico, y que nadie hacía nada para poder solventar esos problemas, como si fuera algo totalmente normal.

          Y el segundo, el educador nato, pues aquella profesora nos ayudaba en todas las tareas que hacíamos, no era como una profesora sino más bien como alguien más de clase. Nos explicaba los contenidos siempre ligados algún tipo de práctica, nos ponía ejemplos reales para que entendiéramos los conceptos que nos explicaba y se preocupaba a todas horas por nuestro progreso. Lo que ha hecho que hoy en día la recuerde como una de las mejores profesoras que he tenido a lo largo de todo mi proceso de aprendizaje.

Por otro lado, Adelaide Lisboa de Oliveira (1935) los clasifica de la siguiente manera:

  • El brillante: le preocupa más el efecto que pueda causar en sus alumnos que el progreso educativo de los mismos.
  • El escrupuloso: se interesa por las minucias insignificantes de la disciplina o del reglamento de la escuela y, por eso, su visión es muy limitada.
  • El mero profesional: da clases para ganarse la vida, sin importarle nada más, por lo que su acción está llena de altibajos. Su objetivo es el económico.
  • El eufórico: juzga excelentes y en franco progreso a todos sus alumnos.
  • El displicente: está siempre atrasado en sus obligaciones escolares, ya sea en el desarrollo del programa como en el cumplimiento de las exigencia burocráticas.
  • El depresivo: siempre atento a los aspectos negativos de sus alumnos e incapaz de ver los aspectos positivos.
  • El poeta: se encuentra siempre distante de la realidad de sus alumnos y de las condiciones de la enseñanza. Esto es debido a que ve todo a través del prisma de la fantasía.
  • El desconfiado: en todas las manifestaciones de sus alumnos ve actos contra su persona y su dignidad.
  • El absorbente: llega a ser atrayente, expansivo y brillante. Busca suscitar la admiración de sus alumnos.
  • El sugestivo: sería el tipo ideal de profesor, si fuera capaz de amar y de ser amado. Infunde ideales y vibra ante las buenas acciones de sus alumnos; no teme que éstos lo alcancen o lo superen. Posibilita a sus alumnos la aprehensión de la belleza, de la verdad, y del bien, que es su principal objetivo.
  • El teórico: profesor de gran cultura, para quien educar es instruir. Vive para la ciencia. Se muestra frio y objetivo en sus relaciones con los educandos.
  • El práctico: profesor que busca alcanzar un máximo de resultados con un mínimo de esfuerzos. Da mucha importancia al método y a la técnica, ya que le interesa más la preparación técnica que la formación espiritual de sus alumnos.
  • El esteta: docente que considera la formación de sus alumnos como la más bella obra de arte. Sabe infundir ánimo y formar personalidades.
  • El social: profesor comprensivo, paciente y consagrado interiormente a su profesión. Consigue infundir espíritu de familia entre sus alumnos, y los conduce hacia una actuación positiva en la sociedad.
  • El autoritario: docente que se manifiesta celoso de su autoridad y superioridad con relación a sus alumnos. Es partidario de la disciplina severa y se preocupa más por imponerse que por educar.
  • El religioso: profesor cuidadoso y serio, persuadido de su responsabilidad en la formación de las almas de sus alumnos, lo que lo lleva a ser religioso y severo en procura del bien de los mismos.

         Ante todo esto yo me pregunto ¿De verdad existe un profesor ideal? ¿Se puede llegar a ser un profesor ideal?  Son preguntas complejas y muy difíciles de responder, a las cuales antes contestaría que sí que es posible ser un buen profesor y un docente ideal, pero después de haber profundizado en el tema y reflexionando sobre mi propia experiencia, sinceramente lo dudo, pues hasta ahora no ha pasado por mi formación educativa ningún profesional que incluya todas las características de un docente ejemplar. Del mismo modo, también opino que es muy difícil serlo sin poder contar con los recursos y medios necesarios para su consecución. Es decir, esto se debe fomentar desde un principio, desde que comenzamos a formarnos como profesionales del ámbito de educación.  No se puede esperar que de un día para otro, los profesores consigan ejercer todas estas características y funciones, porque es realmente imposible, y más si no se cuenta con la ayuda necesaria.

      Para terminar incluyo esta imagen, que me ha parecido un tanto graciosa y extrovertida. En ella se recalca los tipos de profesorado existentes, quizás desde una imagen hecha desde el colectivo alumno. Así es que engloba desde un profesor suplente, enrollado, marciano hasta un profesor inquietante.

 Tipos de Profesorado!                 Ante este aspecto, me gustaría añadir que la imagen que tiene el alumnado del profesorado a veces es excesivamente dura, criticándole el mas mínimo fallo que comenten, pero también hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones demandamos un derecho que nos pertenece, el de aprender y el de aumentar cada día más nuestros conocimientos. Pues estar sentados en clase oyendo lo que un profesor nos transmite, cuando está sentado en un su mesa y sólo se limita a leer las diapositivas o sus apuntes propios, no nos está ayudando a comprender lo que nos está diciendo ni tampoco está ayudando a que el aprenda de nuestras opiniones acerca de lo que dice o expresa.

            Después de haber hecho este recorrido por los aspectos del docente ideal y por los tipos de profesorado existentes, incluyendo mi visión personal del tema, y aquella que considero que tenemos muchos de los alumnos, concluyo diciendo que debemos actuar con tranquilidad y objetividad, pues no es tarea fácil distinguir a un profesor ideal pero si podemos aprender a descubrir “buenos imitadores”.

Webgrafía empleada

http://linnettequintanilla.blogspot.com.es/2008/02/tipologia-de-los-docentes.html (Consultada el día 20/10/2013)

http://www.dcb.unam.mx/Eventos/Foro4/Memorias/Ponencia_74.pdf (Consultada el día 20/10/2013)

http://www.efdeportes.com/efd156/estilos-de-ensenanza-y-funciones-del-profesorado.htm (Consultada el día 21/10/2013)

http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&frm=1&source=web&cd=13&cad=rja&ved=0CDsQFjACOAo&url=http%3A%2F%2Frevistas.ucm.es%2Findex.php%2FRCED%2Farticle%2Fdownload%2FRCED9292110029A%2F18012&ei=q9NiUuW8N4WV0AXux4G4DA&usg=AFQjCNHQVKwo2AEPhdNYWlYoxfxNvH-HEg&sig2=adeN4CaveujG82-DQqYgSQ (Consultada el día 22/10/2013)

Comentarios

  • Lara Camiña Martínez

    ¡Enhorabuena por la entrada!

    Creo que, por suerte o por desgracia, todos podemos clasificar a un profesor en cada uno de esos perfiles de los que has hablado. Por otro lado, comparto contigo el ejemplo del profesor leyendo el periódico en el aula y lo de esa mirada o "gafas" pedagógicas que ahora aplicamos a nuestras experiencias vividas a lo largo de nuestra vida académica y eso es algo de lo que nos tenemos que enriquecer, de los errores también se aprende, se suele decir.

    Un saludo.

  • Patricia Romero Rey

    Moitas gracias pola tua aportación :) Creo que os profesores e tamén os alumnos debíamos aprender dos errores, pero sempre os consideramos como algo malo na nosa vida académica, cando realmente non ten porque ser así.

    Un saludo Laughing